Sin matices
Algunos derechos fundamentales de las personas como la presunción de inocencia, el derecho a la defensa y a un proceso justo retroceden a pasos agigantados en las redes sociales, donde la gran mayoría de los comentarios de los usuarios se inclinan por castigos propios de la Edad Media, cuando imperaba una gran desproporción entre la gravedad del crimen y el castigo.
La proporcionalidad de la pena es un principio fundamental dentro del Estado de Derecho. En un país como el nuestro las penas deben guardar relación con el daño causado por el delito. Sin embargo, cuando algún ilícito conmueve a la opinión pública, en las redes sociales más populares las posturas radicalizadas se multiplican entre los comentaristas. Como por arte de magia desaparecen los matices y una abrumadora cantidad de miradas de lo que sucede en la sociedad se vuelve en blanco y negro.
No hay medias tintas: la mayoría reclama azotes, mutilaciones y, según la gravedad del caso, pena de muerte. Es probable que el hartazgo de la sociedad frente al aumento de la delincuencia callejera lleve a esas posturas extremas, propias del Medioevo, tal vez. Algunos estudiosos advierten que las transformaciones económicas, sociales y tecnológicas que experimenta el mundo demandan una comprensión crítica de la sociedad actual y plantean que el sistema educativo debe ayudar a las nuevas generaciones a prepararse para interpretar una realidad que exige un mayor esfuerzo cognitivo para no caer en la trampa del pensamiento simple.
La Unesco estableció, en 1958, que una persona estaba alfabetizada cuando podía "leer y escribir, comprendiendo una breve y sencilla exposición de hechos relativos a su vida cotidiana". Pero hoy es necesario ir más allá, ya que es contraproducente abordar problemas como los prejuicios, la pobreza o los conflictos distributivos en una sociedad con fórmulas sencillas que ignoren las contradicciones del mundo moderno. En ese sentido, discursos que plantean "cárcel o bala", además de oportunistas, son extremadamente peligrosos para la sociedad. Según el especialista en comunicación política, Mario Riorda, en las últimas décadas hubo una metamorfosis del discurso político en la Argentina revela tres componentes destacados en las últimas décadas: simplicidad, pobre argumentación y descontextualización.
El siglo pasado está lleno de ejemplos en todo el mundo de individuos y grupos que, por los motivos más diversos, apelando al pensamiento simple cometieron actos de extrema violencia contra personas a las que definieron como "enemigas". Pero este tipo de situaciones no se presenta en una sociedad de la noche a la mañana. A ese punto se llega luego de practicar durante un largo tiempo un peligroso juego: el de inflamar, con discursos y acciones, las pasiones más violentas de la población. Un juego que consiste en debilitar la idea de bien común para reemplazarla por otra que muestra una realidad simplificada al extremo. La vida en sociedad es mucho más compleja. Alentar una visión sin matices, fácil de digerir, que interpreta y divide la compleja realidad social, económica y política en blanco y negro es un juego muy peligroso. Lo que se necesita es todo lo contrario: promover la reflexión, el pensamiento crítico y el reconocimiento de las propias contradicciones. Se deben evitar los reduccionismos y fanatismos. Hay que dejar de lado las intolerancias y hacer un esfuerzo para mejorar la convivencia con nuevas ideas, debates y argumentos, siempre con una mayor predisposición para escuchar a los que piensan distinto.
La experiencia histórica demuestra que el riesgo de caer en la tentación de soluciones rápidas y fáciles aumenta a medida que la sociedad vive situaciones insostenibles. Se puede citar, como ejemplo reciente, el caso de la ciudadanía salvadoreña que parece estar dispuesta a reelegir a su presidente Nayib Bukele, pese a que su programa de lucha contra la delincuencia recibió críticas de organismos internacionales que denunciaron una violencia sin límites del Estado, atropellos a los más elementales derechos de las personas, como la presunción de inocencia y el derecho a la defensa y revelaron que el gobierno salvadoreño no resolvió el problema de fondo ya que negoció con grupos criminales beneficios penitenciarios a cambio de una reducción en el número de homicidios en el país.










