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Kirchnerismo y femicidio

Un análisis acerca de la participación de ciertos movimientos que se ocupan selectivamente de la defensa de los derechos humanos de las mujeres.

La realidad que estamos viviendo nos lleva a hacer un análisis de la participación de ciertos colectivos o grupos humanos que, en este caso particular, se ocupan selectivamente, de la defensa de los derechos humanos de algunas mujeres. 

Cuando hablamos de "feminismo" lo hacemos como movimiento político y social. Es una construcción que postula principios rectores de terminar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión, donde las personas vulnerables son las mujeres, las y los niños, las diversidades. 

Las estadísticas, fríos números, declaran la verdad: en Argentina solamente en este 2024 murieron como víctimas de femicidio más de 27 mujeres, dejando una centena de hijos sin madres, de los cuales el 67% son menores de edad. 

El Chaco no es ajeno a esta realidad: en lo que va del año, 7 mujeres fueron víctimas de femicidio, dejando de esta manera a siete niñas y niños sin sus madres. 

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La discriminación, la descalificación y la violencia machista debe ser rechazada independientemente de donde venga y no hacer excepciones cuando viene de las propias filas de la ideología política que se comparte, como nos tiene acostumbrados el kirchnerismo. 

Las feministas encolumnadas en el kirchnerismo seleccionan a qué victimarios van a defender, por acción u omisión… "Para muestra vale un botón", dice el dicho. Algunos ejemplos son suficientes para saber de qué hablamos: Gildo Insfrán manifestó que María Eugenia Vidal tenía atraso mental; Santiago Cafiero dijo que Patricia Bullrich tiene propensión a la bebida; todas maneras descalificantes. 

Ni Donda cuando presidía el Inadi, ni Mazzina cuando era ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, ni Gabriela Cerruti –portavoz del gobierno de Fernández– dijeron nada al respecto sobre los casos de violencia. 

Podemos seguir mencionando casos como el absoluto silencio ante el asesinato en la cárcel de San Luis, de Florencia Morales, que fue asfixiada por policías de una comisaría, donde la violencia policial es extrema en el gobierno de Alberto Rodríguez Saa. 

O bien Ernesto Schulman, presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, militante K, que agredió físicamente a una empleada por la demora de un bus. Los casos son muchos.

Juan Grabois, en un duro cruce con la periodista Cristina Pérez, le dijo "basura, sinvergüenza, racista, mentirosa, planera, delincuente".

Hugo Moyano se refirió a Graciela Ocaña "como cucaracha". La reconocida denuncia a José Alperovich, acusado de violación agravado por el vínculo, ya que la víctima es su sobrina.

 Demostrado está que la sociedad patriarcal abarca tanto que Milagro Sala ejercía la más cruel violencia hacia mujeres de su entorno. 

Últimamente, Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, fue denunciado y procesado por abuso sexual por una ex trabajadora municipal que, además hoy, teme por su vida. Situación que no solo no se repudió, sino que el gobernador de Buenos Aires salió en su apoyo. 

Y, lógicamente, el Chaco no es ajeno a los actos de violencia sino también a los silencios tan profundos, tal es el caso de la red de trata de mujeres en nuestra provincia, liderada por piqueteros y funcionarios vinculados con el kirchnerismo como Kilo Vallejos, Roberto Medina, Elida Mambrín en la causa "No me olvides". O el reconocido caso que tomó dimensiones descomunales donde están involucrados Emerenciano Sena, Marcela Acuña y César Sena, procesados por el Caso Cecilia. O el de Quintín Gómez, piquetero, funcionario del gobierno anterior, acusado de abuso sexual con acceso carnal, donde los principales sospechosos de los graves delitos integraban lista en las boletas que llevaban de candidato a gobernador al mismísimo Capitanich. 

Los "K" le pusieron la bandera partidaria a casi todos los organismos públicos y los utilizaron como escudo para cometer delitos sobre todo, para atacar a sus enemigos y proteger a los amigos, como se puede advertir. 

Hay una frase muy conocida que se le atribuía a Perón: "A los amigos, todo y al enemigo, ni justicia". Es por todo esto que desde todos los espacios debemos construir a través de la historia, luchar contra los estereotipos sociales y culturales del patriarcado, no contra el hombre. 

Sin banderías políticas, el feminismo requiere un compromiso práctico, donde el logro sea la equidad de géneros e igualdad de oportunidades, donde las mujeres seamos consideradas personas.

 (La autora es diputada provincial).

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