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OPINIÓN

Construir el nuevo Chaco, el desafío y la gran consigna

Apenas transitamos un semestre de 2024 del nuevo gobierno presidido por Javier Milei y de acuerdo con sus directivas se encuentra prácticamente todo paralizado en el país, salvo la batalla que se libra en el acomodamiento de las finanzas públicas y la discusión en el Congreso por la instrumentación de las políticas que quiere llevar adelante el gobierno. Más allá de la opinión que se tenga de cada uno de los gobiernos que transitaron el poder —desde el militar, en 1976 hasta la actualidad— entramos en una etapa para reconstruir un nuevo país.

Ese es el quid de la cuestión pero nadie habla de esto ni saca a relucir el tema.

En realidad, en el Chaco necesitamos o queremos construir para proyectarnos en el país, y junto con el Gran Chaco Americano, al mundo. Nuestra provincia es rica porque, simplemente, tiene poca población y fundamentalmente gran cantidad de recursos para abastecerse y producir como también exportar a través de todo tipo de industrias que podrían instalarse.

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El Chaco pasó por la etapa de la inmigración y hasta de la industrialización. Por cierto que eso lo logró con el algodón, la madera, aceite, y otros productos que, industrializados aquí se obtenía el ansiado valor agregado, quedando el dinero en el Chaco y, por supuesto, haciendo crecer la economía. Sin embargo, todo eso se derrumbó y cerraron las fábricas que se trasladaron a Rosario y al Gran Buenos Aires, produciéndose un fuerte centralismo que hasta hoy castiga y debilita a las provincias. El Estado aparecía para algunas cosas y desaparecía para otras, pero alimentaba las inconsistencias en las provincias que provocaron lo que hoy se padece: gastaban más de lo que producían a través de los productos del campo, industrias, bosques, comercio y servicios. Así se derrumbó y fue desapareciendo la industria chaqueña que daba trabajo a miles de personas, a la vez que la producción agrícola.

Los resultados estadísticos están a la vista: al segundo semestre de 2023, de acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, la pobreza en el aglomerado urbano del Gran Resistencia alcanzó al 65,2% de las personas, situándose 11,2 puntos porcentuales (p.p) por encima del año anterior y de ese modo, 48.732 personas pasaron a ser pobres en el último año.

Además, se registraron 103.080 personas en situación de indigencia en 26.529 hogares, por lo que la incidencia de la indigencia alcanzó al 24,4% de las personas y 19,6% de los hogares.

Pobreza que duele

Así, tanto las tasas de pobreza e indigencia, en personas, del Gran Resistencia, son las más altas de todo el país. Estadísticas del Indec que nos llevan al peor podio de toda la historia, cuando hace poco tiempo fuimos primeros en el Nordeste en cuanto a producción y esperanzas.

Para sintetizar, la provincia del Chaco vive hoy del subsidio y los impuestos nacionales y no de su trabajo y producción. Es decir, hizo al revés de lo que hacían los inmigrantes de las distintas razas que se asentaron aquí: gastó más de lo que produce, con un derrumbe inusitado de la industria que estaba asentada en la provincia y, por supuesto, llevó al crack a toda su economía.

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Qué hacer

Si antes decíamos que el Chaco fundamentó su crecimiento económico basado en la actividad agrícola, especialmente en el algodón y la explotación forestal, hoy tenemos que decir que esas actividades se han derrumbado a pesar de las ricas tierras que posemos.

En ese sentido, con respecto de lo forestal, en especial el quebracho colorado, los historiadores recuerdan que en nuestra provincia había quince fábricas, de las cuales quedan solamente dos: la de Puerto Tirol y La Escondida, cuyas poblaciones se desarrollaron en torno de ellas.    

Pero el campo cambió. De ser el Chaco la provincia que alcanzó a cubrir 500.000 hectáreas de algodón hoy solo implanta casi 90.000 hectáreas y la soja casi 600.000 hectárea anuales. La ecuación es simple, para realizar la cosecha productiva se necesitan de 8 a 10 personas y la soja casi 3, lo que ha provocado, por la falta de actividad, el masivo éxodo hacia la capital chaqueña y las principales ciudades del interior.

El 70 por ciento del 1,5 millón de hectáreas sembradas se encuentra concentrado en el 7 por ciento de los productores.

