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Natalia Figueredo

De Quitilipi al mundo llevando su pasión por el baile

"Creo que todo lo que soñamos se puede hacer realidad. Hay que animarse, romper estructuras y crear nuestra realidad para cumplir lo que nos propongamos, con mucho esfuerzo, dedicación y coraje".

Natalia Marisol Figueredo baila desde que tiene memoria, imaginaba verse en los grandes escenarios mientras improvisaba un ‘show’ en el living de su casa. Su pasión por ser artista la llevó a superar cualquier obstáculo para cumplir sus sueños; hoy, con 31 años, la quitilipense recorre el mundo haciendo lo que más le gusta, bailar. 

Nació y se crio en Quitilipi (Chaco), desde niña fue atraída por el ritmo, las lentejuelas y el espectáculo. Cuando tenía tres años bailó en los carnavales de la ‘Ciudad de la Amistad’ en la comparsa Marabú, en la que continúa participando cada vez que puede volver. Al cumplir los seis comenzó danzas clásicas con sus vecinas Marina y Mariana Aguirre; siguió estudiando ballet y danzas árabes con Julieta Simcik que venía desde Sáenz Peña (Chaco). Practicó gimnasia rítmica con Lilian Barrios en Olimpia Gym, compitiendo en Corrientes y Buenos Aires. Tomó clases de tango en la Casa de Cultura y participó en la Estudiantina con ese ritmo. "Aproveché todas las opciones que en ese momento existían en Quitilipi. Recuerdo que en las noches siempre le pedía a Dios verme en un escenario, que haya mucha gente; me imaginaba las luces, el vestuario, maquillaje, todo. Si bien era extremadamente tímida, en el barrio junté a mis amigos y creé una banda donde era la protagonista de un concierto". 

Natalia posee una carrera prolífica, entre los lugares maravillosos que recorrió se encuentran China, India, Egipto, Arabia Saudita, Marruecos y Malasia. Se destacó en compañías de baile como única integrante latinoamericana, actuó en complejos de entretenimiento, presentaciones de cantantes y celebridades, programas de televisión y hasta en un crucero que recorrió las costas de Asia. "La decisión de ser artista, bailarín y todo lo que esté relacionado con el arte, creo que es algo muy valiente, porque no cualquiera se anima. A todos nos gusta ver, pero nadie sabe lo que está detrás de todo eso, toda la preparación y el sacrificio". 

Las aspiraciones de Natalia tomaron impulso cuando, al concluir el secundario con 17 años, fue a vivir Rosario para estudiar Abogacía. Reconoce que esta elección de irse tan lejos del pueblo tenía también otro objetivo. "En realidad yo sabía que quería bailar más, quería más oportunidades, siempre quería más". Fue así como llegó hasta una academia de danzas que le cambiaría la vida, definitivamente. "Se abrió la escuela de Flavio Mendoza en Rosario, me inscribí y ya no había lugar, pero insistí muchísimo hasta que me aceptaron. Eran tres años donde se practicaba todo tipo de danzas, clásicas, contemporáneas, urbanas, hip hop, acrobacias y ritmos latinos. Nos enseñaban además a maquillarnos, peinarnos; teníamos que buscar vestuario para los exámenes, ensayábamos mucho para la muestra de fin de año. Fue un lugar donde crecí y aproveché al máximo todo lo que podía aprender". 

Una profesora durante un perfeccionamiento, le dijo en una clase. "Sos un diamante en bruto, una piedra preciosa que hay que pulir. Eso me quedó grabado por siempre y empecé a esforzarme mucho durante esos años en que cursaba la carrera de Bailarín Integral. Salía de ahí y seguía tomando clases en otros lugares, conociendo a profesores de todos los estilos de danza. Al tiempo comencé a asistir a castings en Rosario para obras de teatro, para musicales". 

Su primera gran audición fue con Pecky Land, una directora artística de Rosario, en la que estaba evaluando Diego Ramos para un conocido espectáculo de tango. "Había muchísimos bailarines, quedé seleccionada y así comencé a trabajar, no sólo ahí, sino en varias obras de teatro". 

Después, obtuvo una beca de la escuela en Buenos Aires, mientras continuaba en seminarios con bailarines, coreógrafos internacionales y participando en un grupo de danzas urbanas. "Me recibí de bailarina. Todo lo que para muchos era un hobby para mí era mi vida, era muy apasionada de lo que estaba haciendo; daba clases a niños y adolescentes, trabajaba en las obras de teatro y lo que ganaba era para estudiar con otros profesores, para pagarme seminarios, para el taxi, para el colectivo o para comprarme vestuario". 

