Una mamá chaqueña que representará al país en el Mundial de karate en Japón
Convocada a la Selección argentina, esta mamá participará del Mundial de Karate Do, estilo Shotokan, que se disputará en octubre en Tokio. "No me imaginaba seguir compitiendo, luego de tener un hijo, pero la vida me dio más compañía para continuar por el camino elegido".
—¿Cómo calificaste para esta convocatoria?
—Todos los años se disputa un torneo a nivel nacional en Buenos Aires, donde se seleccionan los mejores del país. Una vez convocado, uno tiene que mantener cierto nivel en el transcurso del año, en las competencias. De ese modo, a fin de año se gana el derecho de participar del torneo más importante. Este año es el torneo Mundial en Tokio, Japón.
—¿Competiste en un torneo mundial anteriormente?
—Este será mi tercer Mundial. Tuve la oportunidad de competir en Tailandia, en 2011; también en 2014, cuando se organizó en Japón. En 2017 se disputó el Mundial en Irlanda, pero no pude participar por cuestiones personales.
—¿Cómo seleccionan a los atletas para la convocatoria?
—A lo largo del año hay torneos en diferentes provincias, un torneo llamado "Confluencia" con Uruguay, otro con Paraguay. También hay un encuentro internacional al que vienen competidores invitados de Paraguay y Brasil. Hay que mantener un nivel competitivo a lo largo de toda la temporada para ser tenido en cuenta. Es el verdadero desafío para los karatecas, mantenerse en un nivel de manera de estar en la convocatoria del seleccionado argentino.
🥋Una karateka chaqueña participará de su tercer mundial y busca ayuda para costear los gastos
—Es de conocimiento que las artes marciales se dividen en diferentes estilos. ¿Cuál es el estilo que practicás?
—Es el estilo "Shotokan". Es un estilo que se basa en golpes rectos, golpes a mano abierta, patadas altas y movimientos de cadera. En Argentina, la Asociación Escuelas de Karate Shotokan nuclea a las escuelas de karate del país bajo la tutela del sensei (maestro) Mitsuo Inoue. Somos afortunados de tener al sensei en el país, dado que tiene a cargo a las escuelas de toda Sudamérica. Vino de Japón hace 45 años, directamente a difundir la disciplina y la cultura japonesa. Es un testimonio viviente de lo que genera la práctica de artes marciales en la persona que las practica. A sus 78 años tiene la salud de una persona de 20.

—¿Qué expectativas llevás al Mundial?
—Voy con mucha confianza, si bien la competencia es mucha. En el Mundial pasado éramos 250 mujeres en mi categoría. Pero en Tailandia (2011) logramos el quinto puesto con el equipo femenino, y en Japón (2104) terminamos cuartas. En Irlanda, Mundial en el que estuve ausente, el equipo terminó en la tercera posición. Estos resultados generan muchas expectativas. Son muy buenos resultados, teniendo en cuenta que se compite contra los inventores de la disciplina. Nuestra cultura suele pecar con el prejuicio. Se cree que los japoneses tienen a los mejores y siempre ganan todo. Pero hay fuerte competencia en los demás países, y en Sudamérica mandan Brasil y Argentina. También ha habido grandes atletas de otros países como Chile.
—Comentabas que estás prácticamente en el final de tu etapa competitiva, ¿qué viene después de bajar la intensidad?
—Vengo manteniendo un nivel de alta competencia desde los 15 años, lo cual es una gran exigencia. Quisiera que, cuando llegue a los 40 y tenga que pasar a la categoría "senior", bajar la intensidad e ir dedicándome más a lo que rodea a la competencia, como el arbitraje o la enseñanza. Pero eso lo decidiré cuando llegue el momento. Desde los cuatro años Victoria practica karate y desde los 15 representa a la Argentina con el seleccionado nacional. Ahora va por su tercer Mundial, donde buscará mejorar sus participaciones anteriores. Quizás sea su última cita en un torneo de esta magnitud, pero no con el karate. El futuro la puede encontrar en otro papel, pero siempre en este camino: "Es un estilo de vida, una elección para siempre".
La familia y el karate

Victoria comparte su vida con Mauro y ambos dieron vida a Faruk, de un año y ocho meses. "No me imaginaba seguir compitiendo, teniendo un hijo", expresa, pero añade: "Cuando Faruk tenía cuatro meses volví a la competencia y no paré en todo el año pasado".
En ese sentido, considera que el Mundial "es una oportunidad que quizás sea la última", no
solo por la maternidad, sino que, con 32 años es probable que después del Mundial comience a mermar la intensidad del entrenamiento.
—¿La tradición tiene un heredero?
—Puede ser. Hay que esperar para saber si Faruk quiere seguir este camino. Seguramente tendrá una importante influencia de la familia, pero, si llegara el día que se canse o directamente no le gusta, tendrá la libertad de elegir.










