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Las pymes no pueden esperar mucho más

En un congreso nacional de pequeñas y medianas empresas realizado a fines de junio, el titular de la Secretaría Pyme del gobierno nacional, Marcos Ayerra, admitió que las medidas adoptadas por Javier Milei desde su llegada al poder afectan a ese sector de las compañías argentinas "en el corto plazo", pero sostuvo que "las va a potenciar en el largo".

Lo cierto es que la parte beneficiosa de la política económica vigente todavía está por verse. Mientras tanto, las pymes profundizaron la situación de ahogo en la que ya venían sumergiéndose -con altibajos- desde hace décadas.

En eso, conviene no caer en la trampa de pensar que la dureza con la que impacta hoy en el sector el ajuste de Milei sigue a un pasado reciente de prosperidad y horizontes claros. Por el contrario, la mirada mágica del kirchnerismo sobre la economía lo sumió en un deterioro progresivo que lo fue arrinconando en un escenario cada vez más complejo.

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SUBIBAJA

Hay que decir que las culpas sobre lo ocurrido hasta diciembre no recaen exclusivamente en el peronismo. Las gestiones radicales y la del macrismo no cambiaron la realidad de fondo, ni la de un Estado convertido en generador compulsivo de cargas impositivas y obstáculos logísticos y burocráticos, ni la de un sector pyme obligado a sostenerlo a precios cada vez más altos.

Los emprendedores que emigraron de la Argentina hacia países normales y que lograron desarrollar sus proyectos en ellos testimonian una impresión que varía en los detalles pero comparte una base común: viven el alivio de encontrarse en lugares en los que lo maravilloso no es que reciban un apoyo oficial generoso, que en verdad no existe, sino que nadie se ocupa de mil maneras diferentes de hacerles todo más difícil.

En nuestro país, los empresarios de micros, pequeñas y medianas empresas se convirtieron en personas carentes de sentido común. Apuestan mucho (a veces, todo lo que tienen) con casi nada a favor. Sistemas de habilitación engorrosos, contradictorios, laberínticos y habitualmente filtrados por la corrupción. Una estructura tributaria delirante y onerosa. Reglas de juego que cambian todo el tiempo. Vínculos con el resto del mundo que por épocas son totalmente liberados o absolutamente cerrados. Recambios políticos que derogan toda certidumbre. 

REGLAS DE JUEGO

De la economía sobre la que deben navegar, ni hablar. Con el mismo partido político pueden tener, en diferentes mandatos, estatizaciones y privatizaciones de las mismas empresas. Si hay crecimiento, hay inflación; y manejar una empresa se vuelve un juego de final abierto. Si los precios se aquietan es al costo de una recesión, y manejar una empresa... se vuelve un juego de final abierto. El acceso a moneda extranjera para poder operar con clientes o proveedores del exterior puede ser libre o mediado por veinte tipos de cambio distintos, cada uno de ellos con su letra chica. 

El financiamiento es caro en los tiempos malos, y en los tiempos buenos no tanto, pero con un detalle: los requisitos son tan exigentes (definidos por banqueros que saben que aquí los buenos tiempos suelen terminarse en pocos años) que los "créditos pyme"... no son para pymes. 

Eso sí, aunque todas esas sean las condiciones en que las pymes deben esforzarse por no morir en el intento, el Estado las trata como si desarrollaran sus actividades en el mejor de los mundos. Les impone cargas fiscales y tarifas descomunales a fin de sostener la formidable dimensión del sector público; les pauperiza progresivamente su mercado de consumidores; las paraliza con embargos y bloqueos de cuentas si todo lo anterior les impide cumplir con sus compromisos impositivos; las hace generar empleo con leyes laborales de setenta años de antigüedad.

HECHA LA LEY...

Al mismo tiempo, el empresariado adquirió vicios propios de semejante combinación de condiciones. Como el Estado se convirtió en la única constante de la economía argentina (devalúa, emite moneda, crea impuestos, suelta bonos, todo en función de sus necesidades y las de su burocracia), el vínculo con él se volvió -para buena parte del sector- en un obsesivo objeto de deseo.

Se dieron así relaciones impropias que enriquecieron a ambos lados del mostrador. El Caso Cuadernos blanqueó lo que sucedía en la industria de la construcción al más alto nivel, pero esa práctica ni fue privativa del kirchnerismo (aunque la haya cultivado con tanta pasión) ni quedó acotada a un único rubro.

Subsidios, permisos selectivos, maniobras para favorecer nichos oligopólicos, licitaciones amañadas son parte del folclore nacional. El Chaco no fue la excepción. Y todo esto es un factor más que conspira contra los empresarios pyme que pretenden ir por derecha. Es competir con la cancha inclinada.

TIEMPO PRESENTE

Ahora el eje de la adversidad es el cuadro social y económico. La acentuación de la pobreza y el incremento de la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados repercuten en las ventas de comercios y prestadores de servicios, y en las industrias que los proveen.

La caída en la actividad, en el consumo, en los ingresos reales de las empresas conforman un combo de alto riesgo. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) acaba de pedir al gobierno que al menos afloje la soga impositiva sobre el cuello de las pymes y prorrogue vencimientos de obligaciones. La Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC) sostiene que en los primeros seis meses de gestión de Milei cerraron 10.000 pymes en el  país, con un impacto obvio en el empleo.

El Movimiento Nacional Pyme viene peleando desde hace tiempo por una ley específica para el sector. Elaboró un proyecto amplio y abarcativo, que recién en las últimas semanas parece estar logrando avances en el Congreso. El chaqueño Maximiliano Pisetta ocupa la vicepresidencia del Monapy. Empresario gastronómico, suele decir que en la Argentina "se normalizó la locura". Lo que hace falta es que, para las pymes y para todos, en el país la locura vuelva a estar en el casillero de la locura y la normalidad sea verdadera normalidad.

La posibilidad de que esa ley salga es una de las luces que algunos emprendedores ven en el largo túnel nacional. Porque el problema, retomando las expresiones del secretario Ayerra mencionadas al principio, es que la gran mayoría de las pymes no tienen demasiado hilo en el carretel como para seguir esperando. 

El gobierno de Milei predica la "eliminación del Estado". Se lo puede entender solo como una metáfora; de otro modo es una irracionalidad total. Pero si lo que pretende decir es que el Estado tal como lo hemos entendido debe dejar paso a un rol y a un diseño diferentes, es todavía más necesario que también se favorezca el surgimiento de un sector privado saludable, que encuentre en el sistema la posibilidad de crecer y no una constante conspiración contra su subsistencia.

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