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Los riesgos del consumo excesivo de ultraprocesados

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reiteró su preocupación por la tendencia a un mayor consumo de alimentos ultraprocesados que se observa en muchos hogares de la región. Según el organismo internacional, estos malos hábitos aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles como obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas.

Se denomina "ultraprocesados" a los productos comestibles industrializados que se prepararan a partir de sustancias extraídas o derivadas de alimentos. En su fabricación se utilizan aditivos y cosméticos que dan color, sabor o textura para intentar imitar a los alimentos naturales. Estos productos, según la OPS, están nutricionalmente desequilibrados, ya que poseen un alto contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas, en comparación con los productos, platos y comidas sin procesar o mínimamente procesados.

No deben confundirse con los alimentos procesados que se encuentran en las góndolas de los supermercados, que son aquellos que han sido sometidos a algún tipo de transformación industrial que modifica su forma original, pero que no altera significativamente su contenido nutricional. Este procesamiento, explican los expertos, puede incluir técnicas como el congelado, enlatado, secado o la pasteurización. Como ejemplos de alimentos procesados se pueden mencionar las verduras congeladas, los tomates enlatados y la leche pasteurizada, que pueden contener ingredientes adicionales como conservantes o nutrientes añadidos, pero generalmente conservan una buena parte de su valor nutricional y son considerados más saludables en comparación con los ultraprocesados. Éstos últimos, en cambio, son fabricados a partir de formulaciones industriales que contienen pocos o ningún alimento entero, por lo tanto, poseen un escaso valor nutricional. Bebidas azucaradas y saborizadas, jugos de fruta endulzados, bebidas energizantes, productos de copetín o snacks, comidas envasadas listas para consumir y productos preformados congelados, son algunos de ellos.

Un informe de la OPS revela que en los países de la región se registró en los últimos años un aumento de las ventas y del consumo relacionado de esos productos con bajo valor nutricional. Distintos estudios encargados por el organismo mostraron que existe una relación directa entre la compra de ultraprocesados y el incremento del peso corporal de las personas que los consumen. Así lo señala el documento "Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: ventas, fuentes, perfiles de nutrientes e implicaciones" publicado por la OPS que, además, revela que casi el 60% de los latinoamericanos (cerca de 360 millones de personas) vive con sobrepeso. En las conclusiones de ese informe se observa que tanto los alimentos que presentan una pobre calidad nutricional, están reemplazando a las comidas caseras más nutritivas de las dietas de las familias en América Latina y El Caribe, lo que genera efectos alarmantes en la salud y requiere de regulaciones por parte de los gobiernos de la región para revertir esta tendencia. Por otra parte, se llevan a cabo nuevas investigaciones para confirmar si, como advierten algunos expertos, el consumo habitual de ultraprocesados está asociado con mayor riesgo de ansiedad, depresión y deterioro cognitivo. Las hipótesis plantean que cuantos más alimentos ultraprocesados consume una persona, mayores son las probabilidades de que se sienta deprimida y ansiosa. Es que, siguiendo ese razonamiento, al parecer, los ultraprocesados, al ser ricos en sal, azúcar y grasas, pueden generar adicción al estimular los centros de recompensa del cerebro. Esto haría que sea difícil para una persona reducir su consumo. En nuestro país, el incremento en los precios de algunos alimentos frescos, como frutas y verduras hizo que muchas familias de bajos recursos los reemplacen por productos industrializados con pocos nutrientes esenciales.

Frente a este escenario, es importante generar entornos que faciliten el acceso y consumo de alimentos saludables. Esto debe incluir, entre otras medidas, la regulación de la venta de alimentos no saludables en escuelas y la promoción de la educación alimentaria y nutricional.

Por otro lado, se necesita generar una mayor conciencia en la población sobre este problema, para poder cambiar las percepciones de los consumidores sobre el procesamiento de alimentos y promover el consumo de alimentos mínimamente procesados y comidas caseras. Por último, vale recordar que, según la Organización Mundial de la Salud, una alimentación saludable es aquella que, basada en criterios de equilibrio y variedad y de acuerdo a las pautas culturales de cada grupo poblacional, aporta a las personas una cantidad suficiente de nutrientes esenciales.

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