Tesla va demasiado rápido y choca con la realidad
El 11 de octubre pasado, Tesla presentaba el Cybercab. Su prototipo de robotaxi se dejaba ver en formato de cabina biplaza, sin volante ni pedales y con la promesa de ser tan barato (o más) que el transporte público.
La compañía de Elon Musk lleva años prometiendo la llegada de los robotaxis y en los últimos tiempos ha priorizado el desarrollo de software de sistemas automatizados. Hasta el punto que cabe preguntarse si Tesla quiere seguir siendo una compañía de automóviles o presentarse como una desarrolladora de este tipo de sistemas.

La promesa de poner sus robotaxis en la calle en dos años choca frontalmente con la experiencia que han vivido las empresas Cruise y Waymo en lo que, todavía, son los primeros pasos de un servicio que les ha costado miles de millones de dólares y multitud de tira y afloja con los reguladores estadounidenses.
Además, hay que añadir que las leyes estadounidenses solo permitirían poner a Tesla 2500 robotaxis en las calles siempre y cuando superara el permiso para operar con ellos y, posteriormente, recibiera el visto bueno para alcanzar esta cifra máxima. La realidad se estrella, de nuevo, frente a lo anunciado por Elon Musk que prometió a los inversores fabricar este Cybercab "en volúmenes muy altos", en palabras recogidas por Bloomberg.

EL ROBOT CIEGO
Ahora, además, la empresa se enfrenta a una investigación de su Full Self Driving (FSD), su sistema de conducción semiautónoma más avanzado, por nuevos accidentes en los que se ha visto implicado.
El jueves de la semana pasada, la NHTSA, encargada de la seguridad del tráfico en las carreteras de Estados Unidos, confirmó que estaban investigando el desempeño del sistema FSD de Tesla después de que se reportaran cuatro accidentes, incluido uno en el que resultó muerto un peatón.

Según explican en medios como el Washington Post, todos los accidentes tienen algo en común: la baja visibilidad. Según ha publicado la agencia de seguridad, los coches habrían entrado en zonas de baja visibilidad debido a la niebla, el polvo en suspensión o el vehículo habría sido deslumbrado. Esto pudo provocar los accidentes. En uno de ellos se reportó una lesión pero, sin duda lo más grave, en otro de los accidentes se atropelló a un peatón que falleció.
Son malas noticias para la compañía que en los últimos años ha ido retirando los sensores o los radares de sus modelos para confiar todo el funcionamiento de conducción autónoma a las cámaras y su software.











