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Libro recomendado

Sabias, santas, rebeldes

La autora es Paula Winkler, y la obra es de Ediciones Diotima.

En palabras de la filóloga, doctora en letras, escritora y ensayista Valeria Badano para la contratapa del libro: "Paula Winkler en la novela Sabias, santas, rebeldes habla, propone, advierte de la pluralidad desde el mismo contar una historia. La propuesta de Winkler es sumergirse en las profundidades del hecho creador y así indagar, probar, ir y venir como en el oleaje mismo. 

El título de la novela, como los títulos de cada uno de los capítulos, funciona como una acumulación (pluralidad) de datos, de hechos, de cosas que ponen en marcha a los personajes femeninos: Inés, Diotima, la madre, Vallen, Milea, Santa Brígida de Suecia, Catalina, las beguinas y sus relaciones con la historia; las historias con los otros (Dios, Rafael, Carlos, maridos, hijos); el propio cuerpo; el deseo propio; el poder; el deber. 

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Paula Winkler, conocedora de la pluralidad, empuja hacia la polifonía y, entonces, el diálogo, el ‘rulo’ entre historias, personajes, voces, tiempos y espacios es posible como relato y como hecho estético. 

Sabias, santas, rebeldes abre el juego a la realidad (a las realidades) y a la ficción desnudada. La novela cuenta historias, sí, pero sobre todo cuenta la historia de su propia historia". 

En la novela Sabias, santas, rebeldes; Birgitta Birgersdotter (Santa Brígida de Suecia), declarada Patrona de Europa junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz, es venerada y protege a las viudas. Este libro cuenta su historia. Asimismo, en Bélgica, unas mujeres llamadas ‘beguinas’ viajan de pueblo en pueblo, asisten a pobres, meretrices, a leprosos y ‘ausentes’. No se aferran a ningún dogma, solo a Dios, a quien encontrarán también como personaje en esta novela. Narra Inés, una profesora ‘filo’ contemporánea, cuya hermana monja fue asesinada cuando misionaba en Libia. Rabiosa, Inés escribe, busca reparación en su escritura y vive con Bigote, un gato un poco sórdido que heredó de su hermana. Escéptica, termina enamorándose de Rafael, un rosarino de la Universidad que se las trae. 

Paula Winkler nació en Buenos Aires. Doctora en Derecho y Jurisprudencia, Jurista y Magíster en Ciencias de la Comunicación, especializada en estudios semiológicos de la cultura, sus cuentos con premios locales e internacionales, se incluyen en antologías. Su página de internet es www.aldealiteraria.com.ar. 

Narradora y ensayista, publicó Los Muros, cuentos, editorial Botella al Mar, Buenos Aires (1999); Cuentos perversos y poemas desesperados, editorial Libris para Longseller (libro objeto/ libro de artista), Buenos Aires (2003); El  vuelo de Clara, novela, editorial Nueva Generación, Buenos Aires (2008); La avenida del poder, novela corta, editorial Nueva Generación, Buenos Aires (2009); El marido americano, novela corta, editorial Simurg, Buenos Aires (2012); Fantasmas en la balanza de la justicia, novela corta, editorial Moglia, Corrientes (2017); y Viaje a Escandinavia. Mis nietos de invierno, novela, editorial Vinciguerra, Buenos Aires (2020). 

También, Maldades, cuentos, viñetas, poemas y dos nouvelles incluidas, editorial Vinciguerra, Buenos Aires (2021). Asimismo, Sabias, santas, rebeldes, novela histórica, editorial Diotima, Buenos Aires (2024);  Semiotic Notes for the study of visual imagery, en: Artscape magazine, New York, USA (2007, versión bilingüe); Zavala, una lectora con ética y localizaciones epistemológicas, en: La Huella liberada, ArCibel Editores, Andalucía, España, Coordinadora: Zulema Moret (2008); Insularidad e insularismo, en: La Fascinación Insular, Revista La Página, número especial (88), Islas Canarias, España (2010); Todos podemos escribir un cuento. We all can write a story, cuentos y ensayos (edición bilingüe – Staten Island, Estado de Nueva York, USA- en la que participa con un ensayo sobre escritura); entre otros textos propios y colectivos. Y Pulpos, mulitas, kiwis – Relatos acerca de una animalidad y algunos nubarrones, microrrelatos para adultos, ilustrados por Carolina Peralta, Buenos Aires, editorial Vinciguerra (2024). Colabora en forma permanente en la Revista Letralia y en el periódico valenciano digital Siglo XXI. 

Fragmentos de la novela Sabias, santas, rebeldes de Paula Winkler, Ediciones Diotima, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2024, 140 páginas. 

