Una científica guiará los destinos de México
La candidata oficialista, Claudia Sheinbaum Pardo, se impuso por un amplio margen en las elecciones presidenciales celebradas en México y será la sucesora de Manuel López Obrador. Es la primera mujer que llega a jefa de Estado en más de dos siglos de historia del país azteca. "Aprendí que la ciencia es parte sustantiva del desarrollo de una nación", dijo durante la campaña. Su participación en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU anticipa que las políticas del cuidado del ambiente ocuparán un lugar central en la agenda de la segunda democracia más grande de América Latina.
Licenciada en Física, con una maestría y doctorado en Ingeniería Energética, Sheinbaum, de 61 años, tiene una larga trayectoria en la actividad política. Participó de la fundación del partido Morena que llevó a la presidencia a López Obrador y fue también la primera mujer en convertirse en jefa de Gobierno de la Ciudad de México, cargo que ocupó entre diciembre de 2018 y junio del año pasado. De esta manera, se ha asegurado un lugar en la historia política de México y, al mismo tiempo, ha marcado un punto de inflexión en la representación femenina en el más alto cargo del país. Con el respaldo de casi un 60% del electorado, su futura gestión en el Ejecutivo enfrenta múltiples desafíos, entre ellos el de impulsar medidas para lograr que México deje de ser uno de los países latinoamericanos con los índices más altos de asesinatos de mujeres por razones de género; luchar contra los cárteles del narcotráfico y acordar una agenda con Estados Unidos para, entre otros temas, resolver la cuestión migratoria. Sus colaboradores más cercanos aseguran que el domingo pasado el electorado reconoció a Sheinbaum su liderazgo en la lucha contra el cambio climático y la promoción de políticas ambientales sostenibles, además de su experiencia en temas científicos relacionados con el desarrollo. En ese sentido, distintos analistas observaron que su llegada a la presidencia no solo marcará un cambio de paradigma en la gestión gubernamental, sino también la consolidación del perfil científico en la esfera política, ya que ha demostrado a lo largo de su carrera un fuerte compromiso con la investigación y la innovación. Aseguran, además, que con una sólida formación en ingeniería y física, su enfoque pragmático y basado en evidencia ha sido fundamental en la resolución de problemas complejos y la implementación de políticas públicas efectivas, sobre todo durante la pandemia, en su gestión en Ciudad de México. Sheinbaum aborda los problemas con un enfoque multidisciplinario y orientado hacia soluciones sostenibles a largo plazo, afirman quienes creen que su trayectoria como investigadora y su experiencia en la gestión de proyectos científicos la han preparado para enfrentar los desafíos actuales de una nación con más de 126 millones de habitantes. Sus críticos, en tanto, advierten que la creciente violencia y los problemas de seguridad ciudadana, así como la desigualdad económica en el país azteca pondrán a prueba su capacidad de gestión ya en su primer año de gobierno. Además, sostienen que deberá redoblar sus esfuerzos para no quedar eclipsada bajo la figura carismática de López Obrador. Sobre este tema, hay quienes incluso anticipan que el presidente saliente intentará poner en funcionamiento un tablero de doble comando, ya que no creen que el fundador de Morena se retire tan fácilmente del centro de la escena política.
La nueva presidenta enfrenta también el desafío de integrar el conocimiento científico en la toma de decisiones políticas. Por lo pronto, se considera que su llegada a lo más alto del poder político marcará un antes y un después no solo en México sino también en toda la región y que buscará dar una impronta pragmática a una gestión donde la ciencia jugará un papel fundamental para impulsar la economía, mejorar la salud pública, proteger al medio ambiente, sin descuidar el fortalecimiento de las instituciones democráticas. En ese sentido, quienes apoyan a Sheinbaum remarcan que un nuevo impulso a la investigación científica abrirá las puertas al descubrimiento de nuevos procesos, productos y tecnologías que impulsen la productividad y la eficiencia en sectores clave como la agricultura, la energía, la salud y la industria manufacturera. Pero más allá del rumbo que elija la nueva presidenta, lo cierto es que la innovación científica no solo crea empleo y aumenta la competitividad internacional, sino que también puede ayudar a diversificar la economía y reducir la dependencia de recursos que no son renovables.










