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El motor tiene que arrancar

Días antes de que el ingeniero Fernando Vilella asumiera el cargo de secretario de Bioeconomía de la Nación, tuve ocasión de mantener una larga charla con él y de intercambiar información respecto de lo que en provincias como el Chaco se pueden establecer como metas productivas.

En todos los casos, pude arribar a la conclusión de que hay dos caminos paralelos que debemos transitar a través de los esquemas productivos: el campo de la investigación y el de la educación de calidad.

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Cuando sostenemos que es inadmisible pensar que nuestras acciones puedan limitarse a la entrega de alimentos, como sucedió por estos días, teniendo tan altos índices de desocupación y pobreza, basta para argumentar con señalar que es un cachetazo continuar con los mismos indicadores cuando tenemos todo para el desarrollo.

UN APORTE

La mesa técnica del Grupo Agroperfiles ha hecho una gran contribución para el Chaco actual con un mapa actualizado, dividido por zonas y por tipos de producción primaria, con fortalezas y debilidades, y con amenazas, pero también con oportunidades únicas si las sabemos aprovechar.

En un todo, hay aspectos que se tienen que mejor conocer y exponerse más: potencial y cerebro local tenemos de sobra para formalizar propuestas, saliendo de la crítica que se expresa sin proponer una salida.

POBREZA, ¿POR QUÉ TANTO?

En el interior del país nos pasa algo raro desde hace mucho tiempo: sabemos que, para disminuir la pobreza, la salida es el trabajo genuino. No hay planes sociales ni recetas demagógicas que puedan hacerlo. La pobreza se derrota con trabajo, con capacitación y con educación.

En la Argentina, en la década del 70, éramos 20 millones de habitantes y había solamente 1 millón de pobres. Hoy somos 46 millones de habitantes y tenemos 19 millones de pobres. Así, la pobreza alcanzó a 41,7% de la población que no logra cubrir gastos de la canasta básica, mientras que la indigencia subsume al 11,9%.

ALGO HICIMOS MAL

¿Por qué tantos pobres? Algo hicimos mal. Y es evidente que se hicieron tan mal las cosas como para que estos millones de argentinos no se desarrollen y hoy estén excluidos en la tierra de la carne vacuna, del trigo, de la miel, del maíz.

En provincias como el Chaco asistimos por décadas al éxodo de la población. En cada rincón del país se puede encontrar, seguramente, a un chaqueño. Y no solo se concentran en las villas de Buenos Aires o en La Matanza, sino también en el Gran Rosario.

¿Qué nos pasó? Simple: a algunos grupitos de poder les fue y les va muy bien en lo económico; mientras que para la mayoría lo que se multiplica es la exclusión, destrucción del aparato productivo, planes sociales esclavizantes, más impuestos, entre otros.

Es decir, no se facilitó a los inversores absolutamente nada. Por el contrario, el sistema económico fue para atrás, y celebremos que no tenemos tantos pueblos fantasmas. Porque el país no tuvo crecimiento económico en los últimos diez años.

SOMOS POTENCIA

No es una frase sin sentido: el Chaco tiene un gran y diverso potencial productivo primario para poder desarrollarse. ¿Qué le falta, entonces, para lograrlo? Organizarse, establecer metas y atacar las causas que impiden este desarrollo, en especial la falta de financiamiento. Sencillamente no hay créditos de calidad para el que produce, más allá de anuncios oficiales que no pueden salirse del libreto de lo que impone el Banco Central.

Aparece otro jugador interesante para los productores y para las pymes locales: la Bolsa de Comercio del Chaco, que tiene dinero y herramientas.

"Como conocedor del sector, siendo del interior y estando en la presidencia de la institución, les aseguro que van a tener un trato lo más cordial posible y haré todo lo que esté a mi alcance para lograr una ingeniería financiera", se lo escuchó decir a Dario Turletti, que preside la entidad bursátil.

EL MOTOR QUIERE ARRANCAR

Es mucho el potencial, y el motor quiere elevar de potencia. En ganadería hay miradas puestas en el uso del silvopastoril con generación de bonos de carbono, y hay claras expectativas en ello.

Con la aprobación de la actualización del OTBN crece la posibilidad de impulsar la industria de muebles de las más diversas maderas.

Otro potencial es el aprovechamiento de los residuos de las actividades productivas como la biomasa, que la usa Unitan en Puerto Tirol; o la plata de briquetas de carbón de la familia Vanderhoeven, en el parque industrial de Sáenz Peña.

Ni hablar de la frutihorticultura y de su posibilidad de nuevos mercados en la industria láctea, como es el caso de la frutilla. En la industria textil, a pesar del embate del clima y de los mercados, hay también perspectivas interesantes.

"Lo que puede generar el Chaco es extraordinario", le dijo oportunamente a este periodista el ahora secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella, que conoce por su trabajo en la facultad de Agronomía de la UBA lo que nuestra provincia necesita.

"Por un lado está el recurso y por otro está el mercado", observó Vilella, al señalar que el problema no es la demanda que pueda tener o no el Chaco, sino la oferta.

La clave –sugirió– es incentivar a los productores que inviertan, para lo cual es necesario darles las herramientas.

Joyitas que pueden ayudar al desarrollo

Años atrás, cuando la ingeniera Diana Piedra había accedido a la dirección regional del INTA Chaco Corrientes, quien escribe esta columna tuvo la oportunidad de iniciar una serie de visitas a las diferentes áreas de trabajo del instituto, advirtiendo que había trabajos hechos, pero cuya lectura se restringía al ámbito interno, mientras afuera los productores agropecuarios parecían desorientados sin acceder a asesoramiento ni a información de lo que allí se hacía.

Así, de manera sistemática, junto con Fabio Wyss que lideraba la agencia de extensión en Sáenz Peña, y gracias a las puertas siempre abiertas para el sector privado posibilitadas por Piedra, pudimos observar que "tenemos materia gris, tenemos conocimiento, y tenemos gente capacitada para colaborar con el aparato productivo y su desarrollo".

Por esta razón, me tomo el atrevimiento de compartir que en el INTA hay equipo, con una gran apertura que no se veía décadas atrás; el cual, más allá de los recortes y de algunos calificativos, pone todo de sí por el Chaco y por Formosa para su desarrollo, como también sucede en Corrientes con el ingeniero Pepe Rafart Anton.

Así, podemos mencionar aquí a Fernando Nenning, en Pasturas Megatérmicas; a Marcos Atanasio, en el asunto Forestales; a Gerardo Quintana, Cereales y Oleaginosas, y al ingeniero Astor López, en Recursos Naturales. También a Victoria Rossner, en Salud Animal; a Jose Rosello, en Nutrición Animal; a Hugo Passamano, en Agricultura Familiar, y a Aldo Smeriglio, en Caprinos.

En materia de algodón, al genetista Mauricio Tcach y a Alex Montenegro; en Plagas, a Macarena Casuso y a Marita Simonella, entre otros.

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