Primera misión privada a la Luna despegará con polémica
El módulo Peregrine se lanzará hoy desde Cabo Cañaveral, aunque no llegará a destino hasta el 23 de febrero

El 11 de diciembre de 1972 fue la última vez que la NASA consiguió alunizar en nuestro satélite. Ahora, medio siglo después, la agencia espacial estadounidense volverá a intentar situar su tecnología allí, aunque esta vez gracias a la iniciativa privada. Varios instrumentos clave para el Programa Artemis, el esfuerzo de la agencia espacial estadounidense para llevar de nuevo astronautas a la Luna, viajarán a bordo de la sonda Peregrine, nave fabricada por la compañía privada Astrobotic. Es el primer paso hacia la "reconquista" de un mundo que, poco a poco, empieza a tener cada vez más actores en juego.
Si todo va según lo previsto, Peregrine Lunar Lander, nave sin tripulación de dos metros de altura por dos metros y medio de ancho, habrá alzado vuelo esta madrugada desde Cabo Cañaveral. Lo hará sobre un cohete Vulcan Centaur, de United Launch Alliance, también en su vuelo inaugural. Es una arriesgada apuesta para un primer lanzamiento, ya que para su debut se ha planeado un viaje en el que el cohete no sólo debe alcanzar la órbita, sino que luego debe arrancar y ejecutar una inyección translunar con su etapa superior Centaur.
Se espera que 12 días después, Peregrine alcanzará la órbita lunar, donde esperará hasta que se den las condiciones necesarias para un alunizaje suave en Sinus Viscositatis (algo así como "Bahía de la Viscosidad"), que se produciría el próximo 23 de febrero.

Instrumentos claves para la "reconquista"
A bordo, varios instrumentos, cinco de la NASA: espectrómetros para conocer las condiciones y el ambiente de la Luna de cara a futuras estancias allí; reflectores lunares, "espejos" sobre una estructura de aluminio que, al apuntarse con un láser, permiten determinar con exactitud la distancia desde cualquier nave espacial en órbita o durante el alunizaje.
Otros 15 objetos más: instrumentos científicos, como un detector de radiación del Centro Aeroespacial Alemán; otras cargas, como una cápsula del tiempo japonesa con los mensajes de más de 80.000 niños de todo el mundo; cenizas de personas fallecidas para crear cementerios lunares; e incluso un bitcoin.
Y aquí la controversia: el jefe de la Nación Navajo, Buu Nygren, presentó una queja formal a la NASA y al Departamento de Transporte de EEUU porque consideraba que la carga de la nave Peregrine, en concreto, las cenizas que porta la sonda y que pertenecen a una iniciativa privada, son un acto de "profanación". "Es crucial enfatizar que la Luna ocupa una posición sagrada en muchas culturas indígenas, incluida la nuestra", escribió Nygren. "El acto de depositar restos humanos y otros materiales, que podrían percibirse como descartes en cualquier otro lugar, en nuestro satélite equivale a la profanación de este espacio sagrado". Así, la comunidad pedía que se retrasase el lanzamiento de Peregrine hasta que se abordasen dichas cuestiones.
Sin embargo, la NASA descartó postergaciones, afirmando que la misión es un esfuerzo comercial privado y que la agencia espacial estadounidense tan solo ha contratado espacio para llevar su carga a la Luna. "No tenemos el marco para decirles qué cosas pueden y qué cosas no pueden volar", dijo Chris Culbert, gerente del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS) en el Centro Espacial Johnson de la NASA. "El proceso de aprobación no pasa por la NASA para misiones comerciales".
"Vamos a llevar siete naciones a la superficie de la luna, incluidos Reino Unido, México, Alemania, Hungría, Japón y Seychelles", señaló John Thornton, director ejecutivo de Astrobiotic. "Allá por 2014 hicimos nuestra primera venta comercial de carga útil, posiblemente una de las primeras del mundo; y, desde entonces, hemos estado recopilando clientes y creando el manifiesto para esta misión".
Este viaje es el primero dentro de la iniciativa Commercial Lunar Payload Services (CLPS) de la NASA, creada como forma de "subcontratación" en la que compañías privadas proyectan y construyen naves de carga con inversión de la NASA, si bien son las empresas las que operan los vuelos. Es, a pequeña escala, lo que ocurre con gigantes como SpaceX, cuya nave Crew Dragon hace de medio de transporte para los astronautas de la NASA a la Estación Espacial Internacional, además de vuelos para otras agencias y empresas privadas.
"Si eres un científico lunar, es posible que tengas que esperar toda tu carrera para tener la oportunidad de volar un instrumento en una misión planetaria", señaló Thornton. "CLPS y esta asociación con la NASA brindan la oportunidad a los científicos estadounidenses de tocar regularmente la superficie de la Luna, incluso varias veces durante sus carreras".
La nueva carrera espacial
En los últimos tiempos, EEUU fue testigo de los éxitos de la cada vez más competitiva China que, por ejemplo, conseguía por primera vez en la historia alunizar en la cara oculta; así como la caída de su rival histórico, Rusia, que estrellaba su nave en su último intento este verano; además, también ha visto la irrupción de nuevos protagonistas, como India. De hecho, en el camino se encontrará con la sonda japonesa Moon Sniper (que cuenta con colaboración europea), que fue enviada a la Luna el pasado mes de septiembre y que ya está insertada en la órbita de nuestro satélite, preparando para finales de enero su aterrizaje.
"A día de hoy, ninguna empresa privada ha logrado descender con éxito en la Luna", indicó Chris Culbert, director de proyectos de CLPS en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston. "Alunizar es un desafío técnico de enormes proporciones, particularmente porque los motores de los vehículos robóticos, los sistemas de navegación, las radios y otros muchos sistemas tienen que trabajar juntos para permitir un aterrizaje suave".
La transmisión del lanzamiento (que comenzará a las 3 de la mañana) podrá seguirse en directo por este canal de YouTube. (se abrirá una nueva ventana)













