Proteccionismo en el norte global
El candidato presidencial republicano y expresidente de los EEUU, Donald Trump, celebró la decisión de la Corte Suprema de su país que le permite seguir en la carrera hacia la Casa Blanca. Si finalmente logra que la mayoría del electorado norteamericano lo acompañe en los comicios de noviembre, su regreso al timón de la primera economía mundial traerá aparejado la implementación de nuevas medidas proteccionistas.
Analistas de política internacional coinciden en señalar que Trump está cada día más cerca de la Casa Blanca. El Tribunal Supremo de EEUU dio luz verde a su intención de presentarse a las primarias del Estado de Colorado, que había invocado una enmienda constitucional para vetar su candidatura. Pero más allá de eso, que en todo caso es una cuestión doméstica para los estadounidenses, el resto del mundo y especialmente los países en vías de desarrollo siguen con atención el proceso electoral en EEUU por el impacto que podría tener en el comercio internacional un eventual regreso de Trump a la Casa Blanca. Es que el candidato republicano prometió que, si vuelve a ser presidente, continuará con una postura proteccionista en la política comercial de su país. Si a eso se suma las manifestaciones de agricultores de varios países europeos que exigen a sus gobiernos políticas más proteccionistas y el auge de partidos de extrema derecha que proponen priorizar intereses nacionales en detrimento de una apertura económica, entonces es probable que no estén tan equivocados los diagnósticos que en este 2024 habrá un mayor proteccionismo al menos en el norte global. De ahí que en nuestro país muchos se pregunten si con un escenario de esa naturaleza en el comercio internacional será suficiente con las propuestas de "abrirse al mundo" que se vinieron escuchando en los últimos años y que se repiten ahora con el denominado "Pacto de Mayo" que impulsa el gobierno nacional.
La investigadora del área de política productiva de la asociación civil Fundar e investigadora del Conicet, Julieta Zelicovich, por ejemplo, aconseja analizar con cuidado las dinámicas de competencia internacional. "Se necesita una diplomacia equilibrada que incorpore lecturas de riesgo geopolítico, diversifique vínculos, construya acuerdos para acceso a mercados y de señales claras en la transición energética", advierte la especialista y recuerda que en nuestro país el problema de su inserción internacional viene de larga data. "Las exportaciones no crecen, están concentradas, hay pocas empresas exportadoras. El comercio siempre fue variable de ajuste ante problemas macro, y no una prioridad sostenida", observa. Y agrega: "Argentina representa el 0,3% del comercio mundial de bienes y 0,2% del comercio mundial de servicios, cifra que no ha variado a lo largo de la década. Aun siendo un país con mucho para ofrecerle al mundo, la confluencia de políticas inestables y una mirada parroquial han llevado a que Argentina siga teniendo una participación limitada en los mercados globales. Las exportaciones siguen concentradas en pocos mercados y productos, que son vulnerables a los shocks internacionales". Del análisis que realiza Zelicovich, hay un dato que refleja, en buena medida, el problema local: son pocas las empresas argentinas que han logrado integrarse a los mercados globales. Pero eso no es todo. "Cuando compiten frente a compañías de EEUU, Europa, o Asia, lo hacen en desventaja, puesto que estas, además, reciben cada vez más apoyo de sus Estados nacionales", advierte la especialista. Por otra parte, hace notar que de acuerdo con el observatorio de la organización no gubernamental y sin fines de lucro Global Trade Alert, con sede en Suiza, hay al menos 306 medidas de distintos países del mundo que restringen las exportaciones de Argentina o afectan en forma negativa su posibilidad de competir en los mercados.
Las políticas económicas intervencionistas que cada vez ganan más espacios en las naciones del norte global para proteger y favorecer a sus productores, con medidas que pueden incluir el establecimiento de aranceles a las importaciones, la regulación de la competencia y otros medios para proteger las industrias nacionales de la competencia internacional, obliga a nuestro país a dejar de lado los dogmas y a trabajar en el diseño de políticas de Estado que le permitan lograr una inserción más inteligente en los mercados internacionales.