"En la Suecia del Siglo XIV, una mujer llamada Birgitta Birgersdotter – conocida hoy como Santa Brígida de Suecia -, emparentada con la Casa Real, esposa de un señor feudal de la época, renuncia a casi todas sus riquezas cuando él muere en Östergötland y se convierte en una de las teólogas más relevantes del medioevo escandinavo.  Aún no ha sido inventada la imprenta, pero sabemos de sus textos a través de la Iglesia y de sus manuscritos en latín. Brígida funda en el periplo de su vida la Orden del Santísimo Salvador, aún vigente, según las siete reglas de San Agustín y es canonizada en 1391 entre polémicas. La declaran Patrona de Europa en 1999, compartiendo el patronazgo con Santa Catalina de Siena, la monja italiana, y Santa Teresa Benedicta de la Cruz, la carmelita descalza alemana y conversa. Se dice que también protege a las viudas. Católica, venerada por la Iglesia Anglicana y la Protestante, en Escandinavia la adoran hasta los laicos.                                                                                                                  De niña, quizá por sus ancestros y de adolescente, porque formaba parte de la Corte asistiendo como dama de honor a la Reina, fue forjándosele un carácter fuerte y antojadizo.                                                                                                                           En el siglo XXI, me pregunto quién fue Heliga Birgitta av Sverige. ¿Padeció de un delirio místico o tuvo revelaciones divinas? ¿Fue humilde o soberbia en su afán de conocimiento durante una época en que pocas mujeres podían acceder al mismo? Birgitta se distinguió de las demás de su clase porque no se conformó con su vida de privilegios. Llegó a dudar del canon: la mayoría en el Siglo XIV, excepto la aristocracia, no hablaba latín. Y la lengua sueca se construyó autónoma recién hacia finales de Siglo, después de que ella falleciera. La inquietud y la curiosidad fueron sus brújulas.                                          

Las guerreras vikingas defendieron durante el siglo X sus territorios y a la par del hombre, se animaron a conquistar el mar. Brígida debía de conocer estos hechos, habrá sabido de Birka de la isla de Björkö. Tiempos de invasiones y aventura, pero también de pestes y hambrunas, que azotaban al pueblo". (Págs. 10 y 11). 

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"Algún bienteveo extraviado se oye al fin a lo lejos, pían ahora los gorriones. ¿Será que los árboles han comenzado a florecer? Desde el balcón, veo autos, colectivos y motos, y de vez en cuando conductores y peatones intercambian insultos entre bocinas ansiosas. Mujeres empujan cochecitos con sus bebés y dos jóvenes de la mano evocan el amor que no tengo.                                                                                                            Comienzo a escribir más organizada. Aún ignoro si lo que traigo entre manos será cuento largo o novela, si me voy a incluir como personaje o qué. Me indigna, pero inspira, la entrega de mi hermana a Dios, su juventud perdida entre novicias deslumbrantes o desorientadas. Algunas de la congregación le aconsejaron que cumpliera una misión peligrosa en Libia y viajó, debía servir al prójimo.                                            Si para Sócrates la virtud posibilita las cosas imposibles, mi hermana era la magia de sus milagros. De chica curaba a algún animalito con solo tocarlo y enfermedades a vecinas viejas impostando manos. Una mística. Yo soy laica, agnóstica. Claro que rezo. Muy poco, cuando me da la gana…  Dónde habitará el Omnipotente, que a mí se me hace solo de ausencias.                                                                                       Voy a morir leyendo y si escribo es porque padezco de esa enfermedad que es la incomodidad de ser. En mis libros anteriores he intentado escrituras que tuvieran mayor peso por su estilo que por lo que decían. Sin éxito: las ideas van tejiendo sus telarañas, dirigen mis dedos sobre el teclado sin avergonzarse de su tiranía. No soy tan estúpida como para negar que un relato es una unidad: la forma contiene al fondo y este a la otra. Yo querría escribir como Mugica Lainez, ser Borges, Castillo o Góngora; junto a Dulcinea caminar con Cervantes; inspirar un nuevo ideario como el de Güiraldes, inventarme a la manera de Joyce ¿bajo la mirada atenta de Woolf?; respirar el aire de Bukowski, tocar los bordes de las historias de Salinger o de los crímenes de Capote. Qué placer tendría si los lectores me aclamaran como a ellos. Realista y desesperante, mi estilo no encuentra su justo cauce. Presiento que Pizarnik me guía, aunque yo no sea poeta: mis textos no encajan sino en el trasnochado mundo de mis palabras. Tampoco sé con precisión qué cosas y hechos designo, para qué interpreto. Por eso anoto, articulo ideas... Quizá alguien comparta después estas páginas, por ahora grises y burlonas, teñidas a mansalva por mi letra obstinada". (Págs. 13 y 14). 

"Todavía ignoro por qué las beguinas me vienen a la cabeza, en sueños y en la vigilia, cada vez en forma más concreta ... ¿Será el consejo aquel de mi hermana? Según ella, iba a poder comparar su fe y su ideario con los de la santa sueca.       

Esbozo: en la oscuridad combada de un otoño incómodo, Vallen y Milea añoran las constelaciones que solían buscar cuando en noches no cerradas como esta, los cielos mostraban un millar de estrellas que Centelleaban y ambas inventaban nombres nuevos al azar: "Tres auroras, Cruz batalladora, Ciervos perdidos; Pequeño mundo, La luna no abandona, Réplicas de Dios". Sin embargo, hoy en Bélgica no hay estrellas ni luna y no habrá sol: Mercy, la grande dame, avisó que atacaron a algunas compañeras, rasgando sus trajes, las apedreaban furiosos y "brujas", gritaban. Despeñadero con salvajes dispuestos a arrojarlas al vacío... Vallen y Milea no podrán madrugar tranquilas al día siguiente como pensaban, ni recorrer nuevos desangelados pueblos: el orden que Dios deparó se ha convertido en caos por la intolerancia y la destrucción de estos bárbaros. Como ellas ejercen la caridad fuera de la Iglesia, no les espera en Europa un destino fácil. Deberán insistir en la oración comunitaria". (Pág. 39). 

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