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La educación en la encrucijada

Las nuevas tecnologías se han integrado en forma silenciosa en la vida diaria de millones de personas. Actividades como leer, escribir o realizar compras hoy están mediadas por pantallas y dispositivos que impusieron cambios profundos en la forma de interactuar. En ese contexto, el sistema educativo, tanto en el Chaco como en todo el mundo, se encuentra hoy en un cruce de caminos, donde la tradición se enfrenta a la innovación impulsada por las tecnologías emergentes.

El caso de un alumno de la capital chaqueña que utilizó una plataforma de inteligencia artificial para generar imágenes de sus compañeras sin ropas, que luego comenzaron a circular por las redes sociales, vuelve a poner la lupa sobre los cambios que desafían a la escuela y también a las familias. ¿Cómo educar a los chicos para que aprendan valores fundamentales como la libertad, la responsabilidad, la solidaridad y el respeto por los otros? El interrogante, por supuesto, no es nuevo. Aparece una y otra vez en el largo historial de la educación en nuestro país. Se puede decir que fue la gran pregunta que acompaña el proceso que comenzó con la promulgación de la Ley 1420 el 8 de julio de 1884, que estableció la educación primaria como gratuita, obligatoria y laica para todos los niños de 6 a 14 años, durante la presidencia de Julio Argentino Roca hasta estos días. Hoy, aquellos pilares educativos siguen vigentes porque son esenciales para fomentar una convivencia pacífica y democrática en la sociedad.

"La educación en la encrucijada" es un libro escrito por el filósofo francés, Jaques Maritain, que se publicó en 1942. Se trata de una obra que recuerda que el objetivo principal de la escuela es ayudar al individuo a crecer como persona. Para Maritain -como para otros pensadores que realizaron valiosos aportes para entender la complejidad del proceso formativo- la educación tiene el poder de transformar sociedades si logra formar ciudadanos críticos y comprometidos con el bien común. Dicho de otro modo, se debe trabajar en las aulas con un enfoque en la formación del carácter y la responsabilidad social de los estudiantes. El filósofo Maritain critica los sistemas educativos que se centran únicamente en la transmisión de conocimientos técnicos sin considerar el desarrollo integral del estudiante y considera que el modelo educativo solo tiene sentido si promueve el pensamiento crítico y la creatividad de los alumnos. También destaca la necesidad de una educación democrática que fomente la participación activa de los estudiantes en su propio proceso educativo. Esto incluye el respeto por la individualidad y las diferencias, así como el reconocimiento de que cada estudiante tiene su propio ritmo y estilo de aprendizaje. Más allá de las críticas que podría recibir la perspectiva de Maritain plasmada en sus escritos, no hay dudas que su mirada se anticipó de alguna manera la realidad que enmarca hoy a un sistema educativo que recibe los embates de las tecnologías emergentes, que se han constituido en fuentes de información y, en muchos casos, de una educación informal que está lejos de ser un vehículo para transmitir valores y promover una comprensión más profunda del ser humano y la vida en sociedad. La educación del siglo XXI debe encontrar un equilibrio que enriquezca la experiencia de aprendizaje. Las tensiones entre la educación tradicional y las nuevas tecnologías pueden convertirse en una oportunidad para crear espacios de aprendizaje más dinámicos que ayuden a desarrollar un pensamiento más crítico hacia la realidad que nos rodea.

Por otra parte, es necesario proponer debates serios (que eviten las confrontaciones estériles que no conducen a nada) sobre el presente de la educación en un mundo cambiante. Y se debe tener paciencia, porque adaptarse a las nuevas realidades sociales y tecnológicas sin perder de vista los principios fundamentales que deben guiar la educación no es una tarea sencilla, pero es un paso que debe darse para que la escuela no tenga como único objetivo preparar a los estudiantes para el mercado laboral, sino también para ser ciudadanos responsables y activos en sus comunidades.

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