Un pilar fundamental de la salud pública
La Organización Mundial de la Salud recuerda periódicamente que la vacunación infantil es un pilar fundamental de la salud pública que salva millones de vidas cada año en todo el mundo y protege a las generaciones futuras de enfermedades graves y potencialmente mortales. Se trata, remarcan los expertos del organismo internacional, de una forma sencilla, inocua y eficaz de proteger contra enfermedades dañinas antes de entrar en contacto con ellas.
Las vacunas previenen enfermedades que pueden ser devastadoras y que en el pasado causaron una alta mortalidad infantil. Ejemplos como la poliomielitis, el sarampión, la difteria y la tos ferina son ahora raramente vistos en países con altas tasas de vacunación, gracias a la inmunización sistemática de la población infantil. Es que las campañas de inmunización hacen que, en cada niño, se activen las defensas naturales del organismo para que aprendan a resistir a infecciones específicas. Tras la colocación de una vacuna, el sistema inmunitario produce anticuerpos, como ocurre cuando la persona se expone a una enfermedad, con la diferencia de que las vacunas contienen solamente microbios (como virus o bacterias) muertos o debilitados y no causan enfermedades. Otro dato a tener en cuenta es que las vacunas no solo protegen al individuo vacunado, sino que también contribuyen a la protección colectiva de la comunidad mediante la creación de lo que se conoce como inmunidad de grupo o "efecto rebaño". Esto significa que cuando un alto porcentaje de la población está vacunado, se reduce la propagación de enfermedades, protegiendo incluso a aquellos que no pueden ser vacunados debido a alergias u otras condiciones médicas.
Un caso que refleja la importancia de la vacunación infantil es el que ocurrió en febrero de 2019 en Costa Rica, cuando un niño francés de cinco años fue de vacaciones con sus padres para disfrutar las hermosas playas de ese país centroamericano. El pequeño no estaba vacunado contra el sarampión y contrajo la enfermedad. De esa manera, al llegar a Costa Rica volvió a introducir el sarampión en un país que varios años antes había logrado erradicar la enfermedad: no registraba un caso autóctono desde 2006 y ninguno importado desde 2014. El episodio dio lugar a una serie de debates sobre la decisión de algunos padres de no vacunar a sus niños, pese a que hoy se sabe que las vacunas son seguras y efectivas, ya que través de rigurosos procesos de investigación y pruebas, se garantiza que cumplan con altos estándares de seguridad antes de ser aprobadas para su uso generalizado en la población. Hay que decir también que los efectos secundarios graves son extremadamente raros en comparación con los riesgos significativamente mayores de no vacunarse.
Durante la pandemia de coronavirus surgieron grupos antivacunas que se oponían a la inmunización. Sin embargo, en nuestro país un trabajo de análisis estadístico de investigadores demostró el impacto positivo de la inmunización contra el SARS-CoV-2 en niños, niñas y adolescentes, y reveló que las tasas más altas de mortalidad se dieron en los grupos etarios donde la cobertura fue menor. El estudio, realizado por el Departamento de Química Teórica y Computacional de la Universidad Nacional de Córdoba, concluyó que la tasa de mortalidad disminuyó para los grupos de 3 a 11 años y de 12 a 17 años, que tuvieron altas coberturas de vacunación, pero no para el grupo etario de 0 a 2 años, en el que casi no hubo acceso a la vacuna en el período 2020-2022. Queda claro, entonces, que vacunar a los niños es una responsabilidad compartida que no solo protege su salud individual, sino que también contribuye al bienestar de toda la comunidad. Es vital que los padres, cuidadores y autoridades sanitarias comprendan y promuevan la importancia de seguir los programas de vacunación recomendados para garantizar un futuro más saludable y seguro para todos.
La humanidad lleva más de dos siglos beneficiándose de la eficacia de las vacunas. Después del agua que es apta para consumo humano, la vacunación es la intervención de salud pública que más ha logrado reducir las muertes por enfermedades en todo el mundo. Las vacunas, además, permitieron que la esperanza de vida promedio a nivel global haya mejorado en forma notable: en el año 1900 era de casi 40 años y hoy está por encima de los 77. Son, sin dudas, una pieza clave de la salud pública.










