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No éramos tan pobres

Ya nos hemos habituado, como argentinos y como chaqueños, a no esperar nada bueno de los informes semestrales del Indec sobre niveles de pobreza. El más reciente no fue la excepción, excepto por un nuevo logro: en el caso de nuestra provincia, el índice ya rumbea decidido hacia el 70% de los buenos viejos tiempos. 

La medición en el Gran Resistencia, tomada en la segunda mitad de 2023 y difundida el mes pasado, dio un 65,2%, luego de haber sido del 60,3% en el primer semestre del mismo año y del 54,0 en el segundo de 2022. Salvo esporádicos descensos, desde hace muchísimo que siempre vamos por más. Tanto que el índice difundido ahora es el peor de los últimos veinte años y todo indica que en el próximo reporte, hacia octubre de este año (con los datos que se recogerán en este primer semestre de 2024), seguramente batirán el récord de 2002, cuando el 69,7% de la población estaba en situación de pobreza. Es decir, lograremos algo que muchos años atrás nos hubiera parecido imposible: estar peor que tras el estallido de finales de 2001.


OTRA VEZ AQUÍ

Considerando ese dato, nada menor, el informe del Indec sobre la situación social del país y de la provincia es doblemente frustrante. Duele por la magnitud del drama que describen los números, pero también porque retrata que el trauma nacional de casi un cuarto de siglo atrás no sirvió de nada. Estamos otra vez aquí: chapoteando en la miseria.

En los 22 años que tardó la calesita en dar una vuelta completa, hubo en la Argentina 18 años de gobiernos peronistas y 4 del macrismo, y en el Chaco 16 años de administraciones del PJ y 6 del radicalismo. Por supuesto, que ninguno de esos sectores se hace cargo de su parte en la tragedia; mucho menos el peronismo, que en los dos niveles jurisdiccionales muestra una sumatoria de tiempo en el poder mucho mayor que las demás fuerzas. Pero la negación no borra la realidad: la pobreza es una creación sinfónica en la que el kirchnerismo puso casi todas las partituras. Sus políticas "contra la pobreza" no hicieron más que fabricar nuevos pobres. Y la escasa alternancia política que hubo se esmeró en estar al tono.

Pese a esa evidencia, el kirchnerismo continúa desentendiéndose de la producción de pobreza. La culpa siempre fue de los grandes grupos económicos, de las corporaciones, de los Estados Unidos, de la pandemia, de la guerra en Ucrania, de las "letras de molde", de la FIFA. 

DECLIVE

Con base en ese discurso, cuando los referentes del peronismo hablan de la situación social lo hacen como si hasta diciembre la sociedad argentina hubiera estado surfeando sobre la más deslumbrante prosperidad. Aun cuando, en verdad, desde 2010 el declive fue ostensible. El país nunca dejó de estar estancado, y entre un 25% y un 30% de la población del país se volvió habitante fijo de la zona de pobreza.

El diseñador gráfico chaqueño Gustavo Flores elaboró un interesante gráfico con los datos de pobreza e indigencia del Chaco entre 2016 y el presente, basándose en las cifras del Indec, y el resultado es impactante: en apenas siete años (entre el segundo semestre del ’16 y el mismo período de 2023) el porcentaje de pobres en el Gran Resistencia creció nada menos que 89%, pasando de 34,5% al 65,2% conocido hace poco. A la par, en el total nacional la evolución era parecida, solo que con números menos dramáticos al promediarse las tasas de las zonas más críticas con las de las menos relegadas.

¿Pasó lo mismo en otros países de la región? Para nada. El 31 de marzo pasado el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, una organización muy respetada que preside el master en economía y finanzas Jorge Colina, presentó un informe demoledor que compara lo que sucedió con la pobreza en Argentina, en Uruguay  y en Chile.

NO FUE MAGIA

"El retraso social es un fenómeno propio de la Argentina. Partiendo de una situación inicial similar en el 2006, cuando los tres países comenzaron a transitar una gran bonanza internacional, en la Argentina la tasa de pobreza aumentó en un 50%, mientras que Chile y Uruguay la redujeron al 7% y 10%, respectivamente. En el medio no hubo ninguna catástrofe natural, guerra o invasión; los tres países comparten similares perfiles raciales y culturales y enfrentaron el mismo contexto internacional", señala el texto. Se puede ver ilustrado esto en el gráfico que acompaña a estas líneas.

Los números oficiales de cada país, más allá de las diferencias metodológicas para elaborar sus estadísticas, marcan que en la Argentina la pobreza alcanzaba al 27% de la población en 2006 y en 2023 ya trepó al 42%. En ese mismo período, Uruguay, que en 2006 tenía un 25% de pobres, tuvo en 2023 solamente un 10%. Y Chile, que en 2006 estaba peor que nuestro país, con un 29% de pobreza, registró un 7% el año pasado.

Por eso, el Idesa considera que la comparación apuntala la idea de que  "la alta y crónica tasa de pobreza en la Argentina es un derivado de malas políticas públicas apoyadas por amplios sectores de la sociedad". Un facilismo de gasto público desbordado sostenido con emisión y endeudamiento, junto con una baja productividad y desaliento a la inversión, que fue exitoso electoralmente pero nos arruinó.

SIN MILAGROS

 "Que una parte mayoritaria del sistema político haya sostenido, o al menos tolerado, estas malas políticas es la principal diferencia con Uruguay y Chile. En estos países, que fueron gobernados alternadamente por coaliciones de izquierda y de derecha, se sostuvieron políticas públicas mucho más consistentes y racionales", dice el informe de Idesa.

Entre las conclusiones, agrega: "La pobreza es un derivado de la perseverancia en aplicar políticas equivocadas. Por eso, no se revertirá con un‘milagro’ (Vaca Muerta, litio, altos precios agropecuarios o algún otro hecho exógeno). Es imprescindible poner racionalidad a las políticas públicas".

Con todo, si algo no se ha visto en todo este tiempo es algún gesto autocrítico real y consistente. Y aunque mucha gente debería tener la decencia de salirse de la escena pública por haber ejecutado o sido cómplice de las políticas que nos trajeron hasta aquí, se permiten hablar del padecimiento del pueblo como si no hubieran sido ellos los que con más esmero lo construyeron.

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