Tampones con trazas de plomo y otros metales
Un artículo publicado en la revista Environmental International, el análisis de 60 tampones de marcas blancas o conocidas, algunos orgánicos y otros no, indicaban la presencia de varios elementos químicos, entre ellos cadmio y arsénico.

Los tampones, especialmente los orgánicos, están compuestos principalmente de algodón puro, aunque algunos absorbentes pueden incluir mezclas de algodón con rayón o viscosa. En una investigación realizada por autoras de diversas universidades estadounidenses, se analizaron varias partes del tampón, incluyendo la cubierta exterior que protege el algodón, el cordón para su extracción, el aplicador, e incluso el envase. En todos los casos, se detectaron ciertos metales o metaloides, tales como arsénico, bario, calcio, cadmio, cobalto, cromo, cobre, hierro, mercurio, manganeso, níquel, plomo, selenio, estroncio, vanadio y zinc.
Todas las muestras contenían estos elementos en cantidades variables, algunas de ellas cerca del límite de detección de la técnica utilizada. Las concentraciones más altas registradas fueron de zinc y calcio (52,000 y 39,000 nanogramos/gramo, respectivamente), mientras que la más baja fue de arsénico (2.6 nanogramos/gramo), uno de los elementos más preocupantes por su posible toxicidad. Entre los elementos considerados tóxicos, el plomo destacó con una concentración de 120 nanogramos/gramo, lo que es 24 veces superior al límite permitido por la FDA estadounidense en el agua embotellada. No se observaron diferencias significativas entre los algodones orgánicos y no orgánicos.
Las autoras del estudio explican las posibles fuentes de contaminación, enfocándose principalmente en el algodón, que es el componente predominante del tampón. Durante la producción del algodón, la planta puede absorber elementos del suelo en el que crece (en Estados Unidos, por ejemplo, la proporción de arsénico en las capas geológicas es variable), del agua de lluvia o de riego (que puede contener plomo), de fertilizantes "naturales" utilizados en el cultivo de algodón orgánico, de algunos pesticidas, etc. Además, algunos elementos pueden haber sido añadidos por el fabricante del algodón como agentes antimicrobianos (calcio, cobre, zinc, entre otros) o como desodorantes (calcio y zinc), lo que explicaría las concentraciones elevadas en estos casos.
La principal preocupación expresada por las autoras del estudio se centra en el contenido de plomo, ya que no existe un nivel seguro de exposición a este metal. Cualquier cantidad que se absorba desde los tampones podría causar problemas óseos al reemplazar el calcio y está vinculada a diversos problemas neurológicos, renales, cardiovasculares, inmunológicos, reproductivos, entre otros. Esta preocupación se intensifica debido a la alta permeabilidad y la extensa superficie expuesta de la zona vaginal, lo que podría facilitar una mayor absorción de estos elementos y su posterior entrada en la circulación sanguínea.
Sin embargo, las autoras reconocen que su estudio no proporciona información sobre la posible bioaccesibilidad de los metales desde los tampones hasta el torrente sanguíneo, por lo que no se pueden estimar los riesgos para la salud asociados con el uso de estos productos. Un artículo en *Chemical Engineering News* (CEN), que comenta sobre este hallazgo, destaca la declaración de las autoras: "No podemos decir que alguien deba o no usar un tampón basándonos en nuestros resultados. Aún no sabemos si estos metales salen del tampón y, de ser así, no sabemos si pueden llegar al torrente sanguíneo. Nuestro equipo sigue investigando".
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) también reaccionó rápidamente a las preocupaciones derivadas de los hallazgos del estudio. Una portavoz de la agencia comentó: "Estamos revisando el estudio. Todos los estudios tienen limitaciones. Aunque el método químico utilizado indica la presencia de estos metales en los tampones analizados en el laboratorio, no evalúa si alguno de estos metales se libera de los tampones durante su uso. Tampoco se aborda si, en caso de liberarse, podrían ser absorbidos por el revestimiento vaginal o, posteriormente, por el torrente sanguíneo".
Lo cierto es que será necesario profundizar en los estudios para confirmar estos resultados, especialmente por parte de agencias de salud y fabricantes. En el caso de las primeras, las regulaciones actuales sobre tampones son bastante laxas, y solo la Unión Europea prohíbe concentraciones de plomo, cadmio, cromo y arsénico en prendas de vestir por encima de 1 microgramo/gramo.











