Valores que no pasan de moda
El surgimiento de fuerzas políticas de extrema derecha en distintas partes del mundo vuelve a poner sobre la mesa de debate una de las ideas recurrentes que permea a estos movimientos políticos: la noción de la competencia individual y la supervivencia del más apto, conceptos que tienen sus raíces en teorías evolutivas y económicas del siglo XIX y que contrastan con recientes descubrimientos realizados por la antropología que demuestran que la cooperación y la solidaridad entre individuos también fueron clave para el desarrollo de las sociedades humanas.
La teoría de la selección natural de Darwin postula que los organismos mejor adaptados a su entorno tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo sus características ventajosas a las siguientes generaciones. Esta idea ha sido extrapolada al ámbito social y económico, donde se argumenta que individuos y grupos que poseen habilidades, recursos o capacidades superiores tienen derecho a beneficiarse de su posición en la sociedad. Desde esta perspectiva, las nuevas derechas promueven políticas que enfatizan la meritocracia, la libre competencia y la mínima intervención del Estado en los asuntos económicos, argumentando que esto fomenta la innovación, el desarrollo y el progreso colectivo. Sin embargo, esta interpretación de la competencia individual y la supervivencia del más apto también ha sido objeto de críticas. No son pocos los que advierten que esa mirada, llevada a un extremo, puede llevar a una exacerbación de las desigualdades sociales, donde aquellos que ya están en una posición privilegiada tienen más oportunidades para consolidar sus ventajas, perpetuando así estructuras que, con el paso del tiempo, tienden a fosilizar a la sociedad, en detrimento de la innovación y el desarrollo. Además, esta visión puede pasar por alto las barreras estructurales y sociales que limitan las oportunidades para muchos individuos, como la discriminación y la falta de acceso a la educación, entre otros factores, que no son menores en la Argentina actual que tiene a la mitad de su población viviendo en la pobreza.
Desde un punto de vista político, las nuevas derechas han adoptado esta narrativa como parte de su plataforma ideológica, presentando políticas que promueven la competitividad económica, la reducción de impuestos para los que tienen más recursos y la flexibilización de regulaciones laborales como medios para fomentar el crecimiento económico y la prosperidad general. Sin embargo, la implementación de estas políticas ha generado debates intensos sobre su impacto en la cohesión social, la justicia distributiva y la sostenibilidad ambiental.
En los últimos años, la antropología ha explorado con mayor profundidad las denominadas "conductas prosociales" (como la solidaridad, el altruismo, la cooperación, la ayuda al prójimo y el cuidado de los niños, los adultos mayores y las personas con discapacidad) dentro de las comunidades humanas prehistóricas. Los resultados de las investigaciones mostraron situaciones que confirman la importancia fundamental de la cooperación y el cuidado hacia los más necesitados en la evolución social y cultural de la especie humana. En ese sentido, los científicos destacan especialmente la evidencia de prácticas de cooperación entre individuos en las primeras comunidades humanas. Contrario a la noción popular de que la supervivencia de los seres humanos en el pasado estaba marcada por la competencia feroz, los descubrimientos arqueológicos y antropológicos que muestran a las comunidades prehistóricas que frecuentemente dependían de la colaboración mutua para enfrentar desafíos ambientales, desde la caza hasta la construcción de refugios.
El historiador israelí Yuval Noah Harari asegura que los avances logrados en distintas etapas de la humanidad fueron posibles gracias a la predisposición de los seres humanos para trabajar en forma colaborativa en grupos. La diferencia real que tiene la especie humana con el resto de los animales -dice el historiador- no reside en la capacidad de realizar actividades a nivel individual, sino en la voluntad de cooperar en grupos de manera flexible y a gran escala. Si bien ideas como las de la competencia individual y la supervivencia del más apto ayudan a entender el desarrollo humano y social, en estos tiempos de dificultades para buena parte de la población, es necesario considerar sus implicaciones éticas y sociales para asegurar que las políticas promovidas no perpetúen injusticias ni desigualdades profundas en la sociedad. En tiempos de alta desocupación y con niveles de pobreza que asustan, se necesitará cada vez más actos de generosidad y empatía hacia quienes enfrentan dificultades o adversidades.










