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El calor en las ciudades

Se espera que el inicio del verano traiga nuevas jornadas de altas temperaturas en la región, con registros superiores al promedio de los últimos años. A diferencia de los entornos rurales, donde la vegetación todavía tiene una mayor capacidad para amortiguar el calor, las ciudades enfrentan el desafío de evitar el fenómeno conocido como "islas de calor urbano", que se presenta en aquellas zonas donde el cemento ganó terreno en detrimento de los espacios con generosos árboles, lagunas y variedad de plantas que ayudan a mitigar el rigor del verano.

La Organización Mundial de la Salud aconseja que las ciudades tengan al menos un árbol por cada habitante, ya que el arbolado tiene una estrecha relación con la salud de la población. Según los expertos del organismo internacional, los árboles ofrecen numerosos beneficios tanto para la salud humana como para el medio ambiente, especialmente en áreas urbanas densamente pobladas. Está demostrado que los árboles actúan como filtros naturales, absorbiendo dióxido de carbono (CO2) y otros contaminantes del aire, como el ozono y las partículas finas. Esto contribuye a mejorar la calidad del aire, lo que reduce el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras afecciones relacionadas con la contaminación. Por otra parte, los ejemplares más generosos proporcionan sombra y ayudan a reducir el efecto de "isla de calor" urbano, donde las ciudades experimentan temperaturas más altas debido a la acumulación de calor en pavimentos y edificios. Además, diversos estudios confirmaron que la presencia de árboles en las ciudades tiene un impacto positivo en la salud mental y el bienestar emocional de las personas. Se ha demostrado que los entornos naturales ayudan a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión, promoviendo la relajación y el bienestar general. En un mundo donde los ecosistemas naturales están siendo cada vez más fragmentados por el crecimiento urbano, es importante que la ciudadanía tome conciencia de la importancia de cuidar los árboles ya que en las ciudades también proporcionan hábitats para una variedad de especies de flora y fauna, lo que ayuda a preservar la biodiversidad urbana. Por otra parte, el arbolado también contribuye a reducir el ruido urbano, ya que actúa como barrera acústica natural, absorbiendo y bloqueando sonidos molestos, como los ruidos de los vehículos que se desplazan por las calles.

El Banco Interamericano de Desarrollo tomó nota de esa situación y desarrolló un software de datos libres para que los municipios dispongan de una herramienta gratuita para detectar islas de calor y adoptar medidas que ayuden a mitigar los efectos de las altas temperaturas ocasionados por el cambio climático. Se trata del programa informático bautizado URSA (Urban Reporting based on Satellite Analysis, por sus siglas en inglés), que es un sistema digital de apoyo a la planificación urbana que ofrece datos capturados por el satélite Landsat 8, cuyos sensores permiten estimar la temperatura del suelo. La aplicación brinda acceso gratuito de forma simplificada a la enorme cantidad de información capturada por los sensores satelitales, y se encarga de recopilar, procesar y presentar información útil para el diagnóstico territorial de ciudades. Técnicos del organismo interamericano explican que, entre otras funciones, este software ofrece un visualizador de islas de calor urbanas. Cabe una aclaración: la última versión de este programa informático solo ofrece información de ciudades de América Latina y el Caribe que tengan una población mayor a 100.000 habitantes. Con el desarrollo de esta herramienta digital se espera que los municipios accedan a información proporcionada por satélites que les permita identificar con mayor precisión las áreas más afectadas por el calor, que son generalmente aquellas donde la escasez de vegetación y áreas verdes impiden la reducción de la temperatura por la evaporación del agua de las plantas y la protección de la sombra de los árboles. Los investigadores del BID advierten que las islas de calor urbanas se transforman en auténticos hornos en días calurosos y durante las olas de calor. Y recuerdan que estos microclimas nocivos implican severas consecuencias para la salud de los habitantes, contribuyendo a enfermedades (e incluso mayor mortalidad) ocasionadas por la exposición a malestar general, dificultades respiratorias y golpes de calor. El informe que acompaña la presentación del software URSA observa, por otra parte, que la combinación de humedad cercana al 100% y un incremento de temperatura global menor a 3° C son una amenaza mortal para la salud y que una mayor exposición a temperaturas por encima de 35° C y a humedad relativa alta reduce considerablemente la capacidad corporal de refrigeración.

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