La no-violencia como camino
Señor director de NORTE:
El miércoles pasado se reflexionó sobre la no-violencia recordando a Mahatma Gandhi, comprometido con el camino de la resistencia pacífica. Sin embargo, la no violencia no es caer en la indiferencia, no es una actitud de apatía frente a las injusticias, apatía que se fomenta a veces en nombre de la tolerancia o de la indiferencia. Privatizar nuestros pensamientos y convicciones señalaba Richard Rorty, "frivolizar" para no confrontar. Sin embargo, no fue la actitud de Gandhi, ni de todos aquellos que proponen y viven caminos hacia la justicia pero evitando la violencia como única solución a las injusticias de todo tipo.
La injusticia indigna, y así debería ser siempre, sobre todo la que es utilizada por aquellos que la justifican como medio para "ideales" que, en muchos casos, sólo encubren el odio y el deseo de avasallar al otro diferente. Hoy ya no nos sorprende la continuación de la guerra que generó Rusia invadiendo Ucrania, y ni siquiera sabemos si es por algún ideal o solamente por motivos territoriales. Negar la cuestión del afán de dominio territorial es sesgar la mirada, aunque ésta no sea la única causa. Lo mismo ocurre en el conflicto Israel-Palestina, aunque queda claro que aparece un oculto deseo de eliminar a los otros, porque me oprimen o porque no me dejan vivir en paz. Los muertos dejan de tener rostro, los migrantes que huyen de la guerra dejan de tener derechos.
Aparece, entonces en estas situaciones, el derecho a la defensa propia, que se convierte en un deber cuando está en juego la vida, derecho básico, es decir, sin el cual no existe ningún otro, y la posibilidad de vivir según las propias convicciones. Esto pone en cuestión la posibilidad de la resistencia pacífica, hace dudar de su eficacia. Quizás los conflictos globales nos exceden, y reconocemos que no está en nuestra mano poder analizarlos en profundidad y obrar al respecto.
Por eso se hace necesario, si realmente nos interesa crecer en relaciones más respetuosas, volver sobre nosotros mismos, sobre la complejidad que nos caracteriza, personas que a veces somos homo demens y otras homo sapiens. Esta idea de Edgar Morin, que centró su pensamiento en la posibilidad del cambio a través de la educación, señala que muchas veces sólo actuamos por emociones, ocultas en el inconsciente, pasiones también, rencores que nos atrapan y que, si no se resuelven, generan conflictos permanentes, o sea, nos comportamos de modo irracional (homo demens). Y otras veces somos capaces de pensar, de reflexionar antes de actuar, capaces de buscar el diálogo que, como señala Gadamer, supone escuchar y tratar de comprender al otro y su mirada. Ser homo sapiens, en este sentido, supone un camino, muchas veces difícil porque estamos atravesados tanto por experiencias negativas como por experiencias positivas que, como dice la Psicología, hablan por nosotros.
Siempre se muestra que, para desarrollar capacidad de resistencia pacífica, cómo y cuándo se hace necesaria, y cuándo en cambio sólo queda actuar en defensa propia, es fundamental un proceso educativo que ayude en dirimir reflexivamente frente a las circunstancias, apoyarse en la sabiduría de la "experiencia pensada" por otros, en un diálogo abierto a la reflexión del otro, y en estar "vigilantes" (Heidegger) para no caer en resolverlo todo al modo en que se suele hacer: violentamente.
Es por eso que el camino de la no-violencia va unido a la esperanza, la esperanza que no se desanima frente a los continuos fracasos ante las estrategias enmascaradas, ocultas tras rostros amables o, a nivel global, tras organizaciones internacionales que se presentan como defensoras de grandes ideales humanitarios.
Por eso la resistencia pacífica no debe claudicar, apelando a desenmascarar la violencia de la imposición del aborto como condición para dar ayuda económica a los países más pobres, pero oculta en la idea de "salud reproductiva", así como la violencia de cambiar las resoluciones internacionales que protegen a los niños para permitir el uso en redes de material pornográfico generado por menores o con niños generado por IA (inteligencia artificial), o la propuesta de fomentar la prostitución en niñas en países africanos como medio de vida, o en la hormonización de niños sin atender a las consecuencias futuras. Todos ellos, temas actuales pero ocultados en gran medida.
Cuando las grandes "instituciones" globales como ONU, Unesco y muchas más promueven estas prácticas, la resistencia consiste en la información veraz, y en hacerla conocer, y en el rechazo consciente de prácticas denigrantes y violentas que instrumentalizan al ser humano o simplemente lo eliminan. Asimismo, en educar para una conciencia más reflexiva y crítica, que asume sus propias violencias interiores para transformarlas, como también en políticas que protejan el ser humano, siempre vulnerable y necesitado de cuidado respetuoso.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA










