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Día Mundial

Nuestra relación con los océanos tiene que cambiar con urgencia

El Día Mundial de los Océanos debería ser todos los días del año, con el propósito de concienciar a la población sobre las consecuencias que tiene la actividad humana en ese gran ecosistema. 

Se persigue movilizar y unir a la población mundial en torno del objetivo de la gestión sustentable de los océanos, que son una fuente importante de alimentos, medicinas y una parte esencial de la biósfera. 

"Despertar nuevas profundidades" es el tema del Día Mundial 2024, un año enmarcado en el Decenio de Ciencias Oceánicas de la ONU. No tenemos tiempo para "ojos que no ven, corazón que no siente". Nuestra relación con los océanos tiene que cambiar con urgencia, porque hasta el momento nuestros esfuerzos no han hecho más que rozar la superficie. 

Sustento de la humanidad

El océano cubre más del 70% del planeta. Es nuestra fuente de vida, sustento de la humanidad y de todos los demás organismos de la tierra. Produce al menos el 50% del oxígeno del planeta, alberga la mayor parte de la biodiversidad de la tierra y es la principal fuente de proteínas para más de mil millones de personas en todo el mundo. Además, se estima que habría 40 millones de trabajadores en todo el sector relacionado con este recurso. 

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Con el 90% de las grandes especies marítimas de peces mermadas y el 50% de los arrecifes de coral destruidos, estamos extrayendo más del océano de lo que se puede reponer. Debemos trabajar juntos para crear un nuevo equilibrio en el que no agotemos todo lo que este nos ofrece, restauremos su vitalidad y le devolvamos nueva vida.

Cada año son miles las especies de plantas y animales que se extinguen debido a la gran cantidad de desperdicios depositados en el mar.

La función de los océanos

Los océanos absorben alrededor del 30% del dióxido de carbono producido por los humanos, amortiguando los impactos del calentamiento global. Bosques, suelos y océanos son los principales sumideros de carbono naturales, depósitos que absorben y almacenan dióxido de carbono (CO2), reduciendo sus niveles en la atmósfera por miles de años, pero la actividad humana viene perturbando su función. Muy importante para mitigar el cambio climático.

La actividad humana está alterando ese importante equilibrio. Nuestra dependencia de los combustibles fósiles y la deforestación está provocando que emitamos más CO2 del que la naturaleza puede absorber, por lo que gran parte de este gas de efecto invernadero se acumula en la atmósfera, causando el cambio climático. El calentamiento global es otra consecuencia, y estamos soportando el aumento de la temperatura. 

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Foto: WWF- Troy Maine.

Si dejáramos de emitir carbono totalmente, y a su vez que actúen los ecosistemas, estos lo seguirán retirando lentamente, buscando el equilibrio original. Sin embargo, la velocidad a la que aumentan las emisiones es inmensamente más rápida que la capacidad de los sumideros de captar todo el exceso.

Por el otro, la explotación de los bosques contribuyó a la liberación a la atmósfera de grandes cantidades de carbono que llevaban cientos o miles de años acumulados. Esta liberación se produce cuando se talan árboles, se queman grandes extensiones de bosque, provoca que los sumideros se conviertan en fuentes de emisiones.

Todo esto contribuye al cambio climático, que a su vez influye en la capacidad de la Tierra y los océanos para actuar como depósitos para absorber carbono. La acumulación de este dióxido de carbono en la atmósfera aumenta la temperatura del planeta. Por más emisión que captación, y debido a que la naturaleza tiene sus propios ritmos, los humanos estamos rompiendo esa función de sumidero.

En los humedales, sus islas o lagunas, existe lo que se denomina manglares, áreas bióticas o biomas (un área acuática que comparte el clima, flora y fauna) contiene una formación vegetal leñosa, densa, arbórea o arbustiva cercana a los cursos de agua dulce en latitudes tropicales y subtropicales. El actual Ordenamiento Territorial de Bosques OTBN pasó esta zona de baja conservación, por lo que será destruida y desmontada.  

Dinámica de los ecosistemas 

Los dos principales hogares de la vida en la Tierra son los bosques y los océanos, ambos contienen abundante biodiversidad, entendida como la variedad y variabilidad de los organismos vivos. En el océano habitan 280 mil especies, entre un 50 % y 80 % de la vida en nuestro planeta; por otro lado, los bosques albergan el 80 % de la biodiversidad terrestre. La vida terrestre como la oceánica forma vínculos muy poderosos y dependientes. 

Las investigaciones nos demuestran que ambos ecosistemas juegan un papel importante en la adaptación de la dinámica del planeta ante los efectos del cambio climático. Al ser considerados sumideros naturales de carbono, almacenan grandes cantidades de carbono durante largos periodos, disminuyendo de alguna manera con el impacto del calentamiento global. Papel duramente comprometido por la deforestación y la acidificación de los océanos.

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Foto: Alexis Rosenfeld - Olivier Bianchimani (Greenpeace).

La interconexión bosque-océano es poco entendida, necesitamos ahondar más en su funciones ecosistémicas propias. Los bosques como ecosistemas forestales sirven como un filtro, para equilibrar la carga y la escorrentía (el agua de lluvia que no se absorbe viaja por el suelo), así como reducir la entrada de fertilizantes, herbicidas, pesticidas y otros contaminantes dentro de los canales fluviales que conectan bosques con los océanos. 

Lo hacen al anclar sus raíces al suelo absorbiendo mucho más nutrientes y sedimentos. Las ramas y las raíces pueden almacenar y liberar vapor de agua, lo que controla la lluvia, y las hojas fertilizan los suelos. Es entonces caer en cuenta de que cuando los bosques son perturbados y degradados, esta función de filtro deja de funcionar.

La Argentina tiene la mayor superficie oceánica del mundo con 1.782.500 km².

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Foto: Greenpeace.

Mejorar políticas y acciones de gobernanza

Cada año son miles las especies de plantas y animales que se extinguen debido a la gran cantidad de desperdicios y agentes contaminantes depositados en el mar y, aunque se han tomado medidas para subsanar el problema, no han sido suficientes para evitar la extinción de grandes ecosistemas marinos que mueren por estas causas.

Este ejemplo tenemos muy claro que el enfoque relacionado con la gestión forestal tiene implicaciones directas para nuestros océanos, no solamente con el potencial para absorber CO2 y su capacidad de almacenarlo, sino también como sustento de comunidades que se benefician con los filtros de vías de agua limpias y saludables que escurren hacia los océanos que amortiguan las posibles crisis bióticas. 

Se debe logar un cambio de paradigmas y dejar los modelos centrados solo en el carbono por los roles de interconexión ecosistémica. La investigación científica proporciona el conocimiento para mejorar los planes, políticas y acciones de gestión para la gobernanza. Se debe crear alianzas multidisciplinarias entre biólogos marinos y expertos forestales para entender el impacto de la acción humana en estos ecosistemas. 

(El autor es abogado - MAT.764 STJ CHACO- y especialista en evaluaciones ambientales).

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