Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
Cartas de lectores

¿Cuerpo propio o "cosa"?

Señor director de NORTE:

Las discusiones permanentes acerca del derecho sobre el propio cuerpo presentan un trasfondo filosófico, político, económico y social que no se muestra claramente, ya que muchas veces "el fin" trata de justificar los medios, y los medios son "verdades a media" o sea falsedades.

La experiencia humana es vivencia y, en el caso del cuerpo, de que "somos corpóreos", es decir, no existe ningún ser humano sin cuerpo, forma parte del ser esencial de cada uno. Los humanos no podríamos serlo con otro cuerpo, sea de elefante, orangután o alienígena (o robot), y las investigaciones paleontológicas actuales van descubriendo que existimos como homo sapiens (sapiens sapiens) desde mucho antes de lo que se pensaba. No sólo por el hallazgo de restos fósiles (huesos) sino también por los restos culturales entre los que están los útiles y las pinturas rupestres, posibles por la mano y la mente humana.

Esta experiencia corporal se constata en el hacer cotidiano, pero la forma de comprendernos oscila entre miradas que consideran al cuerpo "cosa" que se puede utilizar para algo, o que lo ven como parte constitutiva de quienes somos, lo cual no excluye "hacer cosas". 

Ya para Platón, según las interpretaciones clásicas, el cuerpo era una cárcel material del alma, medio material pero sobre todo límite temporal. Para Descartes era una "cosa extensa", que consideraba una máquina (como el reloj) y también casi un cadáver en oposición al alma pensante. 

Estas miradas dualistas continúan hasta nuestros días, y aparecen cuando se proponen prácticas como la prostitución entendida como trabajo o profesión similar a otras, en las cuales el cuerpo es "cosa" que se vende para uso de quienes pagan. 

El escándalo es mayor cuando ciertos representantes de organismos internacionales proponen a las adolescentes ejercer la prostitución en vez de buscar soluciones a las necesidades materiales.

Cuando los filósofos de la Fenomenología, como Husserl, Edith Stein o Merleau-Ponty lo analizan señalan que es más correcto afirmar "Yo soy cuerpo" que decir "Tengo cuerpo", porque si bien es una cosa material, ocupa un lugar en el espacio y está sometido a leyes físicas, no puedo desprenderme de él ni disponer como si fuera un vestido, un auto, etc. Además, es necesario comprenderlo desde la totalidad viviente, sentiente y pensante del ser humano que no es sin cuerpo.

Los movimientos que afirman que se puede usar el cuerpo porque es "propiedad" de cada uno lo interpretan como "cosa" sobre la cual se cree tener dominio total. Se llega así a desviaciones dualistas en las que lo psico-mental pretende imponerse al cuerpo contra toda lógica (lógica en cuanto a reconocer la realidad que se me hace patente). 

Algunos, en el proceso de autopercepción, se convierten en mancos (se hacen cortar los brazos) o ciegos por decisión propia, otros lo modifican o intentan hacerlo mediante numerosas cirugías. Las consecuencias son irreparables y se suman muertes y múltiples sufrimientos cada año en la búsqueda de convertir al cuerpo en el objeto deseado para que sea deseable. Son intentos de belleza impuestos o autoimpuestos por falta de aceptación personal y social en la sociedad de consumo que nos atraviesa. Y no se habla aquí de malformaciones u obesidades, entre otras, que afectan la salud.

Por otro lado, la trata, a la que el editorial de este periódico dedica espacios de reflexión aportando datos estadísticos, muestra el afán de posesión de los "cuerpos", de niños, adolescentes o adultos, negando que son personas singulares que merecen respeto, no cosas para el placer o el deseo.

Hoy el discurso mediático pro aborto vuelve con la idea del cuerpo propio, y la ambivalencia y la falsedad se encuentran. Olvidan que si un embarazo me afecta no es sólo porque incide en mi cuerpo, sino en toda la persona, pero eliminar el cuerpo del otro que crece en mí (el otro como ser humano) no es un simple trámite, sino que deja huella en el cuerpo que yo soy, por lo tanto, huella que incide en mi totalidad personal.

Detenerse a reflexionar es responsabilidad de todos, en particular de aquellos que por política (conseguir votos), por intereses económicos (dinero de las multinacionales del aborto), por cuestiones pragmáticas (hay demasiados pobres) o falsa solidaridad (no tienen medios económicos), colaboran o defienden "libertades que vulneran libertades". La libertad tiene límites, entre ellos, el cuerpo del otro sin el cual no puede vivir.

MARÍA ELENA RADICI

RESISTENCIA

Te puede interesar