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La lucha que dio origen al Fonid

Una docente cuenta cómo vivió la participación chaqueña en la Carpa Blanca

Repaso por una protesta gremial que duró más de mil días a fines de los noventa y que logró la creación de una fuente de financiamiento para mejorar el salario de los maestros.

Hace 26 años tres docentes del Chaco participaron en Buenos Aires en una huelga de hambre nacional en reclamo por mejoras salariales. Otros se ofrecieron como voluntarios para asistirlos, como Lucía Verón, que acudió con sus hijos mellizos de diez años. NORTE la entrevistó para recordar la movilizción que dio origen al Fondo de Incentivo Docente, un financiamiento que este mes el gobierno nacional decidió trasladar a las provincias.

En un contexto de crisis económica y sin avance en las negociaciones por una recomposición, los maestros afiliados a Ctera impulsaron un ayuno colectivo en abril de 1997 y que se conoció como la Carpa Blanca. Fue el punto de partida para lograr un decreto y una ley que garanticen recursos nacionales.

Etapa convulsiva


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Familiares de la docente Teresa Rodríguez en un homenaje reciente.
Crédito: Facebook

La primera delegación chaqueña que aportó ayunantes arribó a Buenos Aires en febrero de 1998, diez meses después de la instalación de la Carpa.

De aquel momento Verón recuerda una etapa muy convulsiva. En enero de 1997 habían asesinado al fotógrafo José Luis Cabezas en Pinamar y en abril del mismo año la docente Teresa Rodríguez recibió un disparo de la policía durante una movilización en Cutral Co, Neuquén. "Cuando mataron a una piba de 24 años que tenía tres criaturas chiquitas comenzaron las luchas más fuertes de los trabajadores", recuerda Verón.

Los primeros

La docente recuerda que en un congreso federal, al que también asistieron delegados chaqueños, surgió la propuesta de la carpa. "En realidad fue un gacebo porque no se pensaba que la manifestación iba a durar tanto tiempo; creíamos que después de unos días nos iban a dar lo que pedíamos", describe.

Al cabo de varios meses se organizaron otras acciones para reunir fondos para viajar. Aunque sin licencia gremial costaba encontrar voluntarios que pudieran ausentarse de su trabajo. En el primer grupo que partió desde Resistencia estuvieron Laura Molisano que estaba sin cargo (desocupada); María Rosa Gallardo, hija del primer gobernador, y Julio Parra, un profesor de filosofía. "Los tres fueron los primeros, los que pudieron viajar", remarca. 

Problemas de salud  


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Lucía Verón es una referente en la inclusión de la temática de géneros en la actividad sindical (foto de Fabián Maldonado).

Para conocer en qué consistían las tareas del grupo de colaboradores, Lucía Verón describe parte de las funciones que contribuían a ordenar la rotación de grupos en el día a día.

De esa época valora donaciones anónimas como las de botellas de 7 Up, yogures y hasta galletitas. "A mis nenes y a los de Blas Bogarín los llevábamos a otro sector para que tomen su leche, evitando que coman delante de los que ayunaban", ejemplifica.

En simultáneo hacían el aguante con otras actividades, organizando charlas y hasta recitales. "Estábamos a cargo de nuestra delegación; cada dos horas teníamos que asistir con agua o bebidas, porque el ayuno era absolutamente líquido, al mediodía ingerían solo una taza de caldo", recuerda.

La estadía de los chaqueños se cumplió en una casa de Ctera que durante el año solían alojarse los docentes que por problemas de salud viajaban a Buenos Aires para recibir un tratamiento médico. "En ese lugar, donde parábamos nosotros también, cada mañana acompañaba al grupo de ayunantes que venía a bañarse. Había que prepararles el agua, los jugos o las bebidas que debían tomar cada dos horas, porque la hidratación era muy importante", detalla.

Sobre el tiempo de privación de alimento sólido que se fijaban, cuenta que todo dependía de cada persona y sus condiciones particulares. Menciona el caso de Julio Parra que al cabo de dos días se descompensó. "Hubo compañeros que sufrieron consecuencias, como Norma Papinutti (integrante de otro grupo de chaqueños que hicieron huelga de hambre) que hasta hoy tiene problemas de salud a raíz del ayuno prolongado. Y no solo se enfermaron físicamente, en lo psicológico otros volvieron muy mal de la carpa", describe.


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Otra imagen del recuerdo.
Crédito: archivo de Ctera

Pedido de la nieta    

En cuanto a la importancia del ejercicio de la memoria colectiva, la docente comparte una anécdota familiar y muy reciente. Hace menos de una semana, cuando el gobierno nacional anunció que a partir de este año las provincias tendrán que financiar el Fondo de Incentivo Docente, su nieta (también docente) la llamó por teléfono para pedirle que la ayude con datos sobre el origen de la ley y el decreto que resultaron después de la lucha de la Carpa Blanca.  

La joven es profesora en Historia y es hija de Mónica, la mayor de los siete hijos de Lucy. Con 35 años de edad es un año menor que "los más chicos": Juan y Luciana, los mellizos que iban a la primaria cuando se instaló la Carpa Blanca en Buenos Aires. "Abuela, necesito que me des fundamentos sobre lo que es el Fonid; estoy discutiendo con otros docentes que no saben qué es y tampoco conocen la historia de cómo se consiguió", repitió Lucía las palabras que recibió al otro lado del teléfono.


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Panorámica de los huelguistas.
Crédito: archivo de Ctera

Otra de sus hijas, Eliana, le sugirió escribir esas vivencias. O registrarlas en otro formato para traducirlas en un libro. Consciente de que muchas personas no tienen registro de lo que sucedió "hace no tanto tiempo", toma el consejo de una brasileña de la red de las trabajadoras de la educación del Mercosur. "Nos decía allá, por 1995: nos jubilamos de la escuela, no de la militancia. Tenemos que contar la historia, porque los docentes nuevos no conocen cómo se consiguieron todos los derechos que tienen hoy y creen que les fue dado. De esas palabras no me lo olvido jamás", sostiene. 

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