Isidro Velázquez "El ultimo sapukay"
Nació el 15 de mayo de 1928 en Mburucuyá, Corrientes, fue uno de los 22 hijos del matrimonio entre Feliciano y Tomasa Ortiz, desde niño hizo del monte su refugio, hasta dicen que solía dormir en las copas de los árboles.
En 1949, la familia se mudó a Lapachito, una pequeña localidad sobre la Ruta 16. Allí su padre trabajó en una estancia junto con Claudio, su hermano.

Para 1961, Velázquez había formado su familia en Colonia Elisa, donde trabajaba como peón rural. Allí era considerado como "el mejor baqueano, rastreador de los esteros y montes" y su prontuario ya registraba tres causas abiertas por robos y hurtos, y otra por evasión. Aún hoy hay detalles de su vida que hablan del alejamiento de su familia por una pelea y la posterior vida delictiva, y otros juran que simplemente fue hostigado por las autoridades. Pese a esas incertidumbres, la historia cuenta que se fugó con su hermano menor, Claudio, y que juntos iniciaron la vida de cuatreros.
El 25 de junio de 1962 los hermanos Velázquez, fuertemente armados, se enfrentaron en las afueras de Colonia Elisa con una patrulla policial que portaba carabinas, metralletas y pistolas, pero lograron escapar. Tras la fuga comenzaron un raid delictivo que duró varios meses y que terminó con Isidro herido en una pierna. Debido a la simpatía que les tenía quienes los admiraban, los hermanos solían ir de copas a distintos boliches locales y allí sus amistades los recibían como a héroes, ninguno los denunció.

El 21 de mayo de ese año, a modo de festejo del cumpleaños de Claudio, asaltaron un paraje de Costa Guaycurú y llamaron a los vecinos para que bebieran lo que quisieran, a su cargo. El comisario del pueblo los enfrentó y mató a tiros al menor de los Velázquez. Isidro huyó sin dejar rastros por más de un año.
En 1964, Isidro apareció en El Zapallar, en la compañía de Vicente Gauna, un hombre de carácter violento e irracional que había iniciado su carrera delictiva en la adolescencia. Juntos secuestraron a los dos más importantes hacendados, cobraron rescate por ellos y volvieron a fugarse. Dos años después Gauna mató a un intendente y a principios de 1967 secuestraron a otros estancieros por lo que cobran una fuerte suma de dinero.
Tales fueron los deseos de encarcelarlos de una vez, que los miembros de la Sociedad Rural de Chaco ofrecieron una recompensa de dos millones de pesos a toda persona que entregue a estos delincuentes de cualquier forma o suministre información concreta que permita su detención. Los carteles con el aviso de la recompensan empapelaron las paredes de los pueblos y se los acusaba, también, de haber violado a hijas menores de pobladores, cosa que no figura en el prontuario policial.
La búsqueda de Velázquez y Gauna no tuvo precedentes: al menos 800 policías fuertemente armados surcaron caminos y montaron un rastrillaje con un despliegue jamás visto. Mientras eso sucedía, los cuatreros planeaban el asalto a la sucursal del Banco de la Nación de la localidad de Machagai. De allí fueron a Quitilipi, a un poblado chaqueño cercano a una reserva toba que los alimentó y protegió.
Fueron una maestra y un cartero con quienes los cuatreros habían estrechados lazos, pero rendidos a las presiones policiales y al dinero de la recompensa, sus "aliados" fueron los que tramaron al emboscada final. Al anochecer del 1 de diciembre de 1967, la pareja había acordado llevarlos desde Quitilipi hasta Machagai. Velázquez llevaba, como siempre, sus armas y un cinturón con balas. Kilómetros después de iniciado el viaje, la maestra detuvo el auto simulando un desperfecto y junto al cartero dejaron el vehículo. Fue la señal para que unos 30 efectivos descargaran más de quinientos balazos. Vicente Gauna murió por los disparos pero alcanzó a herir en una pierna a uno de sus traidores. Isidro hirió a un policía abriéndose paso a los tiros en total oscuridad, pero no pudo ir más allá de unos 300 metros. La herida en una pierna y hombro lo tumbaron. Un sapukay fue su grito de libertad y su infortunio, ya que por su grito fue descubierto y la policía lo abatió a balazos.

La muerte de Velázquez trajo consigo una vertiente de rumores sobre lo que el hombre había hecho en vida para lograr el amparo de los pobladores más humildes: secuestraba a los hombres más acaudalados del poblado y repartía parte de la recompensa, con gran generosidad; cosa que se interpretaba como "una suerte de redistribución violenta de la riqueza". Era considerado el Robin Hood argentino, "el vengador", como lo apodaron los vecinos.
Luego de que Isidro fuera asesinado contra un árbol, las autoridades ordenaron talarlo. Sin demora, los pobladores se llevaron pedazos de los troncos y lo utilizaron como amuleto. Hasta estos días, en ese lugar aparecen flores y otras ofrendas.
Entre la cantidad de tributos que se realizó, Velázquez fue homenajeado con canciones populares como el chámame "El último sapukay", en referencia a su último grito que dio Isidro, antes de ser abatido por las amas policiales.











