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Consumos argentinos

El año 2024 tuvo datos negativos en los consumos identificados con las costumbres argentinas, como la yerba mate y el asado pero también para aquellos más básicos e indispensables, como la leche. Los analistas atribuyen estos impactos a la caída del poder adquisitivo, provocada por la recesión en la economía, y a la disparada del costo de vida.

Los datos de distintas entidades que llevan estadísticas para estos tipos de productos van hasta noviembre y no solamente marcan caídas en los niveles de consumo interno, sino que, como contraste, revelan una mejora en las exportaciones. 

La información más reciente fue conocida ayer e indica que el consumo interno de yerba mate –la infusión preferida de los argentinos-, acumulado en los primeros 11 meses de 2024 se ubicó 9,5% por debajo del mismo período de 2023, lo que resultó en el peor nivel desde 2017, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate.

Comparando los datos mes contra mes, el consumo registró en noviembre de 2024 una nueva retracción de 1,5% (venía de caer 5,7% en octubre), mientras que, en comparación con noviembre de 2023, refleja una disminución de 15,1% interanual.

Respondiendo a esa tendencia de una menor demanda, en los primeros once meses de 2024 salieron de los molinos rumbo a las góndolas 238.042.303 kilos en sus diferentes presentaciones, lo que representó una caída del 11%, es decir, casi 25 millones de kilos menos respecto de igual período de 2023. Para encontrar un despacho tan bajo de yerba mate destinada al consumo interno hay que remontarse hasta el año 2016. 

A diferencia de lo que ocurre en el mercado interno argentino, las exportaciones de yerba mate van camino a un récord, según los datos del citado instituto. Así, en el período analizado salieron por los puertos 41.228.288 kilos, superando el pico logrado en idéntico período de 2018, cuando se despacharon 40.522.479 kilos. 

Sumando ambos mercados, el interno y el de exportación, la retracción supera los 20 millones de kilos en un año donde hubo cosecha récord por las muy buenas condiciones climáticas y la entrada en producción de nuevos yerbales de alta densidad.

Por otra parte, el consumo de carne vacuna alcanzó en 2024 los peores niveles  de los últimos 28 años, algo que se confirma en los datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra). 

Esa entidad reveló recientemente que, en los primeros once meses del año que pasó, el consumo aparente de carne vacuna por habitante fue de 47,4 kilos/año, ubicándose 11,1% por debajo del promedio de enero-noviembre de 2023, lo que representa una merma de 5,9 kilos por habitante por año.

Datos de un informe emitido por otra entidad, el Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (IDAA), revelaron que por primera vez el consumo de carne de pollo superó a la bovina, con 49 kilos per cápita durante el año pasado.

Igual que lo que ocurre con la yerba mate, en el mercado de la carne vacuna también se presenta un contraste entre el derrumbe del consumo interno y las exportaciones concretadas por la industria frigorífica argentina, con ventas al exterior que crecieron un 10,5% (toneladas de res con hueso) en comparación con enero-noviembre 2023, alcanzando su nivel más alto en los últimos seis años.

Más allá de los datos de esos dos consumos identificados con el gen argentino, hay otro que preocupa más porque se trata de una ingesta básica: la leche y los lácteos. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, el consumo lácteo per cápita acumulado en los primeros once meses de 2024 arrojó una retracción interanual de 11,1%.

En cifras concretas, entre enero y noviembre de 2024, el consumo de leche per cápita alcanzó los 158,4 litros por habitante, cuando en igual lapso de 2023 fue de 175,9 litros/hab. También en datos anualizados, la tendencia es a la baja: 168,7 litros por habitante por año en el pasado 2024 versus 189,7 un año antes. 

El mismo informe reflejó que el consumo de lácteos tuvo una nueva caída mensual del 3,4% en noviembre del año pasado, profundizando la baja del 1,7% registrada un mes antes. Y en la comparación interanual mostró una disminución del 6,9% respecto a noviembre de 2023.

Agregando a los datos estadísticos la información de diciembre, que todavía no está disponible, 2024 seguramente cerrará con fuertes caídas en estos consumos argentinos tan representativos, fijando un piso fácil de superar con cualquier mínima mejora que pueda producirse durante este 2025, algo que se replicará en toda la actividad económica del país luego de un año de números negativos. 

Todo indica que, en un contexto macroeconómico que se prevé más estable, la gradual recuperación del poder adquisitivo de las familias hará posible el retorno y la recuperación del consumo habitual y sostenido de esos productos que definen nuestras costumbres y que nos reúnen en torno a una mesa, ya sea compartiendo un mate o degustando un rico asado. 

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