Por una atención obstétrica respetuosa
El concepto de "parto respetado" coloca en el centro de la atención al nacimiento del bebé junto a la experiencia emocional y física de la madre. Son cada vez más los países que adhieren a la Semana Mundial con actividades que se llevan a cabo para generar conciencia sobre el reconocimiento y el respeto por las decisiones informadas de la embarazada, así como el acceso a un entorno de atención médica que priorice su bienestar físico, emocional y psicológico.
La iniciativa para establecer una semana con el objetivo de destacar la necesidad de respetar los derechos de la mamá y el recién nacido y para revisar viejas prácticas relacionadas a la atención de los partos surgió en el año 2004, a instancias de la Asociación Francesa por el Parto Respetado. Este año la Semana Mundial se extiende hasta este domingo 19. A pesar de que han transcurrido dos décadas, desafortunadamente, en muchas ocasiones este derecho es pasado por alto o incluso ignorado en entornos hospitalarios. Uno de los pilares del parto respetado es el consentimiento informado. Las mujeres tienen derecho a estar plenamente informadas sobre los procedimientos médicos que se les realizan durante el parto y a participar activamente en las decisiones relacionadas con su atención médica.
Esto implica un diálogo abierto y transparente entre la madre y los profesionales de la salud, donde se respeten sus deseos y preferencias en la medida de lo posible. Además, el parto respetado aboga por la humanización de la atención obstétrica. Esto significa reconocer que el parto es un evento profundamente personal y emocional, y que cada mujer tiene sus propias necesidades y deseos en este momento crucial. Desde la posibilidad de elegir diferentes posiciones de parto hasta la opción de tener compañía durante el proceso. Es importante destacar que el parto respetado no está reñido con la seguridad médica. Por el contrario, se basa en evidencia científica que respalda prácticas que promueven un parto seguro y saludable para la madre y el bebé. Sin embargo, esto no justifica imponer intervenciones innecesarias o rutinarias que pueden comprometer el bienestar de la madre y obstaculizar su capacidad para vivir el parto de manera respetuosa y satisfactoria. En última instancia, el parto respetado es más que una opción; es un imperativo ético y humanitario. De lo que se trata, en definitiva, es de garantizar que todas las mujeres tengan acceso a una atención obstétrica respetuosa y centrada en sus necesidades. Este enfoque es fundamental para promover la salud materna, fortalecer los lazos familiares y fomentar una sociedad más empática y solidaria.
También Unicef entiende que el término "parto respetado" hace referencia al respeto a los derechos de las madres, los niños y niñas y sus familias en el momento del nacimiento. Para el organismo internacional, es un enfoque que promueve el respeto a las particularidades de cada familia en función de la etnia de pertenencia, la religión que se profesa y la nacionalidad de cada persona. Para la agencia de la ONU, este enfoque propone que la mujer pueda seguir su propio pulso de parto evitando todo tipo de intervenciones innecesarias y que pueda, además, decidir la forma de controlar el dolor durante el parto. Cabe aclarar que en muchos países a esta perspectiva de intervención se las denomina también "parto humanizado". En nuestro país está vigente la ley nacional 25.929 sancionada y promulgada en el año 2004, pero reglamentada en 2015, que protege los derechos de las madres, los recién nacidos y sus familias al momento del trabajo de parto, parto y post parto. En la citada norma se enumeran los distintos derechos de la mujer, el recién nacido y su familia, y crea un marco para garantizar el apoyo legal a la madre y promover la participación del varón en el nacimiento como parte del cambio cultural que supone la igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.
Es responsabilidad de todos, desde los profesionales de la salud, pasando los responsables de impulsar políticas públicas y de la sociedad en su conjunto, trabajar en favor de un enfoque más respetuoso y centrado en la mujer en el ámbito del parto. Solo así la comunidad podrá asegurar que cada mujer pueda dar a luz en un entorno que honre su autonomía, su dignidad y su derecho a vivir esta experiencia única de manera plena y satisfactoria.
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