Las olas de calor son más frecuentes, intensas y duran más días
Una de las especialistas que analizó datos del NEA aportó a NORTE registros de Resistencia y Sáenz Peña.

Esta semana la UNNE difundió una investigación del Instituto de Geografía sobre las olas de calor en el NEA, con valiosos aportes. Para tener más datos sobre las dos ciudades con más población del Chaco, NORTE dialogó con la directora del trabajo, Patricia Snaider.
No se pueden comparar
Una de las observaciones muestra que en Resistencia hizo más calor y se extendió por más tiempo que en Presidencia Roque Sáenz Peña. Desde el punto de vista científico aclara que no es posible comparar, porque los registros no tienen el mismo punto de partida: para la ciudad termal la serie comienza hace 37 años y para la capital chaqueña, hace 60 años. "Si en una medición de Resistencia la máxima da 36ºC, en Sáenz Peña llega a 37ºC", describe.

Cambia el promedio
El umbral en Sáenz Peña suele ser un grado más alto debido a que cuanto más larga es la serie estadística, el umbral baja y si se toman menos años, el promedio se eleva. Los cálculos estadísticos también permiten identificar los límites de cada ciudad, datos necesarios para definir si se produce una ola de calor.
Para estar ante una ola se tienen que dar valores superiores a los umbrales de mínima y máxima de tres estaciones, no en una sola ciudad. En las conclusiones la idea que prevalece es que las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y duran más días.






Para tomar decisiones
A la pregunta ¿para qué sirve la información sobre las olas de calor?, Patricia Snaider responde que permite prepararse para el impacto que tiene en la población, por ejemplo en la salud.
"Están los golpes de calor y el aumento de casos de hipertensión; incluso hay muertes no directas por calor, pero sí como consecuencia del aumento la temperatura que reactiva ciertas enfermedades en la población".
La investigadora indicó que hay un efecto directo en la población y en el medio ambiente que también repercute indirectamente, por ejemplo con el incremento de los incendios. "Sobre todo en días de aumento de la temperatura y escasez de precipitaciones", agrega.
De ahí que la información que aporta la academia permite que más instituciones públicas y entidades puedan estar preparadas ante el fenómeno, como por ejemplo la producción ganadera y agropecuaria.

Infraestructura energética
"Para quienes vivimos en sectores urbanos, lo primero que vivimos en carne y hueso (como consecuencia del calor extremo) son los cortes de energía y en el suministro de agua", indica la doctora Patricia Snaider.
El aspecto se relaciona con la necesidad de contar con una infraestructura edilicia y energética que prevea los impactos de un fenómeno que va a ocurrir con más frecuencia.
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