Razones para vivir y esperar
Señor director de NORTE:
Cayó Julio César Octavio Augusto, el emperador de Roma, luego de derrotar a Marco Antonio y a todos sus enemigos. Le dio cuarenta años de paz a Roma. Y Octavio Augusto, desde su magnífico palacio ubicado en la colina del Palatino, dio la orden de hacer un censo de la población, en todo el Imperio Romano, que era tan grande que comprendía dentro de él, como sus provincias, a todos los imperios anteriores, incluido el de Alejandro Magno. Sin saberlo, Octavio Augusto fue un instrumento del Plan de Dios, y movió uno de los engranajes que cambió la historia de la humanidad.
Porque un pobre carpintero judío, llamado José, junto con su esposa, una joven judía llamada María, se vieron obligados por la orden del emperador romano, a salir de Nazareth para ir a Belén, la ciudad natal del Rey David, para inscribirse, porque José era descendiente de la familia de David.
Y cuando estuvieron en Belén, María, que estaba embarazada, sintió los dolores del parto. El pobre José buscó rápidamente un lugar donde alojarla y sólo encontró espacio en un establo de animales, porque la posada estaba llena, y no había lugar para ellos.- Esa misma noche, Octavio Augusto descansaba en su magnífico palacio sobre la colina del Palatino.
Y María dio a luz a su hijo en ese establo, y como no había ninguna cuna, acomodó a su niño en la pesebrera, que es la "batea", el recipiente donde se ponía el alimento para los animales del establo.
Trescientos años más tarde, los seguidores del niño del establo, armados con la sangre de sus mártires, conquistaron sin ejércitos, sin lanzas, sin espadas, a Roma y a todo su Imperio. En el año 325 de nuestra era, todo el Imperio Romano, el más grande de la historia, era oficialmente cristiano.
En aquellos tiempos, decían: "Acuérdate romano que has nacido para gobernar a los pueblos". En el año 2024 de nuestra era, el Imperio Romano no existe, Roma ya no "rige a los pueblos". Pero muy cerca de la colina del Palatino, donde ya no existe el palacio de Octavio Augusto, sobre la colina Vaticana, se levanta la sede del representante del niño del establo de Belén, el Papa, la cabeza visible de 1400 millones de cristianos católicos, esparcidos hasta los confines de la tierra.
Por lo visto salió algo bueno de Nazareth; o aquel niño era lo que sus discípulos decían de él, o era un hombre de mucha suerte. Esto no es Teología, es pura historia, son hechos comprobados e irrefutables. Pero, pese a la contundencia de los hechos, han existido en el pasado y existen hoy, falsos arqueólogos, falsos historiadores, pseudo científicos, que con argumentos infantiles, niegan la existencia histórica de Jesús, y sostienen que toda la historia de Israel, el Antiguo Testamento y toda la historia de Jesús, el Nuevo Testamento, son simples mitos, meras falsificaciones, sin respaldo científico.
Religiones monoteístas
Como enseñaba Santo Tomás de Aquino, "contra los que niegan lo evidente, hay que argumentar con un látigo". El Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo, cuyos seguidores suman más de cuatro mil millones de personas, son las tres grandes religiones monoteístas, que reconocen en Abraham el comienzo de su fe en la existencia de un solo Dios, creador de todo lo que existe; el Dios de Abraham, es el Dios de Judíos, Cristianos y Musulmanes.
Por lo tanto, para la cosmovisión judía, cristiana e islámica, la materia no es eterna, el universo no es eterno, tienen un principio: el acto creador de la divinidad. ¿Cuál es la creencia común de judíos, cristianos y musulmanes?: que el hombre fue creado por Dios en estado de perfección. El hombre se rebeló contra Dios y cayó desde su estado de perfección, al estado de pecado, arrastrando con él a todo lo creado; el mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte, son frutos del pecado.
El universo y la humanidad así como los conocemos, no son el universo y la humanidad, en el estado de creación original, son el universo y la humanidad, caídos, por el pecado original.
Para rescatar al universo y a la humanidad caídos, Dios promete a Abraham que enviará un salvador, que redimirá al hombre y a la creación. La muerte es la puerta a la vida eterna. Y que Dios juzgará a todos en un juicio universal. Hasta este punto, las tres grandes religiones monoteístas, coinciden en su cosmovisión y en sus explicaciones. Luego comienzan las divergencias. A los no creyentes, no se les exige que se conviertan en judíos, cristianos o musulmanes; ni se les exige que se conviertan y crean en el Dios revelado, en la revelación. Sólo se les pide que no nieguen las evidencias, que no falsifiquen los hechos comprobados de la Historia.
Tres increíbles
Se han dicho tantas necedades, que quiero volver a repetir lo que argumentaba San Agustín hace 1700 años atrás, contra los herejes: "Hay tres increíbles: a) increíble es que un hombre haya resucitado de entre los muertos. b) increíble es que todo el mundo haya creído ese increíble. c) increíble es que doce hombres rudos, ignorantes, desarmados y plebeyos, hayan persuadido a todo el mundo, y en él también a los sabios y filósofos, de aquel primer increíble. Si el primer increíble no lo queréis creer, al segundo no tenéis más remedio que verlo, y no lo podéis negar. De donde por fuerza, tenéis que admitir el tercero, es decir que los doce rudos apóstoles, han convencido al mundo; y éste es un milagro tan grande como la resurrección de un muerto. "Podríamos agregarle algo más, a San Agustín, que los doce rudos apóstoles, los "conspiradores de Pascua", resultaron ser los más grandes y astutos conspiradores de la historia, porque fundaron una civilización, la occidental judeocristiana, y conquistaron el mundo con su estrategia, divulgando simplemente, "mitos" y "alucinaciones". Pero lo raro es que se hacían matar por esos "mitos" y "alucinaciones", daban su vida como testimonio. Y lo dijo el gran Pascal: "Creo a los testigos, que se han dejado matar", para sostener la veracidad de su testimonio.
Muerte y resurrección
En el año 57 de nuestra era, San Pablo decía a los Corintios: "Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día; y se apareció primero a Pedro, y después a los doce, luego se apareció a más de quinientos hermanos de una sola vez, y la mayoría vive todavía entre nosotros; luego se le apareció a Santiago, y de nuevo a todos los apóstoles; por último se me apareció a mí, que no merezco llamarme apóstol...Ahora bien, cómo es que algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de los muertos. Si no hay resurrección de los muertos tampoco Cristo ha resucitado; y es vana nuestra fe, vana nuestra esperanza…, y somos los más infelices de los hombres…pero no, Cristo resucitó... él es la primicia de los que duermen".
Lo dice Pablo, el perseguidor de cristianos, testigo que lo vio con sus ojos y lo testimonió con su sangre, y lo han dicho cientos de testigos que lo vieron. Y lo han sostenido y testimoniado con su sangre, miles de mártires. Dijo el apóstol San Juan, "Dios es amor", el amor es su esencia, y nosotros somos sus hijos, y nos ama con tanta locura, que ha sacrificado a su propio Hijo Jesús, para salvarnos.
No lo digo yo, lo dijo el apóstol Pablo. El que quiera y pueda creer que crea. Como dijo el Concilio Vaticano II: "El porvenir está en las manos de aquellos que sepan dar a las generaciones venideras, razones para vivir y esperar". Y en el Pesebre está la razón de ser de todo el universo y de toda la humanidad, y la razón para esperar. Feliz Navidad.
Jorge Antonio Gait










