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Las familias y los cuidados de los chicos

La capacidad de los niños para desarrollar habilidades sociales, aprender a manejar emociones y construir relaciones saludables está directamente vinculada a la calidad de la atención y el apoyo que reciben en sus hogares. Así lo señala un informe de Unicef que destaca el papel fundamental que desempeñan los cuidados parentales en el desarrollo de los chicos.

Desde el nacimiento, la interacción y el cuidado que los niños reciben de sus padres o cuidadores influyen en su desarrollo emocional, cognitivo y físico, aseguran expertos del organismo internacional que, además, observan que las dificultades económicas y la falta de recursos pueden dificultar la capacidad de los padres para proporcionar el entorno de crianza más adecuado. En ese sentido, destaca también que las redes de apoyo comunitario son esenciales para ayudar a las familias a enfrentar estos desafíos y ofrecer un mejor cuidado a sus hijos.

También remarca la importancia de las políticas públicas en el apoyo a los cuidados parentales, como por ejemplo, las políticas que proporcionan licencias a padres y madres y los subsidios para el cuidado infantil, que son fundamentales para mejorar la calidad del cuidado que los niños reciben. Un ejemplo, dice Unicef, es el acceso a licencias parentales pagadas, que permite a los padres pasar tiempo con sus recién nacidos sin la presión de perder ingresos.

Este tiempo adicional no solo fortalece el vínculo entre padres e hijos, sino que también permite a los padres aprender sobre el cuidado infantil y establecer rutinas saludables. Por ese motivo, Unicef hace un llamado a los gobiernos para que adopten y amplíen estas políticas, reconociendo que invertir en la primera infancia es una inversión en el futuro de toda la sociedad. En las últimas décadas, la mayor incorporación de mujeres al mercado laboral puso en tensión las prácticas tradicionales en la organización de la vida familiar. Hasta no hace mucho, el rol de la mujer acotado al ámbito doméstico y privado también no había sido puesto en tela de juicio. Pero las transformaciones de los últimos años dieron paso al debate sobre la importancia de las licencias por paternidad.

Por su parte, un documento del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento sostiene que las licencias por maternidad, paternidad y familiares son un instrumento clave para garantizar el derecho a cuidar de las familias y de los niños a ser cuidados; y, lo que también es importante, contribuyen a la conciliación de la vida productiva y reproductiva, y ayudan a equiparar las condiciones de vida y las oportunidades a las que pueden tener acceso los niños desde sus primeros momentos de vida.

Una atención especial merece el caso de muchos niños, niñas y adolescentes que se ven privados de estos cuidados parentales. Según datos de Unicef, en todo el país hay una cantidad importante de menores que viven en instituciones de cuidado al estar separados de su ámbito familiar por medidas excepcionales de protección. Además, se debe tener en cuenta que los primeros meses de vida son fundamentales y pueden configurar el futuro de un niño, de ahí la importancia de promover, especialmente en los momentos difíciles como los que atraviesa actualmente el país, el bienestar de las familias, especialmente de las más vulnerables. Es importante recordar, por otra parte, algunos de los derechos fundamentales de la infancia, como el derecho a una vida saludable, a recibir una educación de calidad, a estar protegidos contra el abuso y la violencia, a la privacidad y a no ser discriminados.

Nuestro país puede verse beneficiado, circunstancialmente, por los precios internacionales de las materias primas o el comportamiento del mercado de capitales. Pero de poco sirve esa ventaja si no existen políticas públicas que garanticen los cuidados y la educación de calidad en los más chicos. Es que la infancia es un período fundamental en el desarrollo de una persona. Y las oportunidades de aprendizaje que reciban los más pequeños en esta etapa incidirán en su trayecto educativo, ya que la mayor parte del desarrollo cerebral se presenta en los primeros años de vida. Hoy se sabe con certeza que los estímulos cognitivos, los afectos y la seguridad del entorno no deben faltar en ninguna etapa de la vida, pero mucho menos en la infancia.

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