La fragilidad del tejido social
En forma periódica se dan a conocer cifras que reflejan la marcha de la economía, los niveles de desempleo, la pobreza y la indigencia, entre otros indicadores que no deben faltar a la hora de abordar esos problemas. Sin embargo, no abundan los informes que pongan la lupa sobre el grado de fragilidad de los vínculos sociales en contextos desfavorables y con fuerte recesión como los que atraviesa hoy el país.
La semana pasada, durante la celebración religiosa que se llevó a cabo por la 50° Peregrinación a Luján, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, criticó a aquellos que en lugar de proponer soluciones concretas para revertir el drama de la pobreza prefieren buscar culpas en otros. "Hay muchos mediocres que, frente al doloroso 52,9% de pobreza, se pusieron a buscar culpables", dijo y propuso sumar los esfuerzos de todos los sectores de la comunidad para que la precarización de las condiciones de vida, efecto directo del aumento de la pobreza, no se extienda por todo el tejido social sino que, por el contrario, se reduzca lo más rápido posible. Basta caminar por cualquier ciudad del país para observar el notable aumento de personas que viven en situación de calle. Cualquiera que dedique unos minutos para dialogar con quienes están atrapados ese estado de precariedad, para conocer sus historias personales y cómo hacen para sobrevivir en un ambiente donde las oportunidades educativas y laborales son prácticamente nulas, lo que perpetúa el ciclo de pobreza, podrá dimensionar el grado de fragilidad de esos vínculos que tienen en común quienes viven en una misma comunidad. A modo de ejemplo, se puede mencionar la transformación que experimentó un joven que en julio de 2017 posaba junto a sus amigos para una foto tomada en el acto de finalización de un curso de capacitación en oficios y que hoy deambula por las calles del Gran Resistencia, viviendo en situación de calle, solo con la compañía de su perro.
Según el último informe publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), el costo de la Canasta Básica Total (CBT) aumentó 2,6% en septiembre y llegó a los 964.620 pesos. La cifra refleja el incremento más bajo registrado en los últimos doce meses, junto con el de junio, que también fue del 2,6%. Cabe recordar que este indicador mide el total de gastos que debe realizar una familia para cubrir sus necesidades básicas durante un mes. Esto quiere decir que aquellos hogares con ingresos inferiores a ese valor son pobres y que las familias que ganan apenas para cubrir el costo de una Canasta Básica Alimentaria (CBA) son consideradas indigentes.
Como se dijo, el 52,9% de la población en Argentina está en situación de pobreza. Según el Indec, el 18,1% de los argentinos está en situación de indigencia. Dicho de otro modo, 24,8 millones de argentinos son pobres y 8,5 millones indigentes. Y lo que es peor, el 66,1% de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país vive en la pobreza. Con esos datos sobre la mesa, cabe preguntar cuál es el nivel de vulnerabilidad que alcanzó nuestra sociedad en este difícil contexto y cuáles podrían ser las medidas más efectivas para reducir los padecimientos de quienes hoy no pueden satisfacer necesidades elementales como la alimentación, la salud y la educación. "Los tejidos sociales en nuestro país se encuentran en un franco proceso de fragmentación", advirtió hace varios años la psicóloga Silvia Bleichmar, autora del libro "Dolor país", donde aborda -entre otros temas- el impacto de la realidad económica del país sobre el psiquismo de los argentinos. Según Bleichmar existe una estrecha relación entre el incremento de la violencia y los procesos de individualización que obstruyen la identificación de lo común, y eso se agrava cuando además se agudiza la precariedad laboral y la desigualdad social. El momento que vive nuestra sociedad obliga a coordinar esfuerzos entre los distintos sectores para generar espacios que favorezcan la armonía social, con políticas públicas que promuevan la reparación del tejido social debilitado y actividades que fortalezcan el sentido de pertenencia y la cohesión entre todos los miembros de la comunidad.










