Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°
Cartas de lectores

¿Es posible la paz?

Señor director de NORTE:

En este tiempo de festividad en que se celebran la Navidad y el Año Nuevo, aparecen multiplicados los deseos de paz, deseos sinceros pero que parecen excedernos y convertirse sólo en una ilusión, una meta lejana e irrealizable. Es mejor desear la paz que los conflictos, la cuestión es cómo actuar para que esa paz sea posible. 

 Las grandes potencias, porque están armadas con sofisticados y múltiples armamentos de alta tecnología, no parecen considerar la paz como una meta atractiva, en tanto la guerra les permite dominar, o por lo menos ejercer un poder destructivo en esa dirección. Sorprende, y aterra también, ver que toman la guerra como un juego donde no cuentan los vulnerados y los muertos, comprender que siempre se repite la historia del poder concentrado en "presidentes" dictatoriales que no dialogan, ni reflexionan, y lo vemos especialmente en Rusia, aliado con Corea del Norte, avanzando sobre Ucrania. En otros casos, se complejizan las motivaciones, y se suceden los conflictos armados con millones de emigrados y refugiados, así como muertos también. La larga lista de países nos excede, y de muchos no se tiene información.  Lamentablemente, se observa que el mercado de armamentos sostiene estas guerras, y los millones que no hay para otras causas sí se invierten en estos conflictos.

Entonces, deberíamos concluir que no somos responsables directos de los conflictos y las guerras. Sin embargo, hay otras guerras, las que se generan en la convivencia cuando la misma convivencia no interesa. Para Mario Heler, filósofo argentino, la ética pasa por la convivencia misma, por las normas compartidas que nos imponemos a nosotros mismos para hacerla posible, pero con la esperanza de que el otro, es decir todos, también las asuman. El problema es una sociedad donde sólo algunos creen que es importante respetar esas normas consensuadas, mientras otros son siempre "los desafiantes", los transgresores. 

Lo vemos en las consecuencias: la falta de respeto a las normas de tránsito, por ejemplo, que genera muertes cotidianas, muertes que dañan a hijos, padres, etc., que expanden el dolor, por algunos "transgresores" que no se consideran responsables, ya sea de manejar alcoholizados, como sin casco, sin luces, a exceso de velocidad, con tres niños colgando de las motos, pasando en rojo, etc. No escuchan consejos, se ríen, consideran una gracia manejar sin casco y a toda velocidad generando terror a su alrededor. El stress, la angustia de transitar en Resistencia en esas condiciones no se condice con la paz, la paz como serenidad, como tranquilidad, confianza en que se respetan las normas. La dimensión psicológica, anímica, emocional de los seres humanos también debe ser cuidada.

El otro aspecto importante que se relaciona con la paz es la justicia. Se afirma que sin justicia no hay paz, pero no se aclara muy bien cómo se entiende la justicia. Se puede hablar de la justicia en sentido legal, la que se pide ante tantos asesinatos y violaciones sobre todo de niños y mujeres, y que se relaciona también con que no se reduzcan las penas ni queden libres los menores. 

Por otro lado, es verdad que muchas veces sólo puede haber justicia a través de la solidaridad, del compromiso de donar o colaborar con fundaciones, comedores, escuelas, centros que atienden a los más necesitados. Pero aquí volvemos sobre la importancia de una conciencia moral que asume la ayuda al otro como una obligación que uno mismo se impone, porque comprende que sin solidaridad no se alcanza la justicia. 

La justicia no consiste en quitar para dar o tomar, no se trata de justificar que los "deambulantes" de las calles se consideren con derecho a tomar lo ajeno, a asesinar para robar, porque algunos tienen más que ellos. La violencia es inadmisible, y en este sentido, si no se mejora el sistema policial, judicial y penal, tampoco habrá paz. La educación es importante, hay modos concretos para prevenir que los niños entren en la delincuencia, en las drogas, en el ni-ni (ni estudian, ni trabajan), pero la libertad humana se muestra también en los caminos que las personas eligen, y uno de ellos puede ser la violencia y la negación a capacitarse y a trabajar.

Por eso considero importante que para el 2025 seamos capaces de pensar, imaginar y proponer, a nivel personal e institucional, modos concretos para superar los conflictos y las violencias, de ser claros en las metas de mayor respeto a los demás previniendo y también limitando las conductas destructivas de aquellos a quienes no les interesa la paz y la convivencia dentro de normas compartidas sin las cuales la sociedad se vuelve caótica y la vida humana pierde su valor. Que en este 2025 la esperanza sostenga todas las iniciativas y los esfuerzos para un cambio social, y también global, hacia la paz.

MARÍA ELENA RADICI

RESISTENCIA

Temas en esta nota

Más de Carta de lectores+ Ver todas
Te puede interesar