Para los incrédulos es locura
William Ewart Gladstone (1809-1898) fue miembro de la Cámara de los Comunes del Reino Unido y llegó a ser primer ministro del Reino Unido en cuatro ocasiones. Es considerado uno de los estadistas más importantes de la época victoriana. Dicho de otro modo, un hombre brillante.
En relación con Dios, oportunamente dijo: "He conocido por mi actividad, a noventa y cinco de los hombres más importantes del mundo en mis tiempos, y ochenta y siete de ellos eran seguidores de la Biblia, cuyo contenido marca una distancia inconmensurable, que la separa de cualquier otro libro."
Por su parte, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) dijo: "La lectura de la Biblia echó los cimientos de la educación popular, que ha cambiado la faz de las naciones que la poseen". Por otro lado, George Washington (1732-1799) fue el primer presidente de los Estados Unidos, y comandante en jefe del Ejército Continental en la guerra de la Independencia de los Estados Unidos, a tal punto que se lo considera el padre de la Patria.

El manifestó: "Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y la Biblia". Isaac Newton fue físico, teólogo, inventor y matemático inglés, autor de la ley de la gravitación universal, y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Sobre el mismo tema, dijo: "Hay más señales de autenticidad en la Biblia, que en la historia profana alguna".
La importancia de su lectura y práctica
Acabamos de mencionar cuatro casos, solo por tomar algunos, de personas importantes y fuera de lo común que pasaron por la historia de la humanidad. Todos ellos, no solo creían en Dios, sino que consideraban que era imposible hacer algo bueno sin su ayuda.
En realidad, nadie, ubicado en tiempo y espacio, podría rebatir el pensamiento de estas mentes brillantes y millones de personas más, que reconocieron la importancia de vivir bajo el amparo de Dios. Por otro lado, prácticamente todos los países del mundo han tomado a los 10 mandamientos bíblicos entregados por Dios a Moisés, como base de las leyes que ponen límites y derechos a sus habitantes.
Tal es así, que el contenido del sexto al décimo mandamiento constituye la base del Estado de Derecho de toda la humanidad. Recordamos, el 6° dice: no matarás, el 7°: no cometerás adulterio, el 8°: no robarás, el 9°: no levantarás falso testimonio en contra de tu vecino y el 10°: no desearás la casa de tu vecino, no desearás la mujer de tu vecino, ni sus sirvientes, ni su buey ni su asno, ni ninguna de sus propiedades. Dejar de reconocer la importancia del texto bíblico y su influencia en la historia de la humanidad, es como creer que la tierra no es redonda, como creen los terraplanistas. Hasta ese detalle figura en la Biblia, en el libro de Isaías, capítulo 40, versículo 22.
La resistencia de los incrédulos
Pero aun así, existen quienes, profesando ser sabios se hicieron necios, cambiando la verdad de Dios por la mentira, y Dios los entregó a una mente reprobada. Porque las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la misma creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas que nuestros ojos corroboran, de modo que quienes no creen, no tienen escusa.
Es por eso que el evangelio de Cristo es locura para los que se pierden, pero poder de Dios para los que creen. El hombre natural, es decir, el hombre incrédulo, no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
Es una verdadera pena que los incrédulos se nieguen a reconocer el valor de las Sagradas Escrituras en la vida de la humanidad.










