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Detenido y torturado en 1974

Joaquín Núñez, franciscano y tercermundista que dejó huellas en Quitilipi

El pasado 7 de agosto falleció en Rosario, a los 82 años, el sacerdote franciscano Joaquín Núñez, histórico referente de la Opción por los Pobres de la Iglesia Católica

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El religioso ejerció su tarea pastoral en Corrientes y también en la parroquia San Antonio de Padua de Quitilipi, donde fue secuestrado y detenido en 1974 por un confuso episodio vinculado con las Ligas Agrarias. Tras pasar por varias cárceles durante dictadura (Sáenz Peña, Resistencia, Rawson, Devoto y La Plata), fue liberado recién en 1979. Desde entonces continuó con una activa militancia por los derechos de los niños y contra el narcotráfico.  

El historiador quitilipense Mauricio Muro había efectuado años atrás una larga entrevista al sacerdote durante la recopilación de datos para su libro sobre las Ligas Agrarias. A manera de homenaje, el profesor compartió con NORTE los testimonios obtenidos.  

Primeros años de sacerdocio

Joaquín se ordenó como sacerdote en la catedral de Formosa en 1967, luego de once años de estudio. En el mismo seminario terminó sus estudios primarios y secundarios. Luego se recibió de maestro Normal y finalmente hizo el profesorado de Filosofía y Pedagogía en Buenos Aires.

En 1969 lo mandaron a ejercer su ministerio en la provincia de Corrientes. Allí se encuentra con un panorama propio de la época, en donde las organizaciones sociales y estudiantiles intentaban protagonismo dentro de lo social y lo político. Le interesará particularmente todo lo que tenga que ver con estas prácticas. En Corrientes va a estar solamente dos años debido a algunos altercados ideológicos que él mismo nos manifiesta. Por entonces comienza a darse el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo e inmediatamente Joaquín se identificó con estos religiosos. Los acompañaba, participaba de sus reuniones e intercambiaba ideas y decisiones. 

En la misma provincia se hizo cargo de una capilla donde entró en contacto con los marginados sociales, y en vísperas de navidad armó su propio pesebre a la entrada de la Iglesia. Lo hizo a su manera, o tal vez el mismo Jesús lo inspiró a hacerlo. El pesebre de Joaquín intentaba representar la realidad que se vivía en ese momento: en la puerta de la iglesia había una silla sobre la cual se extendía una bandera argentina y encima de ella descansaba el niño Jesús. En el piso, dos borceguíes con dos escopetas de madera y un telgopor con la leyenda "Latinoamérica".

Su paso por Quitilipi

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Cierto día, un 14 de abril de 1974, el padre Joaquín se encontraba en la Parroquia San Antonio de Padua. Mientras disfrutaba de unos mates amargos, organizaba y planeaba una reunión con campesinos en Colonia Aborigen. Él solía atender la capilla y las necesidades de esa colonia. Es curioso ir descubriendo las intenciones de este sacerdote. Siempre cuidaba a los campesinos de cualquier movimiento político (llámese Montoneros, ERP, etc.) para que no se aprovechen de ellos o para que no sean explotados políticamente. Antes de salir de la Parroquia se presentan dos jóvenes universitarios, un varón y una mujer de unos 20 años aproximadamente. Le dicen que ellos también iban a esa reunión en Colonia Aborigen y si los podía llevar en la camioneta de la Iglesia. Joaquín no recuerda sus nombres. Seguramente si así lo hiciera, por esos años era común que los que pertenecían a algún grupo guerrillero llevaran nombres falsos. Sólo recuerda que algunas veces los vio en reuniones de las ligas y los campesinos.

