Agresiones a profesionales de la salud
Los casos de violencia contra el personal del sistema público de salud no son un fenómeno nuevo. Las agresiones, ya sean verbales o físicas, ocurren lamentablemente con más frecuencia de lo que trascienden. Se trata de un problema que obliga a realizar un llamado de atención a toda la ciudadanía para que se comprenda que cualquier reclamo, por más legítimo que pueda resultar, siempre debe hacerse con respeto. 
La agresión a la médica pediatra Melisa Isleño que tuvo lugar en el Hospital 4 de Junio de Presidencia Roque Sáenz Peña se sumó esta semana a la larga lista de hechos de esas características que, en mayor o menor grado, ocurren tanto en distintas localidades de nuestra provincia como en casi todo el país. Según trascendió, esta vez la agresora resultó ser una mujer que concurrió a la guardia de emergencias para solicitar, con carácter de urgencia, atención médica para su hijo.
Si bien se puede entender el difícil momento que atraviesa una persona que, en un contexto de urgencia, lleva a su hijo al hospital para que sea atendido, bajo ningún punto de vista se puede justificar una agresión al personal de salud que, en este caso, afectó a una médica del hospital que sufrió una fractura en la pierna, producto del ataque.
Cabe recordar que en enero pasado, a raíz de los reiterados hechos de inseguridad que afectaron a médicos y enfermeros, el personal de salud de ese nosocomio solicitó a las autoridades la presencia de un mayor número de efectivos policiales. "El hecho de que la salud sea pública y gratuita no significa que pueda acudir al hospital a altas horas de la noche por comodidad o conveniencia personal. Al igual que respetamos las normas sociales, todos merecemos respeto mientras trabajamos para mejorar un sistema de salud que atraviesa una crisis", sostuvo la profesional que fue víctima de la agresión, para luego enumerar las limitaciones que tiene un hospital que recibe a pacientes tanto de Sáenz Peña como de localidades vecinas e incluso de provincias como Santiago del Estero.
Se podrá, seguramente, argumentar que en muchos casos este tipo de agresiones se origina en una falta de efectividad o rapidez en la atención sanitaria. Sin embargo, cualquier disconformidad con el servicio de salud nunca debe resolverse de esa manera y mucho menos canalizar el malestar con una agresión hacia el personal de salud.
Cabe recordar que hechos lamentables de esta naturaleza aumentaron durante la pandemia de Covid 19, y se mantuvieron en niveles preocupantes incluso cuando finalizó la emergencia sanitaria. Así, por ejemplo, se pueden mencionar las agresiones contra el personal de salud ocurrida en 2022 en el Hospital Pediátrico "Avelino Castelán" de la ciudad de Resistencia, o los que tuvieron lugar ese mismo año en otros lugares del país, como el que ocurrió el Hospital de Tunuyán de Mendoza, donde una médica fue agredida verbalmente por personas que esperaban un turno para hisoparse.
"Si no estás capacitada para estar veinticuatro horas parada haciendo testeos, no vengas", dijo en esa oportunidad un hombre adulto, dirigiendo su insulto a la profesional. Unos días antes de ese incidente, dos médicas de un hospital del partido de General Pacheco, en la provincia de Buenos Aires, habían sido golpeadas por una mujer que exigía que su hermana –que estaba internada en ese centro– fuera atendida sin demoras. En ese momento, la violenta reacción de la agresora quedó registrado en un video filmado con un celular, donde se podía ver con claridad el ataque.
En el historial de agresiones también figura el incidente que tuvo como víctima a un médico que estaba a cargo de la Unidad Febril de Urgencia del Hospital General de Agudos Francisco Santojanni de la ciudad de Buenos Aires fue atacado a golpes por un hombre que se quejó por las largas filas que se habían formado frente a ese hospital público y las demoras en la atención. El hecho ocurrió en diciembre de 2021. Hoy ya no está la emergencia de la pandemia, aunque algunos observan que las penurias económicas que sufre la mayoría de la población podrían explicar, al menos en parte, el nivel de intolerancia en algunas personas. De ser así, y como se planteó en el inicio de esta columna, las agresiones al personal de salud –ya sean verbales o físicas– no se justifican en ninguna circunstancia.
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