Economía bimonetaria
Argentina posee una economía bimonetaria. Esto significa que la moneda local, el peso, se utiliza para pequeñas transacciones, para pagar impuestos y salarios y para medir la inflación. El dólar, en cambio, se emplea para todo el resto de la economía y es la verdadera unidad de cuenta en la mayoría de las transacciones.
Así lo advirtió Ricardo Arriazu, uno de los economistas argentinos cuyos conceptos son citados con más frecuencia por el presidente Milei en sus discursos.
En rigor, esta definición sobre el bimonetarismo argentino es compartida también por figuras públicas que, podría decirse, están en las antípodas del pensamiento de Arriazu, quien en las últimas horas fue noticia porque dijo en una charla que brindó en el Rotary Club de la Ciudad de Buenos Aires que no está de acuerdo con levantar el cepo cambiario, ya que de hacerlo "explota todo". Según su análisis, la dolarización parcial de la economía es común en países con historias de alta inflación e inestabilidad cambiaria. Esto ocurre porque, entre otros motivos, los agentes económicos tienden a refugiarse en el dólar para proteger su poder adquisitivo. Arriazu explica que en las facultades de Economía se enseña que, para bajar la inflación, que es un fenómeno monetario, hay que dejar de emitir. Y como en la mayoría de los países, efectivamente, la inflación es un fenómeno monetario, la receta arroja buenos resultados. Dicho de otro modo, como la mayoría de los países usa su moneda como unidad de cuenta, entonces la inflación es un fenómeno monetario. "Para combatirla hay que dejar de emitir y para dejar de emitir hay que eliminar el déficit fiscal", observa el economista. Pero si se hace eso en Argentina, suele ocurrir que "de golpe la gente se asusta y sale corriendo a comprar dólares, y sube el dólar, entonces los precios suben automáticamente", agrega. "Entonces no basta con estabilizar el peso, mientras el dólar sea unidad de cuenta hay que estabilizar la moneda norteamericana. Cuando el dólar deje de ser unidad de cuenta, a la gente no le importará lo que pase con esa moneda", asegura y recuerda que eso fue justamente lo que ocurrió en Israel, que tenía una economía dolarizada. "Su programa de estabilización contempló, entre otras medidas, la estabilización de la moneda norteamericana. Y cuando se hizo eso, al cabo de tres años la gente se olvidó del dólar", explica Arriazu.
En la década del 80 la economía israelí sufrió una hiperinflación de más de 400 % anual y entre 2001 y 2003 este país de Medio Oriente sufrió una profunda crisis económica. Pero logró controlar la suba de precios a través de reformas económicas que, con algunos cambios, continúan hasta hoy. Básicamente, el programa económico israelí tuvo tres partes: medidas para lograr una reducción del déficit fiscal; asistencia con préstamos del Tesoro de EEUU y un acuerdo de precios y salarios. Hay que decir también que fue clave el acuerdo al que llegaron la oposición y el oficialismo para aplicar el programa antiinflacionario, y algo similar ocurrió entre empleadores y trabajadores. El resultado: Israel redujo el déficit y logró hacer un plan que permitió una baja de precios en poco tiempo. Hay que decir también que el programa incluyó un control de precios como una medida de corto plazo. Según Michael Bruno, el economista israelí que diseñó el plan de estabilización que ayudó a su país, las políticas para tranquilizar la economía tienen que ser de largo plazo y deben afianzarse cada día, con el consenso de todos los sectores. Es de esperar que, así como hay consensos en nuestro país sobre la existencia de una economía bimonetaria, también se logren acuerdos mínimos entre los distintos sectores de la sociedad para poder lograr un crecimiento sostenido.
Por último, vale rescatar otros conceptos de Arriazu en los que advierte que no es aconsejable hacer un programa económico sin ver las consecuencias políticas y sociales. De la misma manera que es imposible hacer un programa político, sin tener en cuenta las consecuencias económicas.