Enfrentamiento en Colonia Aborigen

Emprenden el viaje hacia el encuentro con el campesinado de la Colonia, ubicada a unos 15 kilómetros de la localidad de Quitilipi. Un destacamento policial los detiene antes de llegar. Los jóvenes le avisan a Joaquín que van a bajarse. El sacerdote pensó que lo harían para preguntarle algo a los uniformados. Pero su apreciación fue equivocada. Los jóvenes se dirigen al policía e inmediatamente se produce un enfrentamiento armado. El agente queda herido, Joaquín se asusta e intenta volver a la parroquia de Quitilipi, pero cuando iba a pasar las vías del tren -ya dentro de la ciudad- dos policías lo detienen. Lo llevan a la comisaría, donde pasará la noche.

Torturado en cárceles chaqueñas

Al otro día muy temprano lo trasladan a la alcaldía de Presidencia Roque Sáenz Peña. Allí le tomarán las primeras declaraciones y le harán la prueba de parafina para determinar si tenía restos de pólvora en su mano derecha. A pesar de que niega rotundamente haber sido él quien disparó, dicha prueba misteriosamente le da positivo. De todas maneras, contra esas pruebas armadas muy poco podía hacerse en esos momentos. Por otra parte, el cura Gianfranco Testa también es detenido y llevado al mismo lugar que Núñez. Estuvieron aproximadamente unos quince días en la misma comisaría. Allí recibirán sus primeras torturas que consistían en golpes, los desnudaban, le vendaban los ojos, los tiraban al piso y los pateaban con las botas. A tal punto que recuerda que un policía le dijo al otro: "Yo me voy porque mis piernas no dan más de tanto patear a los curas". Es una pena que el Padre Núñez se haya olvidado los nombres y apellidos de aquellos valientes pateadores.

Misas en el confinamiento

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La segunda parte de las torturas las vivirán cuando son trasladados, primero a la alcaldía de Resistencia donde permanecerían casi dos meses y luego a la tristemente recordada U7. Esta cárcel fue uno de los centros de detención más tormentosos para los que luchaban por un ideal, por una causa social justa y verdadera. Por aquí pasaron varios detenidos importantes en la historia chaqueña y allí estuvieron los curas, pecadores por defender a los campesinos. Fueron puestos en celdas distintas. Su único puente de comunicación se basaba en la oración. Ambos pidieron si les podían dar misa y fue José Agustín Marozzi (quien el 18 de agosto de 1957 sería ordenado Obispo titular de la Diócesis de Resistencia) el que se acercó hasta la cárcel para complacer el pedido. Antes y después de cada oficio los curas eran desnudados para ser revisados. De todas maneras, las misas duraron poco tiempo. Luego fueron prohibidas por los policías dentro de los pabellones. 

El calvario en el sur

En 1975 los sacerdotes son separados. Núñez es trasladado a Rawson en la provincia de Chubut, mientras que Testa es llevado a la cárcel de Devoto en Buenos Aires. Joaquín me cuenta su experiencia como prisionero en el sur del país, donde vivirá nuevas torturas. El invierno estaba a pleno, siete grados bajo cero. Sus primeros diez días los pasó en un pequeño calabozo, vestido con un pantalón y una camisa de tela fina. Las prendas eran acordes con las torturas, estaban hechas a propósito para que ningún detenido se vaya sin conocer el frío del sur. Le daban de comer cada dos o tres días y cuando lo hacían, a los dos minutos le retiraban el plato. Sus necesidades fisiológicas debía hacerlas dentro de esta pequeña celda pues ningún guardia lo sacaba al baño. Luego lo pasaron a los pabellones de la cárcel. Aquí era un poco más "cómodo" para él, aunque en cada celda habitaban dos prisioneros porque había demasiadas personas detenidas. La mayoría de los presos, incluyendo a Joaquín, eran vistos como peligrosos subversivos. Algunas madrugadas era despertado, lo desnudaban y le tiraban baldes de agua fría en pleno invierno, mientras le decían: "Te va a pasar lo mismo que a Mujica, cura hijo de p…".

