Claves del futuro
En poco más de tres semanas ya estaremos pisando 2025, año de elecciones legislativas. Una categoría de comicios que debería suscitar menos ruido que las de renovación de cargos gubernamentales, pero que en la Argentina jamás llegan a estar marcadas por la placidez. Menos ahora que tanto a nivel nacional como provincial las tensiones políticas adquieren intensidades bélicas.
En el país, Javier Milei y Cristina Kirchner, más sus respectivos ejércitos, alimentan como nunca la idea de que lo que está en juego es algo así como el destino de la humanidad. Con tonos simétricamente mesiánicos y agresivos, no hay esperanza alguna de que cambien de modales cuando la campaña esté formalmente en marcha.

En el Chaco no es muy diferente. Radicales y peronistas alimentan un clima de enemistad que ambos consideran beneficioso para sus intereses. En ese juego la ventaja parece ser para el oficialismo, que tiene a su favor el dato nada menor de estar en pleno ejercicio del poder y de haber sobrellevado hasta aquí una estrategia de afianzamiento que no tuvo sobresaltos, sobre todo porque el peronismo sigue sin procesar la derrota de 2023 y prefiere pensar que no tiene culpa alguna con respecto ella.
Para el kirchnerismo, tanto en la nación como en la provincia, las posibilidades de recuperación dependen casi por completo de un deterioro de las condiciones económicas y sociales actuales, que están lejos de ser florecientes -son más bien paupérrimas- pero empiezan a mostrar señales de recuperación.
CHANCES
En consideración a lo anterior, una primera consecuencia es que la magnitud del apoyo electoral de los chaqueños a Leandro Zdero estará muy condicionada por la performance de Milei en 2025. Si la estabilización de la economía se acentúa y el rebote se vuelve nítido, la gestión libertaria tendrá la elección en el bolsillo y en el Chaco el gobernador no debería tener mayores dificultades para quedarse con nueve o diez de las 16 diputaciones provinciales que estarán en juego. Es el escenario en el que más creen -sin decirlo demasiado, por cábala- los radicales locales.
Pero en el oficialismo esos números posibles son el final de un camino. Todo lo que hay antes será un desafío para las cualidades de Zdero como nuevo líder de la UCR. Dependerá de cómo resuelva el juego interno de ambiciones personales (frente a un lote de candidaturas disponibles muy escaso) qué tan fortalecida o abollada quede su jefatura. Los riesgos, de todos modos, no son demasiados en ese aspecto. Es un gobernador nuevo, ganó la interna de 2023 dando un batacazo y todo el universo radical viene desde entonces reacomodándose al cambio de general. Habrá algunas presiones y mangazos, pero en líneas generales será un año en el que todavía lo dejarán hacer. En el Chaco, como en casi todas las provincias, ser gobernador es ser el dueño de la pelota, de la cancha y de las banderitas del corner. Generalmente, también del árbitro.
MAGIA
El peronismo sabe todo eso mejor que nadie. En los dieciséis años de permanencia en la Casa de Gobierno no desaprovechó ninguna de las varitas mágicas que se esconden dentro de cualquier presupuesto público. Demostró que con ellas incluso se puede dar vuelta, en un mes, una derrota por diez puntos de diferencia, y convertirla en una victoria ajustada, como ocurrió en las elecciones PASO y generales de 2021. En 2023 el desgaste de Jorge Capitanich ya era tanto que la galera no pudo soltar suficientes conejos.
Por eso, en trazos gruesos, las expectativas del PJ provincial son centralmente dos. La de máxima, una crisis económica que haga desaparecer cualquier señal de una posible mejoría social, y genere un descontento capaz de llenar las urnas con votos-castigo. La de mínima, evitar un cisma interno, mantener altos niveles de confrontación con Zdero para cerrar filas y obtener una derrota decorosa.
Todo esto, a la vez, puede sufrir modificaciones en función de los interrogantes que el peronismo ofrece hacia adentro. Que no son tantos, en realidad. Todo indica que la principal cara visible de la campaña será Capitanich, como candidato a primer senador. El año que llega, el Chaco renovará las tres bancas que tiene en la Cámara Alta del Congreso. Conviene recordar que la Constitución establece que la fuerza más votada se queda con dos de ellas, y la segunda con la tercera. (Hay un pesadilla peronista, y es que los libertarios chaqueños se queden con ese tercer escaño si Milei tracciona lo suficiente, aunque es muy posible que en el Chaco el radicalismo y La Libertad Avanza sellen una alianza).
¿Cuál es la posibilidad disruptiva en la principal fuerza opositora? Que prospere una movida renovadora que vaya por todo, incluso por el lugar que hasta ahora parece reservado para el exgobernador. Pero suena a demasiado. Esa corriente se ve todavía en estado larval, y a lo sumo se plasmará en un acuerdo interno que mantendrá a JMC en lo más alto de la boleta senatorial pero le recortará el poder que tenía en los buenos viejos tiempos para digitar el resto de las postulaciones. Como definiera un dirigente gremial meses atrás, un "Coqui sin lapicera".
LIBERTADORES
Es decir, la función electoral será, muy probablemente, lo que los viejos relatores de fútbol llamaban "un típico partido de Copa Libertadores". O sea, un choque en el que nadie arriesgará demasiado la pelota. El gobierno seguramente insistirá en proponer que su gestión sea comparada con lo peor de la administración coquista, sin meter cambios de fondo, y el PJ tratará de sumar lo que se pueda, o nada, a su piso electoral de siempre. Cada uno agradecerá lo que el destino decida agregarles en el reparto de porotos. Y todos, como se dijo antes, mirando si el horizonte nacional trae buen tiempo o tormentas.
Sería un poco lo que ya vemos hoy, pero recargado. La administración radical no pierde ocasión de recordar que las calles del centro eran propiedad de gremios y movimientos piqueteros que se manifestaban hasta cuando ni sus propios movilizados sabían el motivo, y que ahora una posición firme en ese asunto lo resolvió (algo curioso: Capitanich, semanas atrás, dijo que reconocía ese logro del gobierno actual, como si la solución hubiera llegado mediante una complejísima ingeniería, cuando apenas consistió en lo que todo el mundo pedía desde hace más de diez años: que el uso legítimo de la fuerza pública impusiera un criterio que era puro sentido común). También los presos locales del kirchnerismo le suman puntos al gobierno provincial (y los voceros y pensadores del peronismo le terminan de hornear el bizcochuelo al presentarlos como perseguidos políticos).
Lo que no se sabe, ni está a la vista, es si Zdero tiene en mente algo más para después de las elecciones del ’25. Llegará un punto en que al electorado que respalda al oficialismo le hará falta algo más que pensar que esta gestión lo hace mejor o menos mal que la anterior. Le pasó al propio Capitanich en sus primeros años en la gobernación, tras cerrar doce años de poderío radical. Pero "Coqui" sí fue construyendo un discurso más de fondo, no siempre congruente con los hechos, pero perceptible y electoralmente eficaz. Luego llegó la maldición de los mandatos repetidos, que siempre descomponen y degradan, que alimentan la obsesión por querer controlar todo y la paranoia de ver conspiraciones en todas partes. ¿Zdero piensa en esto? ¿Se vacuna contra esto? Una vez más, y parafraseando a Benedetti, las claves del futuro están en el futuro.