En síntesis, el campo se despobló y las ciudades aumentaron sus villas miseria: la escasez de trabajo, los salarios muy bajos y una inflación exacerbada, que hace que incluso quienes tienen empleo formal no puedan cubrir la canasta básica con sus ingresos.              

Ganadería también estancada

En cuanto a la ganadería y de acuerdo con los registros nacionales, el Chaco representa el 4,3% del stock nacional. Si bien el corrimiento de la frontera agrícola dio lugar a un crecimiento del stock ganadero, en los últimos diez años la participación a nivel nacional se mantiene relativamente constante. A diciembre de 2020, se registran 2,3 millones de cabezas de ganado en la provincia, lo que representa una caída interanual del 7%, superando la disminución del stock a nivel nacional (1,7%). Este registro refleja el estancamiento de la producción en los últimos años. Gran parte de la producción de terneros es enviada fuera de la región para su engorde, fundamentalmente, a Santiago del Estero, Salta, Santa Fe y Córdoba.

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Este panorama nos lleva a no cruzarnos de brazos porque está en juego el futuro de nuestro país y de nuestros hijos y nietos. No se trata de oponerse o favorecer una política de Estado o de una fracción política. Se trata de administrar correctamente los recursos económicos que el país tiene como salvaguarda no solo para los argentinos sino para millones en el mundo.

Sí, es bueno el aporte de capitales para incrementar la producción con obras como pavimento, regulación de nuestras aguas de nuestros ríos, exploración y producción de nuevos recursos naturales, que en otros países no lo tienen o bien lo han sobre sobreexplotados.

El cuidado del ambiente será 

la base para un futuro mejor.

Bienvenidos los socios internacionales pero no regalemos el manejo y menos los recursos como el petróleo, la pesca, la minería, la producción agropecuaria, entre otros, porque las catástrofes en todo el mundo se vienen precipitando.

Ser socios es una cosa y otra ceder nuestra soberanía encuadrada en las necesidades financieras del momento. Debemos unirnos con lealtad, sin banderías ni partidismos, como argentinos. Trabajar en el Chaco, en cada provincia y en la Nación, para subsanar los errores de las generaciones anteriores que nos endeudaron y provocaron que hoy, a pesar de nuestras riquezas naturales, tengamos el 52 por ciento de la población indigente y pobre.

Con unidad y grandeza debemos subsanar por el bien del país y el Chaco los errores cometidos. No es una utopía, es una necesidad imperiosa para borrar la pobreza que ahoga. Hay capacidad para un futuro mejor a través de la educación brindada por nuestros mayores y ganas para que la Argentina recobre el respeto en el mundo.

Deforestación y destrucción del ambiente

El Gran Chaco, una región ubicada en el corazón de América del Sur, donde está incluida la Argentina, está experimentando desde hace muchos años una rápida deforestación y destrucción ambiental. La principal razón de esta tendencia es la expansión de la ganadería y la agricultura industrializada, que producen principalmente carne de res y soja para los mercados internacionales, incluyendo China y Europa. Al igual que para muchos otros bosques secos del mundo, una pregunta clave, para el Chaco, expuesta por los especialistas nacionales e internacionales, es cómo equilibrar la producción agropecuaria y la protección del ambiente.

El Chaco Americano

En la Argentina, la región que comprende el Gran Chaco Americano está conformada por las provincias de Chaco, Formosa y Santiago del Estero, incluyendo también parcialmente las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, San Juan, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Corrientes.

Por cierto, es una de las regiones más pobres pero rica en sus tierras, y puede ser en su producción si se realiza cuidando la sustentabilidad, ya que su territorio puede servir para paliar el hambre en el mundo junto con la Pampa Húmeda.

El Chaco productivo de la actualidad                                                             

El Producto Bruto Geográfico (PBG) de la provincia se ha mantenido por circunstancias económicas y climáticas prácticamente estancado y hoy representa aproximadamente el 1,6% del valor agregado a nivel nacional.

 Las principales cadenas productivas se asocian a sectores tradicionales como el textil algodonero (32% del total país), forestal (explotación del bosque nativo; etapa primaria: leña, y rollizos con más del 60% de la producción nacional; etapa industrial: carbón y tanino con el 68% y 79% de la producción nacional) y ganadero bovino (5% del stock nacional), con relativo desarrollo de su agroindustria y otros más primarios como el cerealero (maíz, 2% de la producción del país) y oleaginoso (soja, 3% del total nacional), que han crecido en importancia con la expansión de la frontera agraria y el retroceso del cultivo de algodón.

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