Los peligros de la polarización política
El atentado que casi se cobra la vida del expresidente norteamericano, Donald Trump, deja en evidencia los graves riesgos que enfrenta una sociedad expuesta a una creciente polarización política. Si a eso se agrega un contexto con leyes favorables a la tenencia de armas por parte de civiles se obtiene como resultado un escenario propicio que fomenta una cultura de la violencia.
El problema de la polarización política no es exclusivo de EEUU. También en otros países, entre ellos la Argentina, se observan fenómenos similares, aunque cada caso tiene sus particularidades. En ese sentido, una investigación realizada por la organización de la sociedad civil Más Democracia y la consultora de comunicación y marketing digital Llorente y Cuenta reveló que el nivel de polarización de la conversación pública en Iberoamérica aumentó un 39% en los últimos cinco años y cada año más personas participan en las redes sociales de conversaciones que parten de posturas extremas. Según ese estudio, Brasil es el país de la región donde el fenómeno tiene mayor presencia, con procesos y recambios electorales que han profundizado la división en la ciudadanía. Argentina, en tanto, ocupa el segundo lugar de ese preocupante ranking que mide el mayor o menor interés que tienen las personas para participar en este tipo de conversaciones.
Tras el atentado cometido el sábado pasado contra Trump en Butler, Pennsylvania, el diario The Washington Post publicó en su editorial una profunda reflexión sobre el intento de magnicidio advirtiendo que la política estadounidense "se ha vuelto tóxica y divisiva, infectando a toda la sociedad". "Es necesario redescubrir lo mejor de nosotros mismos como nación y ciudadanos, dejando atrás la retórica extremista y polarizante. Se hace un llamado a recuperar la civilidad, el respeto mutuo y la capacidad de escuchar y dialogar con quienes piensan diferente", agrega la columna del matutino, para luego hacer un llamado a los líderes políticos estadounidenses y a la ciudadanía en general a trabajar juntos en busca de soluciones a los problemas comunes, trascendiendo las diferencias partidistas. Salvando las distancias, la reflexión bien podría aplicarse también a nuestra sociedad, donde algunos parecen haber perdido la capacidad de sostener una discusión razonable sobre los asuntos públicos. Es por eso que se debe evitar caer en los extremos, para no comenzar a transitar caminos que solo conducen a la violencia. No se debe olvidar el atentado contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Dice The Washington Post en su columna: "En este momento, debemos reconocer que (en EEUU) todos hemos sido afectados por la política tóxica, sin importar lo que creamos o dónde caigamos dentro del espectro político". Si se tiene en cuenta, además, que el país del norte tiene más de 390 millones de armas en circulación, lo que representa una tasa de 120 armas por cada 100 habitantes, se puede observar lo peligroso que resulta la combinación de discursos virulentos y civiles que tienen fácil acceso a armas de grueso calibre. En ese sentido, se debe prestar atención a las declaraciones a medios estadounidenses que realizó el académico Arie Perliger de la Universidad de Massachusetts, al ser consultado sobre el intento fallido contra la vida del expresidente Donald Trump. Perliger advirtió que en vista de la grave polarización política que vive el país del norte "no es una sorpresa que eventualmente la gente recurra a la violencia". "Estuvimos a una pulgada de una guerra civil", alertó. Si bien es cierto que en nuestro país la cuestión de las armas en manos civiles está muy lejos del grave problema norteamericano, no hay que olvidar que, en los últimos años, algunas figuras políticas que se preparaban para competir en las elecciones con el fin ocupar cargos públicos insistían en promover la libre portación de armas. Es importante, entonces, recordar que las instituciones de la democracia definen con claridad los mecanismos y dispositivos a los que se deben recurrir para gestionar los distintos grados de conflictividad que se producen en el seno de la sociedad. Esto implica que existe un consenso social de no utilizar la violencia como medio para resolver los conflictos.
Es necesario evitar que las posturas extremas alimenten un ambiente propenso a la violencia. Urge promover el respeto y el diálogo, que son esenciales para superar divisiones perjudiciales y evitar el riesgo de conflictos graves en el seno de la sociedad. Es fundamental que se sumen nuevos esfuerzos para generar un ambiente donde la democracia y el respeto mutuo prevalezcan sobre la polarización y la violencia.










