Cuestión de fe
Hay un dato que sirve -y casi basta por sí mismo- para que cada uno sepa dónde está parado hoy en términos de economía hogareña, y es el costo de la Canasta Básica Total definido para julio de este año por el Indec, en el mismo informe que contuvo el dato de inflación difundido la semana pasada. El relevamiento estadístico oficial fijó esa línea en 900.648 pesos para una familia de cuatro integrantes (dos adultos y dos niños). Si en la casa hay cinco personas (dos adultos y tres menores), el combo de gastos básicos sube a 947.283 pesos. El test automático que cada uno puede hacer es determinar si su grupo familiar tiene ingresos totales por encima de esa suma o por debajo. Haber tenido menos recursos mensuales que ese es estar en situación de pobreza, midiéndola estrictamente por ingresos.
En el Chaco, las cifras varían un poco; pero el trazo grueso no cambia. En su habitual informe sobre IPC y canastas, la consultora local Politikon informó que el costo de la Canasta Básica Total en el Gran Resistencia fue -en julio- de 913.990 pesos para un grupo familiar tipo 2 (dos adultos, dos chicos). Solo para alimentación básica hacen falta 407.806 pesos (unos dos mil pesos más que el promedio nacional). Es la línea de indigencia. Por debajo de eso hay alimentación deficiente o simplemente hambre.

DESCENDIDOS
Si el costo de la Canasta Básica Total resulta inalcanzable para casi la mitad de los argentinos, eso es lógicamente mucho peor en nuestra provincia, que frecuentemente aparece como el distrito con los niveles salariales más bajos de la Nación. Por eso, este mes el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA estimó -con base en datos de la Encuesta Permanente de Hogares- que en el Gran Resistencia la pobreza ya involucra a ocho de cada diez habitantes. Prácticamente la mitad de esos ocho ni siquiera logra superar la línea de indigencia. Según la consultora Focus Market, en noviembre del año pasado el Chaco era una de las jurisdicciones con peores ingresos diarios de sus habitantes medidos en dólares. En promedio, cada chaqueño tenía (de acuerdo con ese trabajo) un ingreso de 1,97 dólares por jornada.
De este escenario, que en definitiva nos tiene en el último vagón del tren pero involucra a toda la Argentina, venimos hablando desde hace décadas. Los números varían, pero los ascensos y descensos no son parte de un proceso marcado por la reversibilidad. No, las sumas y las restas fueron agravando el cuadro. Hay un núcleo duro de pobreza que diferentes analistas (por ejemplo, los especialistas del observatorio de la UCA) calculan en no menos de un tercio de la población total del país. Como si se tratara del ojo de un remolino, la pauperización social arrastra cada vez a más gente. Se verá, seguramente, en el informe del Indec con los indicadores sociales del primer semestre de este año, que se conocerá en septiembre.
CUESTIÓN DE HÁBITOS
Este panorama no encontró aún alivio con el recambio gubernamental de diciembre. Por el contrario, el ajuste implementado por Javier Milei agravó el derrumbe de los ingresos reales. El gobierno dice que lo hizo para evitar un proceso hiperinflacionario. No era una amenaza inverosímil, considerando los desarreglos del kirchnerismo y el final a toda orquesta (y a todo gasto) del gobierno del fauno Alberto y de su ministro-candidato Sergio Massa. Pero la dimensión monumental de los recortes, que incluyeron nada menos que la paralización de la obra pública, frenó las remarcaciones al costo de generar un nuevo padecimiento: la recesión, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo.
Con todo, la crisis argentina sigue siendo mucho más que económica. Este andarivel del declive nacional es el que más se siente en el día a día, pero desnuda un problema mayor y más de fondo, que es la incapacidad de las representaciones políticas para abordar una salida cuya receta tenga el sostén de un amplio acuerdo político. Y a esta altura, transcurrido más de medio año de las nuevas gestiones, se hace visible que esa incapacidad no es exclusiva de los que se fueron sino también de los que llegaron al poder.
Se puede decir en defensa de los actuales responsables de la administración del Estado que la principal oposición, el kirchnerismo, no muestra ningún interés real en colaborar con la reconstrucción de lo que él mismo contribuyó generosamente a arruinar, ni tampoco una mínima autocrítica sobre el monumental fracaso consumado, pero no asoma como una excusa suficiente. Parece más bien la continuidad de una manera muy argentina de ejercer el poder, que básicamente consiste en considerar que la única opción posible con el adversario es aplastarlo.
DISTANCIAS
Es verdad que entre las concepciones de Milei y las del kirchnerismo hay una veintena de galaxias de distancia, y que frente a ello la idea de un acuerdo suena algo tan realizable como un asado vegano a la estaca. Y, sin embargo, los pactos de la Moncloa, en España, tantas veces citados en los discursos de nuestra dirigencia, fueron firmados por la derecha y la izquierda ibéricas, tan distintas como que una era de alguna manera la heredera de casi cuarenta años de dictadura franquista y la otra había soportado persecuciones y ataques de todo calibre. Pero coincidieron en un programa de medidas consideradas básicas y necesarias para una sociedad empobrecida y una inflación que espantaba: era del 26%. Aquí parece haber bastante más motivos para entenderse y dejar los egos y las consignas para otro momento.
La apuesta de Milei seguramente es lograr una recuperación económica que lo dejaría como responsable exclusivo de la salida del abismo. Es como el que cruza a nado el río con el mapa del tesoro en el bolso. Lo asusta más la posibilidad de tener que compartir el rédito que la de ahogarse entre una orilla y otra. A pesar de que la ribera a la que quiere llegar se avizora lejana. Cuando asumió dijo que marzo y abril iban a ser los "meses duros" de su primer tramo de gestión. Estamos en la segunda parte de agosto y no hay señales de una recuperación consistente e integral. La dirigencia pyme pide medidas contundentes para detener el cierre de empresas y la pérdida de empleos. Los responsables de diversos servicios asistenciales, como comedores y merenderos populares, se declaran desbordados.
Es verdad, los mayores culpables de este cuadro son los que ahora, como si nadie supiera qué hicieron y cómo lo hicieron, dan cátedra sobre cómo hay que conducir el país o la provincia. Algo así como si Jota López se pusiera a bajar línea sobre cómo debe jugar River. Pero las autoridades actuales no pueden pararse en ese argumento para omitir acciones que alivien la parte más lacerante de la situación. Por un lado, el hambre, la infancia vulnerada. Por otro, dar señales de que el país tendrá un rumbo, independientemente de quién lo gobierne. Algo como el acuerdo de fuerzas políticas que en 2005 le permitió a Uruguay sortear una crisis muy compleja e iniciar un proceso de crecimiento e inversiones.
¿Qué tienen los demás que no tenemos nosotros? Quizá sentido de la responsabilidad colectiva que pesa más que las ambiciones personales. Menos vanidades, más humildad. La idea, alocada para nosotros, de que darle la razón al otro de vez en cuando no mata a nadie. La fe -que no tenemos aquí- en que hay vida más allá de uno mismo.










