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Seguridad en el tránsito, una responsabilidad compartida

Un sistema de tránsito es más seguro en la medida en que todas las personas que circulan por las calles son conscientes de la importancia que tiene el respeto por las normas, la prudencia al conducir un vehículo y el cuidado mutuo en la vía pública. Si cada ciudadano tiene en claro lo que representa la idea de responsabilidad compartida, entonces es más fácil reducir los riesgos y prevenir siniestros, creando un ambiente más seguro para todos.

La realidad que se vive en nuestras ciudades muestra que falta mucho por hacer para que el tránsito en las calles sea más seguro. Cada vecino, si se lo propone, puede desempeñar un papel clave para garantizar un entorno menos agresivo y peligroso. Lo que ocurre en materia de seguridad vial en el Gran Resistencia no es, precisamente, un ejemplo para el resto del país. Para colmo, frente a este problema muchos eligen la salida más fácil, que es señalar los defectos de los demás mientras se ignoran los propios. En una nota publicada la semana pasada en este diario, el codirector del Hospital Julio C. Perrando, Cristian Dellera, despejó las dudas que se podrían tener frente al problema: "Cuando a uno le toca hablar con cada conductor o accidentado, la respuesta siempre es que `el otro tenía que parar´. Y eso demuestra el poco conocimiento de las normas de tránsito, como quién tiene el paso y cuándo reducir la velocidad", dijo el profesional, confirmando el principio que parece guiar a la mayoría: siempre la culpa es del otro. Recordó que "lamentablemente hay una triste estadística que tiene la ciudad de Resistencia, que es la ciudad del país con mayor tasa de fallecidos por accidentes en los cuales están implicadas las motos". También citó el ejemplo de un siniestro ocurrido en una intersección de avenidas de la capital chaqueña (digno de estudio tanto para expertos en seguridad vial como para los que se dedican a indagar sobre la conducta humana) en el que estuvieron involucradas cinco motos, lo que arrojó un saldo de tres personas fallecidas en el mismo lugar. Frente a este panorama, es necesario promover la educación sobre normas de tránsito en las escuelas y en los barrios, enseñando tanto a niños como a adultos sobre el respeto a las señales de tránsito y el comportamiento seguro que se debe tener como peatones y conductores a la hora de salir a la calle. Es importante, además, fomentar una cultura de respeto hacia todos los usuarios de la vía pública, promoviendo actitudes de tolerancia y solidaridad, especialmente hacia aquellos que son más vulnerables, como los peatones, especialmente los niños, los adultos mayores y las personas con discapacidad.

No está de más recordar que la ley nacional de Tránsito y también las normas de jurisdicciones provinciales y municipales obligan a los motociclistas a utilizar el casco cuando circulan por la vía pública. Es que el uso correcto del casco no es un asunto menor. Se trata de un accesorio que actúa protegiendo la cabeza del motociclista, dispersando la energía que se produce por el golpe de la colisión y, a la vez, absorbiendo el impacto. Las estadísticas revelan que, sin el empleo de este elemento de protección, el traumatismo que sufre el conductor de la moto casi siempre es más grave. La mayor o menor seguridad vial de los conductores de motos está asociada a la conducta vial individual. Lo mismo ocurre con los conductores de otros vehículos, por supuesto. Pero es necesario que los conductores de estos rodados asuman una conducta más responsable en el tránsito, evitando las altas velocidades y las maniobras riesgosas. Las motos son vehículos que, por su tamaño, en muchas oportunidades no son percibidos por los conductores de vehículos más grandes a través de los espejos retrovisores, de manera tal que conducir a velocidades razonables siempre ofrecerá mayores posibilidades de frenar o corregir el rumbo minimizando los riesgos. También es importante que circulen con las luces encendidas aún de día y, de ser posible, con ropa que llame la atención de los demás actores del tránsito. Todas las estadísticas de siniestros viales confirman la alta incidencia que tienen estos vehículos de dos ruedas en la trama de la inseguridad vial, situación que se traduce también en un alto costo para fondos públicos, ya que se debe destinar buena parte de los presupuestos de hospitales a la atención de las víctimas de los accidentes de tránsito.

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