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OPINIÓN

Ganarás el pan con el sudor de tu frente

El trabajo, como lo conocemos hoy, surge como un castigo divino al comportamiento humano.

Desde el principio, el ser humano vulneró el plan de Dios preparado para quienes habrían de habitar el planeta Tierra. La idea original del cielo fue que vivieran reposadamente en el paraíso solo cuidando y administrándolo.  En ese contexto, nunca la idea fue que el hombre trabajara. El trabajo, como lo conocemos hoy, surge como un castigo divino al comportamiento humano: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres y al polvo volverás". Esa fue la sentencia divina.

Nada ha cambiado

Pasaron los siglos desde aquella sentencia y nada ha cambiado; el hombre no se reconcilia con su Creador; al contrario, cada día que pasa es peor, y como lo adelantó Jesús, "la maldad irá en aumento". Y lo peor, es que no hay quien pueda levantar la mano para decir: yo no soy transgresor. Porque en tal sentido Dios dice que miró al mundo y vio que: "No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado; juntos se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; no hay uno solo".

Y esto es así, porque la naturaleza humana ha sido dañada por causa de la transgresión y aunque el hombre procure hacer el bien, no puede lograrlo solo. Con ese fin, que pueda hacer el cambio, Dios diagramó su plan de salvación que consiste en que Jesús, en la cruz, se hiciera cargo y pagara por todas las transgresiones humanas. 

Dios no reclama ya el pecado

Dicho de otro modo, las Escrituras señalan que Dios ya no reclama el pecado a los hombres porque su precio fue pagado por Cristo en la cruz.

Cuando el apóstol Pablo le escribió su segunda carta a los cristianos que se congregaban en la ciudad portuaria de Corintio, les explicó acerca de este tema y les encargo que salgan a la calle a contarles esta gran noticia a quienes todavía no estaban enterados. 

La noticia, conocida como el evangelio de Cristo, fue enseñada por Pablo y consiste en lo siguiente: "Todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 

Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de Cristo, que el transgresor se reconcilie con Dios".

Ya están pagados

Repetimos, Dios ya no le reclama al mundo sus pecados porque están pagados por Cristo, pero le pide al mundo que se vuelva a El. Esto es lo que se conoce como "aceptar a Cristo como salvador personal y abandonar el pecado". 

Pero sin la intervención espiritual de Cristo, el hombre, como tal, no puede abandonar la transgresión aunque desee hacerlo. Sin embargo, cuando se acepta a Jesús como salvador personal, se produce una acción espiritual que convierte al hombre en una nueva criatura, que permite que las cosas viejas pasen y ahora se hagan todas nuevas. 

Si eres una de esas personas que desea cambiar tu forma de vida, esta es la oportunidad de cambiar. Es absolutamente gratis, nadie puede cobrarte nada y solo depende de tus ganas de cambiar y reconciliarte con Dios.

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