A 46 años de la primera emisión de "Dallas", un hito de la TV mundial
En esta historia de millonarios ambiciosos y sin moral, ser el bueno de la historia no garantizaba un final feliz.
Hoy encontrar una buena serie, gracias a Netflix y otras plataformas, es solo cuestión de control remoto y unos minutos. Pero décadas atrás, en un mundo muy diferente al actual, era cuestión de esperar años. Hasta que alguna cadena estadounidense sacaba un buen producto y algún canal de nuestro país compraba los derechos a reproducirla aquí. Debía suceder además que alguno de los canales abiertos de la región, el del Chaco o el de Corrientes, la retransmitiera.

Una de esas series que hicieron historia fue Dallas, emitida por primera vez el 2 de abril de 1978, nada menos que 46 años atrás. La mezcla de ambición, relaciones extramatrimoniales y personalidades extremas fue cautivante para cientos de millones que la siguieron en todo el mundo. Y de todos sus personajes, el único que seguramente nadie olvidó jamás fue el de su incomparable villano, J.R. Ewing.
EL FIN DE LOS BUENOS
En un artículo escrito tiempo atrás sobre la serie, el periodista Alberto Amato acierta al decir que un hito que marcó la producción de la cadena CBS, fue que "antes de Dallas los héroes buenos y honestos triunfaban sobre la prepotencia, la avaricia, la ambición. En Dallas, poderío, avaricia y corrupción dictaban las normas".
"Era gente muy mala. Pero mala, mala, mala. Sin términos medios, sin matices y sin descanso. Millonarios, poderosos, amos de vidas y de conciencias, violentos, adúlteros, mafiosos, corruptos, impulsivos, irracionales, podían condenarte con una mirada; enarcaban una ceja y estabas listo, parecían certificar a cada paso aquella frase de Balzac, que jura que detrás de toda gran fortuna hay un crimen", decía Amato.
Para él, con Dallas "el mundo de la televisión cambió para siempre. Fue gracias a las andanzas de la familia Ewing, de sus enemigos, los Barnes, enfrentadas como Montescos y Capuletos; de dos generaciones de rivales que bailaban al compás del gran negocio del petróleo y del ganado, en una lucha incesante por la destrucción del rival; de dos hermanos hostiles como Caín y Abel y de un argumento donde todo estaba mezclado, enredado, atravesado y donde nada era lo que parecía ser".
J.R Ewing, un malo demasiado malo que terminó con la era de los buenos
Uno de los puntos de atracción más alto de "Dallas" fue el capítulo final de una temporada en la que el villano y personaje central de la serie, J.R. Ewing, recibía un disparo de alguien no identificado y el año terminaba con todo sin dilucidar: quién había baleado al millonario petrolero y si éste había sobrevivido al ataque o había muerto.

El misterio, guardado bajo siete llaves por los guionistas, fue un golpe de efecto que funcionó muy bien, aunque en la temporada siguiente los productores abusaron de la ansiedad de la audiencia por conocer el desenlace, y durante ocho meses no se pudo saber quién había intentado matar a J.R.
Se dice que, en un tiempo sin redes sociales, la expectativa por conocer la historia completa fue tanta que hubo hasta ingresos clandestinos a las oficinas de la producción tratando de hallar la parte del guión en la que se resolvía la autoría del dichoso disparo.
HIPNÓTICO
J.R. era el personaje hipnótico de la serie. Las series previas a Dallas habían acostumbrado a los televidentes a que los malos indefectiblemente fracasaban en sus planes, e incluso en ocasiones comprendían que lo único que tenía sentido era hacer el bien, por lo que se redimían y cambiaban de rumbo. Pero la producción estrella de la CBS cambiaba por completo ese paradigma. J.R. tenía una maldad sin límites. A veces un episodio familiar parecía hacerlo recapacitar y volverse impensadamente sensible, pero era apenas un amague: tarde o temprano aprovechaba el hecho de que los demás bajaran la guardia para cometer una nueva crueldad a sangre fría.
El actor que lo interpretaba, Larry Hagman, había cometido una villanía imprevista con el hecho mismo de aceptar el papel. Es que su antecedente actoral anterior era haber interpretado a un millitar bonachón e ingenuo en la serie "Mi bella genio".
Un éxito que mandaba más que los guionistas
La trama de "Dallas" giraba en torno a las intrigas dentro de la familia Ewing, propietario de un poderoso grupo petrolero texano, y a la guerra sorda entre ellos y los Barnes, otra familia de multimillonarios.
El centro de la trama era J.R. Ewing (Larry Hagman), verdadero conductor de la empresa y hombre despojado de escrúpulos. Su antítesis era su hermano Bobby (Patrick Duffy), tan bueno como el pan. Ambos se llevaban pésimo y lo mismo sucedía entre las esposas de ambos, Sue Ellen (Linda Gray) y Pamela Barnes (Victoria Principal).
MUERTO QUE NO MURIÓ
Como toda producción exitosa, "Dallas" comenzó a ser estirada por la CBS, que exigía a los guionistas hacer todo lo que hiciera falta para no ponerle punto final a la gallina de los huevos de oro.
Esa necesidad de no resentir lo que había cautivo al público hizo que la muerte de Bobby Ewing, en el final de una temporada, fuera convertida en el comienzo de la siguiente en un simple mal sueño de su esposa. Hubo que encontrar esa salida ridícula para acallar las quejas que llovían sobre la CBS por parte de televidentes indignados por la eliminación de uno de sus personajes favoritos.
En realidad, la muerte de Bobby se definió porque Patrick Duffy ya estaba harto de trabajar en la serie y quería retirarse. Pero la presión para que el personaje continuara vivo fue tanta que Duffy tuvo que dejar sus deseos para otro momento y seguir siendo parte de un programa que acabaría convirtiéndose en leyenda.










