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OPINIÓN

El síndrome de Peter Pan

Señor director de NORTE:   

Hace más de setenta años que los argentinos nos autodestruimos y no queremos asumir las responsabilidades de la vida adulta, no queremos crecer. Es decir que los argentinos estamos atrapados por el llamado "síndrome de Peter Pan"; que es un trastorno narcisista y se caracteriza por la tendencia a no asumir nuestras responsabilidades, buscar la vida fácil, no tolerar nuestras frustraciones, y la culpa de todos nuestros fracasos la tienen los demás: por ejemplo, el FMI, el imperialismo, y la sinarquía internacional que nos envidia. Rechazamos la realidad, nos creemos el centro del universo, no maduramos como personas ni como sociedad; y, a juicio de nuestros vecinos, somos tóxicos, insufribles. Y hasta nos damos el lujo de tener presidentes Peter Pan. Con Carlos Menem tuvimos un Peter Pan a medias; con Alberto Fernández un Peter Pan decadente total; y ahora con Milei, tenemos un Peter Pan casi perfecto: intolerante, iracundo, egocéntrico, negador de la realidad concreta, se cree el centro del universo, no acepta al otro. Y como dice el refrán: "A los hechos me remito".               En diciembre de 2015 se fue Cristina y el monto de la deuda, oficialmente declarado era de USD 253.989.000.000 de dólares; lo que significaba un 46% del PBI nacional; y un crecimiento de la deuda  desde De la Rúa al final del mandato de Cristina, de USD 126.000.000.000 de dólares, en doce años. El 10 de diciembre de 2015, asume la Presidencia Mauricio Macri con una deuda de USD 253.989.000.000. Al 31 de diciembre de 2015, la deuda era de USD 253.989.000.000. Al 31 de diciembre del 2016, la deuda era de USD 288.448.000.000. Al 31 de diciembre de 2017, la deuda era de USD 342.078.268.165 (millones de dólares). Esto significa que en dos años de gestión de Macri, la deuda creció más de USD 80.000.000.000 (ochenta mil millones de dólares), superando todos los registros históricos nacionales, y alcanzando el 60% del PBI.

 Si consideramos que en diciembre de 2015 la deuda era de USD 253.989.000.000, y alcanzaba el 46 % del PBI tenemos que la gestión  de Macri incrementó en un 20% el monto total de la deuda y avanzó en 10 puntos porcentuales sobre el P.B.I. Y todos estos datos pueden verse en la página oficial del Ministerio de Finanzas de la Nación, y en la página web del Observatorio Fiscal Federal de la Argentina. Y hasta aquí, estamos hablando solamente de la deuda pública del Estado Nacional, sin olvidarnos de la deuda de los Estados Provinciales, de los Municipios y del Banco Central, que en enero de 2018 sumaban  casi USD 80.000.000.000 de dólares; y nos pegaba y dolía a todos.

El Observatorio Fiscal Federal  de la Argentina aporta los siguientes datos: 

a) que la deuda emitida en 2016 equivale a cinco años del total de las exportaciones de la Argentina.

 b) que por cada segundo que pasa, la deuda aumenta en USD 862 dólares, por los intereses. Agarren la calculadora y saquen la cuenta,  cuánto crece por día. Y no nos olvidamos de la voluminosa deuda interna del Estado Nacional, con la Anses y otros. Impagable. Y todo lo que afecta al tipo de cambio, afecta a las obligaciones del servicio de la deuda. En 2015, los intereses de la deuda que se pagaban equivalían al 1,4% del PBI. En 2018, los intereses a pagar equivalían al 2,3% del PBI; y siguió creciendo hasta ahora. 

Otro dato oficial: el Banco Central de la República Argentina emitió Lebac al 29 de noviembre de 2017 por un monto de $ 1,162 billones de pesos, lo que equivale a un 130,5% de la base monetaria, es decir, de todo el dinero nacional circulante. Y esa deuda equivalía al 11% del PBI, y los intereses a pagar (27,4 % anual) suman un 2% del PBI, según los organismos especializados. Y en 2017, el PBI argentino era de USD 544.500.000.000, de dólares. Saquen la cuenta, antes de desmayarse. El BCRA inflaba una burbuja a punto de explotar. La deuda pública crece por el déficit fiscal, déficit comercial, los intereses de la deuda, las renovaciones de los vencimientos, refinanciamientos, y por el desequilibrio de las cuentas externas, es decir, entre lo que ingresa y lo que sale en divisas.

 El ministro Luis Caputo (¿les suena conocido?) en 2018  informó a la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados que al 31 de agosto de 2017, la deuda pública total era de USD 302.700.000.000 millones de dólares. Es evidente que no dijo toda la verdad, porque al 31 de diciembre de ese año, la deuda era de USD 342.078.268.165, millones de dólares, sin sumar la deuda del BCRA y de las provincias y municipios y empresas estatales.

 La Administración de Macri en dos años se endeudó a un ritmo de más de USD 100.000.000 de dólares por día, y en 2018 debía abonar USD 12,500 millones de intereses, nada más que por la deuda emitida por la Administración de Cambiemos. Y en 2018 –según dijo el entonces ministro Dujovne– tenían previsto emitir deuda por USD 30.000.000.000, o más; porque no crecíamos adecuadamente, y no había inversiones productivas, y porque nadie viene a invertir en la Argentina, porque nos somos confiables.

El sector público se financia con emisión monetaria, con dinero tomado de Bancos comerciales, ahorristas; internos y externos que compran títulos públicos, letras del tesoro; fondos de inversión; organismos internacionales bilaterales y multilaterales, como el Banco Mundial, el FMI; Banco  Interamericano de Desarrollo, etc. Sería bueno que aclaren desde el Gobierno a quién le debemos y cuánto  debemos. A la salida del gobierno de Alberto Fernández, la deuda pública de Argentina rondaba los USD 430.000.000.000. ¿Cuánto debe el Estado nacional?, ¿cuánto debe cada Estado provincial?, ¿cuánto deben los Municipios?; ¿y cuánto debe el BCRA?; porque el peso de la deuda nos abruma a todos, y porque el pueblo debe saber de qué se trata. Los únicos que ganan son los especuladores del mercado. 

Todos los componentes de "una tormenta perfecta" están dados, y la imagen del nuevo presidente ha caído; cada día tiene nuevos enemigos, políticos y sindicales; el déficit crece, la presión impositiva es insoportable; y la inflación, que ocultan con endeudamiento, es insufrible y muy alta. Un nuevo Rodrigazo asoma en el fondo del túnel. Y luego de soportar a Cristina, a Macri, a Alberto Fernández, ahora tenemos de presidente al profesor Neurus (Milei), un narcisista iracundo, intolerante, con el síndrome de Peter Pan. Y todos, los de siempre, se sientan en la cubierta del Titanic a tomar un café, y sus colaboradores y alcahuetes  le leen "el diario de Yrigoyen", y no advierten que el Titanic se partió, y el abismo nos llama. 

Milei no sabe ni de macroeconomía, ni de geopolítica, ni  de geoeconomía, y sus actos lo demuestran. ¡A los botes! 

 Como dijo un poeta argentino: "Para llevar a buen término la carreta del Estado, no hay que confiar demasiado en la fuerza de las leyes, sino que todos los bueyes tiren para el mismo lado". Y los bueyes están todos dispersos, desparramados. Es hora de un gran acuerdo patriótico y nacional, o vamos hacia un nuevo colapso.       

JORGE ANTONIO GAIT

RESISTENCIA 

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