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Creatividad y política

¿Es posible ser creativos en política? ¿La dirigencia actual tiene entre sus planes iniciativas innovadoras que nos ayuden a salir airosos del movimiento pendular que tuvieron las políticas sociales y económicas de las últimas décadas? La capacidad de encontrar soluciones creativas a problemas complejos, como el dramático aumento de la pobreza, es crucial en una sociedad que necesita una combinación de pensamiento crítico, empatía y capacidad de trabajar en equipo.

"Seamos realistas, pidamos lo imposible". Hay quienes aseguran que la famosa consigna fue pintada, un día como hoy, en una pared de la ciudad de París durante las protestas que unieron a estudiantes y trabajadores en mayo de 1968. La frase expresa la idea de desafiar las limitaciones percibidas y convoca a aspirar a algo más allá de lo que parece alcanzable en un momento determinado. Es, en cierta forma, un llamado a la imaginación y a la búsqueda de cambios significativos, incluso cuando se necesitan transformaciones que parezcan muy difíciles o imposibles de lograr.

Algunos sociólogos sostienen que para conocer el estado y funcionamiento de una sociedad, hay que estudiar, entre otras cosas, la aparición de algunos delitos. Según esa mirada, el aumento en determinado momento de acciones que son castigadas por las leyes penales puede esconder problemas sociales, políticos, culturales y económicos subyacentes. Si eso es así, conviene entonces prestar más atención al robo de cables que conducen electricidad en la vía pública, un delito que creció en casi todo el país, junto con la cantidad de ladrones (la mayoría jóvenes en situación de calle) electrocutados. ¿Qué lleva a un joven a exponerse a sufrir una descarga de alto voltaje y, casi con seguridad, morir por las quemaduras? Según los técnicos, un cortocircuito de un cable de 32 kilovoltios produce un fogonazo que calienta el aire hasta una temperatura que puede alcanzar los 3000 grados Celsius. Es probable que, en esa situación, la muerte del individuo que roba cables no se produzca de manera inmediata. Pero las posibilidades de sobrevida son muy bajas.

"La política puede ser pensada como la práctica que motiva y soluciona el desacuerdo inherente a la existencia humana", plantea el filósofo y emérito de la Universidad de París VIII, Jacques Rancière. Es que, aunque en todas las sociedades humanas sus integrantes comparten muchas experiencias y valores, también existen diferencias significativas en términos de opiniones, intereses y perspectivas. Y es ahí donde la política emerge como un medio para conducir estos desacuerdos de manera constructiva. Rancière observa, además, que el desacuerdo es algo fundamental y, en cierto sentido, positivo en la política. El conflicto, sostiene el filósofo, no siempre es destructivo; puede ser una fuerza que genera las condiciones para el cambio y la mejora en la sociedad. En ese sentido, se puede afirmar que la política ofrece un espacio donde estos conflictos pueden ser reconocidos, discutidos y, en última instancia, resueltos de manera pacífica.

La provincia del Chaco y el país necesitan políticas creativas. Pero para que la política funcione como un mecanismo efectivo para superar los desacuerdos, es fundamental que se promueva la participación activa de la ciudadanía. La democracia, en su esencia, implica la participación de las personas en la toma de decisiones y la resolución de conflictos. Esto requiere un compromiso con el diálogo, el debate informado y la búsqueda de soluciones consensuadas. Algunos críticos del quehacer político doméstico advierten que aunque la idea de la política como la gestión del desacuerdo puede ser inspiradora, la realidad nos muestra que nunca faltan obstáculos: el exceso de partidismo, los intereses particulares, la desigualdad de poder, la comodidad de dejarse llevar por la inercia, entre otros factores, reducen la capacidad de la política para abordar efectivamente los desacuerdos y promover el bien común. Se necesitan políticos más creativos, es cierto, pero también se necesita que tengan una dosis de pragmatismo y una comprensión de las realidades políticas y sociales para no caer en el error de tomar decisiones poco realistas que terminan agudizando los problemas.

En conclusión, un dirigente político debe tener una dosis significativa de creatividad para innovar y resolver problemas, pero también debe saber equilibrar esa ventaja con una cuota de empatía, entre otras habilidades necesarias para dar las respuestas que la comunidad espera.

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