La lucha contra la desinformación
Las redes sociales permiten que cualquier persona con acceso a Internet pueda publicar contenido sin restricciones. Esto habilita la circulación de una gran cantidad de información, pero también una proliferación de contenido poco riguroso y no verificado. La decisión de Mark Zuckerberg, dueño de Instagram, Facebook, WhatsApp y Threads, de eliminar su programa de verificación de datos independiente en los Estados Unidos reabre el debate sobre las estrategias para combatir la desinformación.
El fenómeno de las informaciones falsas o engañosas no es nuevo. Lo que sucede es que en el mundo actual la novedad está dada por las posibilidades que ofrecen las redes sociales para que los contenidos de este tipo circulen más rápido y lleguen a un público más amplio. Estudios recientes que se realizaron sobre el tema revelaron que, si un mensaje falso apela a sentimientos que generan temor o indignación, entonces tiene mayores probabilidades de propagarse con mayor velocidad. Además, el anonimato en estas plataformas dificulta la identificación de fuentes confiables, lo que permite que se difundan rumores y noticias falsas sin consecuencias para los autores. Según los investigadores, la desinformación tiende a prosperar en contextos polarizados donde los mensajes que evocan emociones negativas, como el miedo o la ira, son más propensos a ser compartidos. Esto crea un "desorden informativo" que puede distorsionar la percepción pública sobre temas importantes, generando confusión, polarización social y desconfianza hacia las instituciones tradicionales, lo que obstaculiza el debate público y la construcción de una sociedad informada. En ese sentido, el periodismo debe desempeñar un papel clave en la lucha contra los contenidos falsos, actuando como un antídoto frente a las campañas de engaño y noticias falsas que proliferan en las redes sociales, que son un vehículo poderoso para la difusión de información, pero también son un terreno fértil para la desinformación. La combinación del acceso sin control a las plataformas digitales, el anonimato y la falta de regulación crea un entorno donde las noticias falsas pueden proliferar rápidamente, afectando negativamente a la sociedad y a las democracias.
El anuncio de Zuckerberg generó el rechazo de organizaciones de todo el mundo que se dedican al chequeo de la información. La red LatamChequea, por ejemplo, aclaró que el trabajo que realizan no es censura, sino una herramienta que empodera ciudadanos. En ningún caso, dijo la organización a través de un comunicado, los chequeadores deciden qué ocurre con los contenidos. "Nuestro trabajo finaliza al señalar que se trata de publicaciones verdaderas, falsas o engañosas tras un riguroso proceso de verificación que sigue un método público", aclaró la red de verificación.
Los expertos en la lucha contra los contenidos falsos que circulan en las redes sociales, citan el caso de Donald Trump y su agresiva campaña en estas plataformas digitales. Según reconoció el propio magnate en una entrevista que concedió a la periodista Lesley Stahl, en Estados Unidos, las redes X (antes Twitter) y Facebook fueron una pieza clave en su estrategia para llegar a la Casa Blanca en 2017. Lo que el republicano no dijo en esa oportunidad es que su estrategia en las redes estuvo basada en noticias falsas que fueron creadas para atacar y denostar a adversarios durante la campaña de 2016. Tampoco reveló que algunas de esas maniobras fueron utilizadas especialmente en los días previos a la jornada electoral de aquel año.
En ese sentido, el investigador italiano, Alberto Alemanno, observa que "la difusión de noticias que engañan intencionalmente se ha convertido en un problema creciente para el funcionamiento de las democracias, afectando la comprensión de la realidad por parte de los individuos". "Este tipo de noticias floreció durante las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2016 y continúa apuntando a votantes con poca información para determinar la victoria de los candidatos en elecciones polémicas", agrega.
Las informaciones falsas son mentiras que se alimentan de prejuicios y que buscan generar sensaciones de temor o indignación con el objetivo de manipular a la ciudadanía. Dicho de otro modo, los contenidos que ocultan la verdad son narrativas que se apoyan en una estrategia deliberada para distorsionar la realidad y moldear la percepción pública. Frente a este fenómeno, se debe promover una actitud crítica que permita cuestionar lo que leemos y escuchamos, analizar sus fuentes y entender los contextos detrás de los mensajes.










