La incitación al odio comienza con palabras
La Unesco recuerda que la libertad de expresión es un pilar de cualquier democracia, pero advierte que esta libertad no puede ser utilizada como excusa para difundir el odio. El respeto por los derechos humanos, la tolerancia y la igualdad deben ser los valores que guíen el uso de la palabra. Al permitir que los discursos que fomentan la discriminación, la violencia y la exclusión se impongan en el debate público se corre el riesgo de que este fenómeno se convierta en la semilla de nuevas divisiones, conflictos y tragedias.
El fenómeno no es nuevo, pero la magnitud que ha alcanzado gracias a las plataformas digitales genera preocupación. Los discursos de odio, en sus distintas formas, no solo alimentan la hostilidad social, sino que crean un caldo de cultivo para la violencia, la discriminación y, en casos extremos, la muerte. La historia nos recuerda que las palabras tienen el poder de deshumanizar a una población entera, de legitimar atrocidades y de arrastrar a sociedades enteras por el abismo del odio. Y si no aprendemos a controlarlas, las sociedades estarán condenadas a repetir los errores del pasado.
La incitación al odio comienza con palabras asegura la Unesco y plantea que las generaciones futuras capaces deben ser capaces de discernir, cuestionar y entender lo que ven, leen y comparten. En otras palabras, la educación además de ser una herramienta para adquirir conocimientos, debe ser también un espacio para formar ciudadanos críticos, conscientes de los peligros de los discursos de odio. Claro que no son sólo los ciudadanos de a pie quienes tienen responsabilidad en este fenómeno. Las empresas tecnológicas, las mismas que proporcionan las plataformas donde estos discursos se multiplican, deben asumir un papel más activo. Los algoritmos que rigen nuestras interacciones en línea deben ser revisados, y las compañías deben trabajar en colaboración con gobiernos y organizaciones civiles para frenar la propagación de contenido nocivo. Esto no es censura, es una cuestión de responsabilidad social. La libertad de expresión es un derecho, pero su uso irresponsable puede amenazar la convivencia pacífica y la seguridad de las personas.
Lo que está en juego es mucho más que la expresión individual. La proliferación del discurso de odio daña el tejido social, profundizando divisiones y vulnerando la confianza en las instituciones democráticas. Cada vez que una palabra de odio se convierte en un acto, se pone en peligro la paz social y los valores fundamentales que deben regir nuestras sociedades. Las comunidades más vulnerables, que ya enfrentan múltiples estigmas, se ven cada vez más expuestas a ataques verbales que pueden tener consecuencias devastadoras.
Según la Organización de Naciones Unidas, los discursos de odio pueden ser cualquier comunicación que ataque a una persona o grupo por características inherentes como la raza, religión o género. El organismo observa que, más allá de las definiciones legales, el impacto de estos discursos es real y tangible. En ese sentido advierte que la desinformación y el odio pueden desestabilizar sociedades, provocar enfrentamientos y erosionar el respeto mutuo. El papel de los gobiernos es fundamental, señala la ONU, y observa que las leyes deben adaptarse a la velocidad de la información digital, pero también deben ser equilibradas para no infringir la libertad de expresión. Para generar conciencia, esta semana el organismo lanzó una campaña en sus redes sociales remarcando que la incitación al odio no es inocente, tiene consecuencias. "Las opiniones racistas, intolerantes y extremistas son tóxicas y se propagan a toda velocidad, envenenando a la sociedad", advirtió el titular de la ONU, Antonio Guterres, remarcando que los discursos de odio son en sí mismo un ataque a la tolerancia, la inclusión, la diversidad y la esencia misma de nuestras normas y principios de derechos humanos. "En general, socavan la cohesión social, erosionan los valores compartidos y pueden sentar las bases de la violencia, haciendo retroceder la causa de la paz, la estabilidad, el desarrollo sostenible y el cumplimiento de los derechos humanos para todos", aseguró el titular de la ONU.
Es necesario promover el diálogo y el respeto mutuo. Las palabras tienen la capacidad de tender puentes, pero también de destruir, de levantar muros. Es responsabilidad de todos decidir qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel desempeñarán las palabras en esa construcción.
Temas en esta nota

Inivitan al Congreso Iberoamericano de Educación Inclusiva
Del 9 al 11 de abril, en Asunción

La UNESCO incluyó al cuarteto como Patrimonio Cultural de la Humanidad
Conquista al mundo

Resistencia fue preseleccionada por la Unesco y sueña con ser "Ciudad creativa"
En la categoría artesanía y arte popular

Reconocer la función de los archivos en las sociedades contemporáneas
Día Internacional

Crece la brecha entre niños y niñas con respecto al estudio de Matemáticas y Ciencia

Día Mundial de los Glaciares: una incursión a pie por el hielo azulado del Perito Moreno argentino
Ambiente











