A pesar del fin del ProHuerta, la horticultura cobra impulso
Desde el organismo nacional, la ingeniera Mariela Fogar repasa el trabajo realizado en huertas familiares, escolares y movimientos sociales.

SÁENZ PEÑA (Agencia). La huerta familiar volvió a cobrar impulso fuerte en la pandemia y se afianzó en diferentes espacios barriales y comunitarios, como una alternativa social y económica. Desde el INTA Sáenz Peña se continúa con el acompañamiento, a pesar del fin del programa ProHuerta.
La producción de hortalizas en huertas familiares o comunitarias es una opción ante el alto costo de las frutas y verduras. Un informe de CAME (Cámara Argentina de Mediana Empresa) señala que hacia julio de 2024 la caída en el consumo fue de 40%. Frente a los precios elevados, aparece la alternativa de las huertas, que además ofrecen alimentos saludables.
Desde la Delegación del INTA Sáenz Peña, la ingeniera Mariela Fogar viene acompañando hace tiempo a instituciones, organizaciones y familias que buscan mejorar su alimentación y sus ingresos: "Al tema de la alimentación tenemos que darle un poco más de atención. Al tener nuestra huerta tenemos diversidad, estamos produciendo las verduras de una manera orgánica, de una manera controlada, entonces también sabemos qué estamos comiendo, qué estamos llevando a la mesa y podemos también enseñar en la familia", destacó.
ALGUNAS EXPERIENCIAS
Dentro de las experiencias más destacadas en el trabajo con las huertas, la especialista cuenta el trabajo realizado con un movimiento social de Sáenz Peña que comenzó con un pequeño espacio, y que hoy ha aumentado la superficie y agrega valor a su producción. Es así que comercializan sus propias pastas con remolachas, espinaca y acelga. Además, han generado un sistema de ventas que permite a los clientes contactar con ellas, realizar el pedido y recibir en su domicilio los productos.
Otro de los casos interesantes es el trabajo en huertas escolares, donde no solamente se acompaña la producción de verduras, sino que se promueve la producción de semillas propias para resiembra. Esta misión ha tomado mayor relevancia debido a la eliminación del plan ProHuerta determinada por el gobierno nacional. Frente a la situación, la ingeniera Fogar explica que "hoy ya no contamos con el programa ProHuerta que es el que nos proveía la semilla todos los años, pero sí a nivel municipal y provincial vienen semillas de huerta que se reparten en Casa de campo, o en la oficina de Desarrollo Local, donde está Florencia Madzarevich".
"Lo que trabajamos mucho nosotros fue enseñar a que podemos tener nuestra propia semilla de lo que normalmente consumimos. Entonces una rúcula, una achicoria, una lechuga la podemos cultivar dejando algunas plantas, producir nuestra semilla y tener para el año siguiente", indicó.

ADAPTARSE AL ESPACIO
Una de las limitaciones para que las familias encaren la producción propia es la falta de espacio, ante esta situación la ingeniera relata que vienen trabajando en experiencias con cajones de madera, y utilizar incluso balcones o pequeños patios.
Además, la experiencia de trabajar en huertas, explica la técnica, trasciende lo meramente productivo, ya que es una experiencia en la que "se aprende mucho, la gente comparte, cuenta las cosas que le pasan y también da lugar a que podamos ayudarle de distintas maneras, no solo con la alimentación. A veces con un asesoramiento, a veces con algunas ropas, con algún tipo de material que necesiten para ellos, para los chicos, para la escuela, para todo. La huerta es un lugar muy social donde salen a relucir muchas cosas que pasan en cada familia y cuando es comunitaria, más".