Libertad condicional

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Ya en 1976 y luego de cuatro meses en el frío lo trasladan a la cárcel de Devoto y de allí al penal de La Plata. Aquí estuvo detenido por última vez, pero su liberación aún estaba en dudas. No querían otorgarle la libertad condicional porque era acusado de contar con un elemento punzante dentro de la celda. Éste consistía en un clavo que estaba en la pared donde el sacerdote colgaba una toalla. De todas maneras, consigue su libertad condicional y el 6 de mayo de 1979 llega a Rosario, Santa Fe. Costó mucho para que le dieran su licencia ministerial. El obispo Guillermo Bolatti se la negaba, pues a veces los representantes de Dios en la tierra suelen ser un tanto burocráticos. Es citado para recibirla y llega al despacho del obispo con su túnica marrón, el hábito usado por los franciscanos. Al otorgarle la habilitación para desempeñarse como sacerdote, Bolatti le dice: "Usted es un franciscano montonero". Joaquín solo atinó a contestarle que si su presencia sería un problema estaba dispuesto a retirarse y no insistir. La autorización ministerial estaba limitada: Sólo podía atender a niños que tomarían su primera comunión.

Siempre con los pobres

Una vez instalado en Rosario, más precisamente en la villa Bella Vista Oeste, pudo notar que la juventud universitaria se plegó a la Iglesia. Este efecto sucedió porque era uno de los únicos lugares seguros donde los que resistían al dictador podían reunirse. De igual modo había infiltrados encargados de seguir muy de cerca los pasos del sacerdote y hasta grababan sus homilías cuando decía misa. Para Joaquín Núñez las Ligas Agrarias de Chaco han tenido gran significación en su vida. A pesar de las torturas, a pesar de que su propia institución (la Iglesia) lo dejó solo y a pesar que fue tratado como un miserable por policías y militares, siguió trabajando. Apostando al sueño de una Patria que no se olvide de los pobres, de sus pobres de la villa. Su villa, como él mismo la llama, cuenta con un centro comunitario donde se realizan varias actividades. Allí se sirven trescientas raciones diarias de comida, se brinda apoyo escolar y funciona como centro de alfabetización.

(Entrevista realizada por el profesor e historiador José Mauricio Muro).

Un día antes de su muerte citaron a uno de sus torturadores

QUITILIPI (Agencia) Un día antes del fallecimiento del padre Joaquín Núñez se conoció a través de los medios provinciales un avance en la investigación por las torturas a sacerdotes vinculados a las Ligas Agrarias. 

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La Justicia Federal de Resistencia citó a indagatoria al suboficial de la Dirección de Investigaciones de la Policía del Chaco, Gabino Manader, por los delitos de privación ilegal de la libertad y tormentos agravados (considerados crímenes de lesa humanidad), contra los sacerdotes Joaquín Núñez y Gianfranco Testa, por hechos ocurridos en el año 1974 en la Alcaidía de Sáenz Peña. 

Núñez se desempeñaba en la parroquia de Quitilipi y Testa en la iglesia de Machagai, desde donde integraron el Movimiento Rural Católico y luego acompañaron la conformación de las Ligas Agrarias de pequeños productores. Ambos religiosos fueron detenidos por la Policía del Chaco y trasladados a la Alcaidía de Sáenz Peña, donde fueron torturados por una comisión de la Dirección de Investigaciones encabezada por el jefe y subjefe de comisarios, Carlos Alcides Thomas y Wenceslao Ceniquel, el suboficial Gabino Manader y el agente José María Cardozo. Debido a que los policías Thomas, Ceniquel y Cardozo ya fallecieron, la citación definida por la jueza Federal, Zunilda Niremperger, fue hacia Manader. 

La reconstrucción de los hechos realizada por la Fiscalía se asienta en los relatos de las víctimas, declaraciones de otros detenidos, testimonios de las monjas Nuria Puiggros Sampere, Ruth Ligia María Rodríguez y Epifanía Ceferina Neira, además de actuaciones judiciales e informes médicos de la época.

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