La paradoja de la abundancia
Petróleo, gas y litio son algunos de los recursos naturales que, si se hacen bien las cosas, pueden apuntalar la economía del país. Sin embargo, el solo hecho de contar con ese tipo de riquezas bajo el suelo no garantiza el éxito. De hecho, hay ejemplos de países que, teniendo a su disposición importantes reservas de petróleo, están lejos de haber logrado el desarrollo y el bienestar de sus habitantes. Para tratar de entender esa contradicción se hace referencia a la "paradoja de la abundancia".
También conocido como "la maldición de los recursos" el concepto intenta describir cómo los países ricos en recursos naturales, especialmente aquellos que dependen de los no renovables como minerales y combustibles, por lo general tienden a experimentar un menor crecimiento económico y a obtener peores resultados en términos de desarrollo en comparación con países que no gozan de esa ventaja. La excepción a esa regla es Noruega y por eso mismo su caso particular es objeto de análisis cada vez que se discute qué camino debe seguir un país bendecido por la naturaleza, como es la situación de Argentina. El país nórdico es exportador de petróleo y gas y desde hace por lo menos tres décadas encabeza la lista de naciones con mejores indicadores sociales, económicos y educativos de su población. Una de las claves de la sociedad noruega para romper con la maldición de los recursos fue otorgar a los sectores productivos nacionales un rol importante en la cadena de explotación del petróleo. De ese modo, muchas pequeñas y medianas empresas locales relacionadas con la industria marítima y del conocimiento lograron fortalecerse a partir de estrechos vínculos con grandes empresas extranjeras que volcaron inversiones para la extracción del oro negro. Aprovecharon así para generar trabajo local, aumentar capacidades productivas y agregar valor a la producción. Las autoridades noruegas comprendieron también que había que aumentar el gasto en investigación y desarrollo, es decir, apostar a las capacidades tecnológicas del país. Con el paso del tiempo los frutos no tardaron en llegar. La gestión eficiente de los recursos naturales sentó las bases para una mayor diversificación económica, y de la mano de ese proceso se fortalecieron las instituciones para garantizar que los beneficios se distribuyan de manera equitativa para beneficio de toda la sociedad.
En nuestro país, hace exactamente un año, la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Cámara de Diputados de la Nación daba dictamen al proyecto en revisión por el cual se aprobaba el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030. El programa, impulsado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación de la gestión nacional anterior, proponía definir, organizar y comunicar el conjunto de políticas, estrategias e instrumentos para el conjunto de actores y agentes públicos y privados que integran el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología e Innovación. "Son los Estados los que promueven la investigación y planifican y llevan adelante las políticas científicas de desarrollo tecnológico". "Preservar y apoyar a nuestros científicos no representa un gasto, sino la inversión más valiosa que puede realizar un país. Un país que descuida la investigación científica se debilita y rezaga", dijo en esa oportunidad el neurocientífico y diputado nacional Facundo Manes.
En el mundo actual, discutir si la ciencia, la tecnología y la innovación son o no imprescindibles para la generación de riqueza de una sociedad es perder el tiempo. En todo caso lo que se debe debatir es qué sectores merecen recibir más inversión y apoyo del Estado y demandan un buen trabajo de articulación con el sector privado. A modo de ejemplo se puede citar el documento que publicó el Comité de Ciencia del Congreso de EEUU, en el que se reconoce que invertir en ciencia y tecnología es como un seguro que contrata un país con el objetivo de mejorar su economía y la calidad de vida de su población. Nuestro país, que ha sido bendecido con importantes recursos naturales, tiene hoy casi la mitad de sus habitantes viviendo en situación de pobreza. Gestionar esos recursos con eficiencia es clave para no caer en la paradoja de la abundancia y apuntalar el desarrollo económico y social que toda la Argentina espera.










