Poner fin a la violencia contra las mujeres
El femicidio es la manifestación más brutal y extrema de la violencia contra las mujeres y las niñas. Así lo advierte ONU Mujeres, la organización de las Naciones Unidas que trabaja en todo el mundo para promover la igualdad de género. En un informe recuerda que estos crímenes pueden desencadenarse tanto por los estereotipos en los roles de género, por discriminación hacia las mujeres y las niñas, por desequilibrios en las relaciones de poder entre mujeres y hombres, o bien por la existencia de normas sociales perjudiciales.
La sociedad chaqueña, lamentablemente, no permanece ajena a este gravísimo problema. A la gran conmoción que causó el femicidio de Cecilia Strzyzowski, la realidad muestra que en este año que recién comienza ya se produjeron tres femicidios en la provincia. La última víctima, Gabriela Betiana Alarcón, de 31 años, fue asesinada por su pareja en su hogar del barrio Perón, en la localidad de Presidencia de la Plaza. Antes ocurrió algo similar con Mirta Irazábal, de 51 años, en Tres Isletas y el mismo día otra víctima, Jenifer Obregón, de 15 años perdió la vida en General Pinedo.
En el resto del país la situación no es muy diferente. Un reciente documento publicado por el Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, elaborado con datos de jurisdicciones de todo el territorio nacional, revela que en 2023 hubo 322 casos, un 33% más que el año anterior. Esto significa que el año pasado hubo un caso cada 27 horas. El informe de la Defensoría detalla que entre el 1° de enero y el 31 de diciembre del año pasado se registraron seis transfemicidios y 28 muertes violentas de mujeres en contexto de narcotráfico y crimen organizado. El documento advierte que "el aumento en las cifras de asesinatos de mujeres por razones de género es alarmante, superando incluso las cifras de 2020, año marcado por la pandemia", en el que se registraron 295. Pero las cifras de 2023 fueron aún más graves: superaron las de 2022, cuando hubo un total de 242. Según la Defensoría, cerca del 60% de las víctimas fueron asesinadas en su domicilio, en su trabajo o en la vivienda que compartían con el femicida; mientras que en un 74% de los casos se comprobó la existencia de una relación preexistente entre la víctima y el victimario. Además, se registró un total de 191 niñas y niños que se quedaron sin sus madres porque fueron asesinadas. Las estadísticas muestran, por otra parte, que el 19% de las víctimas realizó al menos una denuncia por violencia de género, mientras que un 44% no realizó denuncia, pero familiares advirtieron que existía violencia de género desde antes del crimen. En relación a los autores de los crímenes, 55 de ellos se suicidaron, 17 lo intentaron y la misma cantidad pertenecía o había pertenecido a una fuerza de seguridad.
Otro dato a tener en cuenta es que el Chaco (con datos de 2023) se encuentra, según las estadísticas de la Defensoría nacional, en el tercer lugar en el listado de provincias con mayor cantidad de femicidios. La lista, según la ubicación geográfica es la siguiente: Buenos Aires (133), Santa Fe (40), Chaco (22), Córdoba (22), Salta (16) y Tucumán (16). De todos modos, cuando se estima ese porcentaje en relación a la población femenina en cada distrito, Córdoba (con 587.636 habitantes de ese sexo) encabeza la lista; seguida por Corrientes, Santa Fe, Salta y Neuquén.
Los estudios realizados en relación a este grave problema encuentran patrones de conducta que se repiten entre los varones que asesinan a sus parejas. Y a pesar de todas las campañas que se llevan a cabo para llamar la atención sobre estos asesinatos y denunciar prácticas que sustentan la violencia contra las mujeres, las cifras de femicidios en la provincia y el país siguen siendo muy preocupantes.
Como bien señala ONU Mujeres, pese a las décadas de activismo de las organizaciones por los derechos de las mujeres y de la creciente concientización y acción de los Estados Miembros, la evidencia disponible indica que el avance para poner fin a esta violencia es marcadamente insuficiente. Es necesario prestar mayor atención a las expresiones previas de violencia, a las desigualdades de género que no son tan perceptibles pero que, por estar tan arraigadas en la vida cotidiana, en lo cultural y en lo simbólico, son legitimadas en muchos ámbitos.










