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Las señales del campo 

Los últimos días del 2024 estuvieron signados por señales de preocupación en el sector agropecuario, cuando las empresas Los Grobo Agropecuaria S.A. y Agrofina, vinculadas y controladas por el fondo de inversión Victoria Capital Partners (VCP), no lograron cubrir un pagaré bursátil por USD 100.000 y anunciaron que no podrán afrontar otros vencimientos hasta el 31 de marzo de este año, que suman USD 10 millones. Antes, la proveedora de insumos Surcos había incumplido un pago por U$S 500.000.

El default de estas empresas de primera línea expuso el momento crítico del negocio agropecuario, producto de diversos factores que van desde la caída de los precios internacionales de los commodities, pasando por el tipo de cambio artificialmente bajo que vuelve poco competitiva a la actividad, hasta la alta presión impositiva que recae sobre el sector, con las retenciones siempre en el foco de los reclamos.

También a fines de 2024, la calificadora de riesgo Fix reveló perspectivas negativas para las firmas ALZ Semillas, Metalfor, Fuhrmann y Atanor, con "Rating Watch Negativo". El dato es que enfrentan una abultada deuda a corto plazo, en un contexto complejo para el sector, aunque ello no indica que necesariamente puedan correr la misma suerte que Los Grobo, Agrofina o Surcos.

Pese al impacto y a la incertidumbre que causó en el sector el anuncio de las tres empresas que defaultearon deuda, se produjo una señal positiva: Rizobacter confirmó -días más tarde- el pago de Obligaciones Negociables (ON) por $ 20.666 millones y US$ 131.000. Esta compañía, que pertenece al Grupo Bioceres, se especializa en productos biológicos y era otra de las apuntadas por el vencimiento de ON del 30 de diciembre de 2024. Sin embargo, antes de esa fecha había informado a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que iba a saldar esa deuda.

Durante el último tiempo, el sector agropecuario argentino sufrió importantes pérdidas que fueron afectando su rentabilidad. En ese contexto, los analistas se dividen entre quienes ven la incubación de una crisis importante y quienes consideran que se trata de una situación excepcional, que se corregirá durante 2025 por la mejora del contexto internacional y el cambio de rumbo a nivel local.

Según la consultora Facimex, en un estudio citado por Ámbito Financiero, el ingreso real del agro por sus tres principales cultivos (soja, trigo y maíz) se encuentra en su nivel más bajo de las últimas dos décadas.

Los factores que perjudican la rentabilidad del sector son tres: la apreciación del tipo de cambio real, los precios internacionales y las retenciones o derechos de exportación. 

En cuanto al primero de esos ítems, datos oficiales del Banco Central (BCRA) indican que en diciembre el tipo de cambio real multilateral (que compara el valor real del dólar en Argentina con el de sus principales socios comerciales) alcanzó su nivel más bajo desde noviembre de 2015. Esto significa que las exportaciones domésticas son menos competitivas y que el país está caro en dólares.

Acerca de los precios internacionales de los commodities, en el acumulado del 2024 la soja sufrió un derrumbe del 23,3%, para situarse en torno a los u$s 360 por tonelada, la cifra más baja en términos reales desde octubre de 2006. Variaciones más acotadas, pero negativas al fin, tuvieron el trigo (-12,3%) y el maíz (-3,4%).

Por último, en el agro aseguran que sufren una presión tributaria de entre 60% y 70% sobre la renta generada por su producción. Según Aldo Abram, director ejecutivo de Fundación Libertad y Progreso, con las retenciones el Estado le quita al sector la posibilidad de ser más eficiente. 

Una de las promesas del Gobierno argentino es, justamente, eliminar las retenciones, aunque todavía no avanzó en ese sentido bajo la justificación de que el gasto público debe achicarse todavía más para no poner en riesgo el superávit fiscal. Frente a este panorama, persisten las dudas respecto de si la baja de impuestos se dará en 2025 o si será una cuestión de plazos más largos.

Los problemas financieros de grandes empresas se presentan en un momento clave, con los principales cultivos generadores de dólares para el país emergiendo o incluso sembrándose todavía según las distintas regiones agronómicas. 

"Con estos derechos de exportación no cierra el número para sembrar. Que el margen (de rentabilidad) sea negativo por cuestiones impositivas (ajenas al negocio per se), es imperdonable en una Argentina que necesita desesperadamente dólares y mayor actividad", advirtió en agosto de 2024 el economista Salvador Vitelli. Sus números aludían a aquellos productores que sembrarán en campos alquilados, para soja de primera y maíz tardío.

Mientras el sector se esperanza con precios internacionales que tiendan a mejorar durante este año y de cara a la cosecha gruesa, no son pocos los economistas y analistas que ven estos problemas surgidos a fines de 2024 como meramente coyunturales y asociados al abrupto cambio de rumbo económico de Argentina, que todavía muchos siguen asimilando. Por eso, de cara al futuro, todos rescatan la estabilidad macroeconómica lograda, y confían en una reducción de retenciones, como factores claves que ayudarán al agro a encender sus vigorosos motores este año y recuperar rentabilidad.

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