¿Es posible un futuro sin desperdicios?
Según Paul Connett, uno de los más férreos defensores de la teoría de Basura Cero, las enormes cantidades de desechos que se generan todos los días en las ciudades son el resultado de exagerados hábitos de consumo que son insostenibles. La semana pasada, el municipio de Resistencia informó que recolectó más de 160 toneladas de basura de un lugar que se había limpiado hace solo un mes. ¿Es posible imaginar ciudades sin tantos desechos?
Si para muestra basta un botón, el caso que informó la comuna capitalina es más que suficiente para generar, al menos en un primer momento, una reflexión sobre el funcionamiento de las sociedades de consumo. Las cifras que se conocieron en relación con el retiro de toneladas de residuos en la zona sur de Resistencia son preocupantes: el personal municipal tuvo que retirar entre 17 y 19 camiones colmados de basura de las inmediaciones del canal 16, un lugar que poco antes estaba totalmente recuperado. Por un lado, hay que decir que, así como el Municipio tiene la obligación de mantener limpios los espacios públicos, la ciudadanía tiene como mínimo el deber de no ensuciarlos.
El experto al que se hace referencia en el inicio de esta columna es doctor en Toxicología y es conocido por ser uno de los fundadores de la teoría de Basura Cero. Dicho conjunto de ideas postula que la naturaleza forma parte de un ciclo donde todos los materiales son reutilizados y reciclados, lo que contrasta con la forma en que los seres humanos manejan sus productos, creando residuos que no pueden ser reintegrados al medio ambiente de manera efectiva. Connett sostiene que la solución a este gran problema que plantean los residuos radica en la implementación de prácticas como la recuperación, el reciclaje y el compostaje. Afirma que, si un producto no puede ser reutilizado o reciclado, no debería ser fabricado. Esto, por cierto, implica un cambio fundamental en la manera en que las industrias producen y los consumidores consumen, promoviendo un modelo más circular y sostenible en lugar del actual modelo lineal de "extraer, consumir y desechar".
Es importante recordar que la formación de basurales en distintos puntos de la ciudad representa también un riesgo para la salud de la población. Suele pasar que los vecinos que arrojan pequeñas cantidades de basura en lugares inadecuados, por lo general eligen las esquinas o algunos terrenos baldíos que no están debidamente cuidados. Después se produce una especie de efecto contagio que hace que otros hagan lo mismo, como si arrojar basura sobre basura los eximiera de responsabilidades. El problema es que estos minibasurales pueden dar lugar a la presencia de plagas que actúan como vectores o reservorios de ciertas enfermedades zoonóticas. El caso más común es de los roedores que se alimentan de basuras y restos de comida en mal estado, en lugares insalubres donde existe una amplia variedad de agentes patógenos, transformándose luego en un serio problema para la salud de la población. La basura atrae más basura. Por eso, la ciudadanía debe tomar conciencia de la necesidad de respetar los lugares y horarios habilitados para depositar la basura. Los municipios, por su parte, deben asegurar el servicio de recolección periódica de residuos y, llegado el caso, aplicar sanciones a quienes no respeten las normas vigentes. Es necesario que cada uno colabore y tenga en claro que no se deben arrojar residuos en la vía pública fuera de los lugares permitidos.
El cuidado del medio ambiente y de la salud pública requiere del compromiso de todos. Es una tarea que, para que se cumpla cabalmente, debe ir acompañada de un cambio cultural de la sociedad. En ese sentido, es necesario promover campañas para generar conciencia sobre la importancia de valorar los espacios verdes y del cuidado de las distintas especies de árboles. En el área metropolitana es importante también asegurar la protección del río Negro, que presenta en sus alrededores un importante número de lagunas que forman parte del paisaje de esta zona del país. Valorar lo que se tiene debe ser una prioridad y nadie debe permanecer indiferente al enorme desafío de cuidar el ambiente, que adquiere una mayor dimensión en las ciudades más pobladas donde se generan a diario toneladas de residuos domiciliarios.