Luego de un seminario en Camboriú (Brasil), Natalia sintió el deseo de viajar por el mundo para mostrar su arte. Tuvo su primera experiencia internacional como bailarina en un circo de Perú donde permaneció por casi tres meses. Después, le llegó una propuesta para ir a China por un periodo de seis meses, integrando la compañía de un innovador parque de diversiones. "Éramos más de 60 bailarines de todas partes del mundo (Brasil, Italia, España, Francia, Escocia, Inglaterra, Argentina), la coreógrafa era francesa y ensayábamos en Shanghai, viviendo en un Hotel de lujo. Trabajamos en el teatro ‘Longemont Paradise’ en Huzhou, y, fue una de las experiencias más excitantes de mi vida. Había mucha mezcla de culturas, nos quedamos un año y medio. Yo volvía cada seis meses a mi país de vacaciones, hasta que estalló el Covid-19 en China y se trasladó a todo el mundo, por lo que no pude regresar", se lamentó. 

Ya instalada en el medio artístico, recorrió varios países en los que demostró sus aptitudes para el espectáculo. En la India, participó en películas de Bollywood (Bombay); en videoclips para cantantes y actores famosos y la incursión en un programa de televisión donde además de bailar interactuaba con el conductor y los invitados. Más tarde, viajó a Egipto para trabajar en el staff de un hotel cinco estrellas. "Continué como freelance en El Cairo con participaciones para cantantes y celebridades árabes como Tamer Hosny, Mohamed Henedy y Ahmed Helmy. Quedé seleccionada para trabajar con el coreógrafo Phillip Chbeeb, reconocido mundialmente; hice muchos comerciales de televisión; con el grupo Central Stage cerramos el concurso de baile urbano ‘Red Bull Dance Your Style’, y para la misma firma bailé en el cierre de una carrera de autos con la banda ‘Sharmoofers’. Viajé a Arabia Saudita a participar en obras de teatro y hasta actué en algunas escenas. En Marruecos quedé seleccionada para trabajar con el director artístico Luis Chile, al que yo admiraba. Bailé en los ‘Joy Awards’ de Arabia Saudita; quedé en un casting en Dubai con Sadeck Waff, quien fue coreógrafo de Shakira y otros". 

Más tarde, tuvo la propuesta de trabajar en un crucero recorriendo China, Hong Kong, Japón, Vietnam y Singapur. "En el ‘Resorts World One’ actué por ocho meses, siendo la primera argentina en compartir escenario con bailarines rusos y ucranianos. Con la misma empresa trabajé en Malasia, en el parque de diversiones ‘SkyWorlds’ y viví en una montaña a 2.800 metros sobre el nivel del mar". 

"Hay que animarse y confiar en uno mismo" 

Tras apenas 15 años de trayectoria, Natalia (IG: @natymarisol) destaca que gracias a la danza conoció más de 18 países y visitó las maravillas del mundo como Machu Picchu, la Gran Muralla China, el Taj Mahal, las Pirámides de Giza o el Cristo Redentor. "Ahora que soy más consciente de mi vida, creo que todo lo que soñamos se puede hacer realidad. Hay que animarse y lanzarse a lo desconocido, dejar de querer tener el control, romper estructuras impuestas y crear nuestra realidad para cumplir lo que nos propongamos, con mucho esfuerzo, dedicación y coraje. Mi vida es más que un sueño hecho realidad, es una película que trasciende cualquier obstáculo o frustración, conducida por la convicción de ser la protagonista y tomar mis propias decisiones". 

Sus experiencias y vivencias en busca de sus sueños requieren de coraje y decisiones. "Quiero contar todo esto para que vean que no importa lo que el resto diga, importa lo que uno piensa y quiere. Decirles que luchen por sus sueños, que la vida es una sola. Para mí cada despedida es desgarradora, requiere de riesgos y estar lejos de las personas que más amo, pero igual decido ir por lo que quiero, con miedo, con incertidumbre, con aciertos y desaciertos. Es mi vocación, mi camino, mi historia". 

Colaboración: Edgardo Lionel Álvarez de la Agencia Norte en Quitilipi, Chaco. 

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